Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
El 27 de agosto envió su respuesta afirmativa el licenciado Mariano Alcocer al padre director de la Confederación Nacional de las Congregaciones Marianas.
La Sociedad de Jesús cumplía cuatro siglos de existencia ; cuatro siglos en los que la historia universal le debía no pocas y saludables interferencias. En sus inicios había sido ejército poderoso y disciplinado que se enfrentó a la Reforma protestante, y si no la dominó, por lo menos evitó que se apoderarse de importantes reductos católicos.*
Para celebrar en México el cuarto centenario del reconocimiento pontificio de la orden ignaciana, la Confederación Nacional de las Congregaciones Marianas, encabezada, como queda dicho, por el R. P. Joaquín Sáenz Arriaga, S. J., lanzó el proyecto de realizar un magno Congreso Nacional de las Congregaciones Marianas de la República Mexicana.
Aprobada esta iniciativa, el R. P. José María Altamirano y Bulnes, S. J., recibió el encargo de presidir el comité organizador de dicho evento, que quedó programado para la semana del 20 al 27 de abril de 1941.
Este congreso se reunía "en los momentos en que sucede en el mundo una de las más angustiosas crisis por las cuales ha pasado la humanidad —apuntó en su discurso la joven e inteligente congregante Josefina Muriel—; una de las más graves por la enorme trascendencia que sus implicaciones contienen y grave también porque sus convulsiones han adquirido proporciones universales."
Resulta consolador y a la vez alentador que, en medio de tal crisis en la que los valores humanos quedaban subordinados a los intereses materiales, un grupo representativo de cien mil congregantes marianos se entregase a la oración, al planteamiento del servicio al prójimo, a la predicación de la paz, del amor y de la fe única y verdadera.
* La Compañía de Jesús, como fue nombrada originalmente, surgió en la mente del vascuense Yñigo López de Recalde Oñaz y Loyola en 1522; t) adquirió forma en 1534. Cinco años empleó en organizarla. El papa Paulo III le otorgó su reconocimiento el 27 de septiembre de 1540 y, al cabo de una década, el 21 de julio de 1550, la confirmó solemnemente el pontífice Julio III.
En el proceso de organización, su fundador transmutó su nombre ampuloso en Ignacio de Loyola. Éste murió en Roma, a los 65 años de edad, en 1556. Fue beatificado en 1609 y canonizado en 1622.
La Sociedad de Jesús cumplía cuatro siglos de existencia ; cuatro siglos en los que la historia universal le debía no pocas y saludables interferencias. En sus inicios había sido ejército poderoso y disciplinado que se enfrentó a la Reforma protestante, y si no la dominó, por lo menos evitó que se apoderarse de importantes reductos católicos.*
Para celebrar en México el cuarto centenario del reconocimiento pontificio de la orden ignaciana, la Confederación Nacional de las Congregaciones Marianas, encabezada, como queda dicho, por el R. P. Joaquín Sáenz Arriaga, S. J., lanzó el proyecto de realizar un magno Congreso Nacional de las Congregaciones Marianas de la República Mexicana.
Aprobada esta iniciativa, el R. P. José María Altamirano y Bulnes, S. J., recibió el encargo de presidir el comité organizador de dicho evento, que quedó programado para la semana del 20 al 27 de abril de 1941.
Este congreso se reunía "en los momentos en que sucede en el mundo una de las más angustiosas crisis por las cuales ha pasado la humanidad —apuntó en su discurso la joven e inteligente congregante Josefina Muriel—; una de las más graves por la enorme trascendencia que sus implicaciones contienen y grave también porque sus convulsiones han adquirido proporciones universales."
Resulta consolador y a la vez alentador que, en medio de tal crisis en la que los valores humanos quedaban subordinados a los intereses materiales, un grupo representativo de cien mil congregantes marianos se entregase a la oración, al planteamiento del servicio al prójimo, a la predicación de la paz, del amor y de la fe única y verdadera.
* La Compañía de Jesús, como fue nombrada originalmente, surgió en la mente del vascuense Yñigo López de Recalde Oñaz y Loyola en 1522; t) adquirió forma en 1534. Cinco años empleó en organizarla. El papa Paulo III le otorgó su reconocimiento el 27 de septiembre de 1540 y, al cabo de una década, el 21 de julio de 1550, la confirmó solemnemente el pontífice Julio III.
En el proceso de organización, su fundador transmutó su nombre ampuloso en Ignacio de Loyola. Éste murió en Roma, a los 65 años de edad, en 1556. Fue beatificado en 1609 y canonizado en 1622.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Participaron los más preclaros talentos de la Compañía y laicos de insospechaba ortodoxia católica, entre otros el ingeniero Antonio Santa Cruz.
Con una sesión solemne, celebrada en el frontón México, lleno de bote en bote, se dio fin a esta memorable asamblea. Hablaron Alfonso Junco, Manuel Herrera y Lasso; el presbítero Gabriel Méndez Plantarte, célebre literato, declamó un poema dedicado a Nuestro caudillo :
"Ignacio de Loyola, Capitán esforzado de la [invencible Compañía que lleva el dulce nombre —nombre dulce y terrible— de ¡Jesús como insignia!"
