Re: ¿CISMA O FE ? 1971-1972 (R.P. Saenz y Arriaga)
Publié : sam. 09 avr. 2022 10:23
VAMOS HACIA EL COMUNISMO
En la visita, que, al escribir este libro, todavía está haciendo Fidel Castro a la República de Chile, la prensa nos ha dado noticias reveladoras y sintomáticas, que nos están diciendo un estado irreversible, en un comunismo, que prometiendo la liberación del pueblo, la supresión de la pobreza, la igualdad social... está, en realidad, esclavizando a los mismos inconscientes que ciegamente colaboraron en levantar el cadalso de su desgracia irremediable.
El sanguinario jefe del comunismo cubano, que ha sembrado de llanto, de sangre, de dolor y de miseria a esa hermana República de Cuba, fue clamorosamente recibido por Allende y todos los integrantes del comunismo chileno. Allí estaba también Su Eminencia Raúl Cardenal Silva Henríquez, Primado de la comprometida Iglesia chilena. Ya la prensa nos había dicho que el dicho Arzobispo de Santiago, cuya ideología y peligrosidad son muy conocidas, desde los días turbulentos del Vaticano II, había celebrado con un "TE DEUM" ecuménico el triunfo electoral del comunismo en su país; triunfo que se debió a la traición de la Democracia Cristiana, a la actividad subversiva del Centro Belarmino de los jesuitas en Santiago, al numeroso clero revolucionario por ellos encabezado, indoctrinado y económicamente corrompido, y, sobre todo, gracias a los programas elaborados por los dirigentes dei CELAM y del mismo Vaticano.
Hay un fenómeno curioso que es conveniente tener presente: que esos curas redentores de las clases humildes, esos curas que se meten en política, esos curas que predican el evangelio de la justicia social, son los curas de automóvil propio, de viajes turísticos, de "humanos desahogos" en los "centros nocturnos"; son los curas que defienden y predican las ideas más avanzadas de las izquierdas, en los periódicos y revistas confesionalmente anticatólicas, como el periódico "EL DIA", las Revistas "SIEMPRE" y "EL Y ELLA", plagadas de desnudos provocativos, de sugerencias sexuales, de doctrinas demoledoras. Más pintoresco es todavía el fenómeno palpable de que esos curas son los que ponen en entredicho el celibato sacerdotal, los que discuten u oscurecen los privilegios y la excelsa dignidad de la Virgen Santísima, los que niegan el pecado original y, para ser exactos, "todos los pecados", excepción hecha del pecado comunitario de la "injusticia interhumana" o el pecado imperdonable del así llamado "antisemitismo"; son los curas que dejan poco claras, cuando no abiertamente heréticas las cosas relacionadas con la Divina Eucaristía, con la penitencia, con el sexto y nono mandamientos, etc., etc.
Desgraciadamente —y me duele en el alma decirlo, porque, al hablar de los malos hijos, parece que injurio a la que todavía considero mi madre— en América Latina, como en otras partes, son los jesuitas (no los genuinos hijos de San Ignacio, sino los arrupianos, los de la nueva ola) los que en Chile, como en Bolivía, como en México, son los instigadores, los que traen y llevan las consignas, los que están comprometidos, los que con culpa o sin culpa —¡Dios lo sabe!— tienen quizá la mayor responsabilidad en este drama de la Iglesia. Como ejemplo, voy a citar aquí una carta del P. Provincial de Chile a todos sus subditos, con motivo del triunfo de Allende:
1. Para nosotros debe ser un motivo de profunda alegría el hecho de que el grupo que ha obtenido la mayoría en las urnas prometa trabajar por el pueblo y por los pobres.
2. Seguramente, las nuevas estructuras económicas nos obligarán a una mayor austeridad y pobreza, lo cual debe ser para nosotros motivo cristiano de alegría. Si antes, tal vez por pereza, no fuimos capaces de llegar a esa austeridad evangélica, debemos alegrarnos de que ahora el Señor, por medio de las circunstancias, nos apremie a ello.
3. Nuestra actitud sincera debe ser de colaboración leal en todo lo que redunde en bien de los pobres y en la creación de una sociedad más justa. De ningún modo debemos aparecer como aliados con los que se opongan a estas transformaciones, muchas veces en defensa de sus intereses personales. Todo aumento de solidaridad humana es un avance cristiano hacia Cristo, así como todo egoísmo individualista es un retroceso hacia estructuras primitivas.
4. Por otra parte, no debemos caer en la ingenuidad adolescente de intentar subirnos al carro de la victoria, llegando a un compromiso con el nuevo poder, que limitará nuestra libertad de crítica. Es esencial que podamos sentirnos libres para estar en la "oposición' cuando el poder se haga injusto o clasista; es esencial que siempre podamos criticar a los que no cumplen sus promesas de trabajar por los más pobres, y defraudan así las esperanzas del pueblo. No es sólo en las dictaduras de derecha donde se necesita esa actitud de crítica cristiana.
5. En ese sentido, nuestra actitud, frente a un posible adoctrinamiento materialista, impuesto por el Estado, deberá ser de firme resistencia. Nos corresponde, a costa de cualquier peligro, defender los valores fundamentales del hombre y sus derechos. Hasta ahora, el grupo vencedor afirma que se respetarán esos valores y esos derechos.
6. Como temas muy concretos, quiero recordar lo siguiente respecto a los colegios y a la militancia política. Colegios: no pensamos defender ningún privilegio nuestro, ni mucho menos oponernos a reformas que nosotros mismos deseábamos. Defenderemos la libertad de enseñanza como derecho de los padres y procuraremos que todos nuestros colegios sean gratuitos, en la línea ya señalada antes por los documentos de la Compañía y que todavía no habíamos realizado plenamente. Militancia política: nuestra responsabilidad como ministros consagrados de la Palabra, es hacia todos los hombres y todos los grupos. Ni colaboración con los romanos, ni cabecillas del pueblo contra Pilatos. Servicio a todos, especialmente a los más pobres. Abanderarse políticamente en un partido, en vez de manifestar nuestra libertad de ciudadanos, limitaría nuestra libertad de sacerdotes. Comprometernos con todos, no abanderarnos con nadie.
7. Cuando hablemos con nuestros familiares y amigos, debemos devolverles la paz, exhortarles a la generosidad. Debemos animarles a que continúen en el país para ayudar a construir un nuevo Chile, más justo y más popular, dentro de una inspiración cristiana y verdadera" (De la Revista española ECCLESIA, 2 de enero 1971).
Si no tuviera yo seguridad de la autenticidad de esta carta, pensaría que un nuevo Pascal estaba conspirando contra el prestigio de la Orden Ignaciana; que las gravísimas acusaciones de Clemente XIV, en su famoso Breve "Dominus ac Redemtor", contra los jesuitas, por el cual la Compañía de Jesús fue suprimida, habían sido nuevamente formulados y que el documento, que literalmente cité antes, había salido, como LAS PROVINCIALES, como el Breve clementino, según lo que tantas veces escuché y leí, de los antros impenetrables de las logias masónicas.
Pero, no; desgraciadamente, no podemos dudar de la autenticidad de este documento, publicado en una Revista Oficial de la Acción Católica, poco tiempo después de la elección de Allende, el nuevo tiranuelo rojo, que en América Latina quiere establecer irreversiblemente la dictadura esclavizante y sangrienta del comunismo internacional. Es una carta oficial del R.P. Provincial de la Provincia Chilena de la Compañía de Jesús, dirigida a todos los Reverendos Padres y Carísimos Hermanos de su Provincia, para congratularse con ellos con "profunda alegría", por el hecho, ya histórico, del triunfo electoral del partido comunista. ¿No había acaso motivo de íntima y especial alegría para los jesuitas, que con su Centro Belarmino y con su ejemplar activismo habían secundado las consignas del CELAM, los acuerdos del P. Arrupe y de todos los Provinciales latinoamericanos y las sugerencias vaticanas?
CONTINUARÁ...