La Comisión Directora del Congreso estuvo integrada por Francisco Robinson Bours, S. J., provincial de la Sociedad de Jesús en México; José María Altamirano y Bulnes, S. J., presidente de la Comisión ; Joaquín Sáenz 'Arriaga, S. J. director de la Confederación Nacional de las CC. MM.; Eduardo Iglesias, S. J. y José Antonio Romero, S. J. Grupo humano coherente y valioso del que fue, el padre Sáenz, el dínamo que produjo la energía para hacer caminar este exitoso congreso nacional.
Año tras año, en tiempos de cuaresma, solían enviar al celoso sacerdote a los lugares más necesitados de espiritualidad. Sabida era la fama que gozaban los jesuitas como educadores y como predicadores, ya que ambas cosas son la misma en la enseñanza del catecismo, guía seguro para llegar al cielo.
La espiritualidad del padre Sáenz se manifestaba en su encendida predicación, en sus tiernos consejos a los penitentes, en sus diáfanas explicaciones sobre la intrincada Teología.
Con una sesión solemne, celebrada en el frontón México, lleno de bote en bote, se dio fin a esta memorable asamblea. Hablaron Alfonso Junco, Manuel Herrera y Lasso; el presbítero Gabriel Méndez Plantarte, célebre literato, declamó un poema dedicado a Nuestro caudillo :
"Ignacio de Loyola, Capitán esforzado de la [invencible Compañía que lleva el dulce nombre —nombre dulce y terrible— de ¡Jesús como insignia!"
La Comisión Directora del Congreso estuvo integrada por Francisco Robinson Bours, S. J., provincial de la Sociedad de Jesús en México; José María Altamirano y Bulnes, S. J., presidente de la Comisión ; Joaquín Sáenz 'Arriaga, S. J. director de la Confederación Nacional de las CC. MM.; Eduardo Iglesias, S. J. y José Antonio Romero, S. J. Grupo humano coherente y valioso del que fue, el padre Sáenz, el dínamo que produjo la energía para hacer caminar este exitoso congreso nacional.
Año tras año, en tiempos de cuaresma, solían enviar al celoso sacerdote a los lugares más necesitados de espiritualidad. Sabida era la fama que gozaban los jesuitas como educadores y como predicadores, ya que ambas cosas son la misma en la enseñanza del catecismo, guía seguro para llegar al cielo.
La espiritualidad del padre Sáenz se manifestaba en su encendida predicación, en sus tiernos consejos a los penitentes, en sus diáfanas explicaciones sobre la intrincada Teología.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
En febrero de 1940 y en marzo de 1941 llegó al puerto de Tampico, y en la catedral participó en las series de ejercicios espirituales ofrecidas a la población. Su naciente celebridad atraía principalmente a los jóvenes.
Los niños, una vez que le conocían, revoloteaban a su rededor como palomas obedientes a su llamado.
Cientos de criaturas acudían a escuchar al bondadoso padre que hacía llegar, a sus corazones, mensajes indescifrables de bondad.
Entre aquellos centenares de niños y niñas se encontraba una chiquilla de escasos once años de edad, dotada de talento nada común, de gran receptividad y profunda vocación religiosa que su innata inspiración traducía en místicos poemas. Esta niña, que habría de destacar desde su temprana madurez en el mundo de las letras castellanas, sintióse sobrecogida de admiración y, en su libreta escolar, escribió unos versos dedicados "con gratitud y respeto al padre Sáenz".
Su belleza conceptual, sus metáforas vigorosas, su ritmo y su delicadeza no sólo descubren el dominio del verbo en esta precoz poetisa, sino que revelan cuán hondo caló en ella, y supuestamente en todos los niños, la franciscana predicatión del padre Sáenz :
Pasas por el jardín de nuestra vida como un arroyo que al regar las flores esmalta sus pétalos de mil colores...
En ti van a beber los ruiseñores que cansados prosiguen su camino, y esperan en tus aguas cristalinas recobrar las fuerzas que han perdido ..
Eres cual el brillante sol de primavera que derrama su luz en la pradera
y ayuda así a fecundar la tierra, y eres en la tormenta de las almas el arco iris que la nube ahuyenta
y nos anuncia el fin de la tormenta.
Y haciendo tanto bien en nuestras almas tú no esperas ninguna recompensa,
mas Dios te premiará en su gloria inmensa.
29 de febrero de 1940
Los niños, una vez que le conocían, revoloteaban a su rededor como palomas obedientes a su llamado.
Cientos de criaturas acudían a escuchar al bondadoso padre que hacía llegar, a sus corazones, mensajes indescifrables de bondad.
Entre aquellos centenares de niños y niñas se encontraba una chiquilla de escasos once años de edad, dotada de talento nada común, de gran receptividad y profunda vocación religiosa que su innata inspiración traducía en místicos poemas. Esta niña, que habría de destacar desde su temprana madurez en el mundo de las letras castellanas, sintióse sobrecogida de admiración y, en su libreta escolar, escribió unos versos dedicados "con gratitud y respeto al padre Sáenz".
Su belleza conceptual, sus metáforas vigorosas, su ritmo y su delicadeza no sólo descubren el dominio del verbo en esta precoz poetisa, sino que revelan cuán hondo caló en ella, y supuestamente en todos los niños, la franciscana predicatión del padre Sáenz :
Pasas por el jardín de nuestra vida como un arroyo que al regar las flores esmalta sus pétalos de mil colores...
En ti van a beber los ruiseñores que cansados prosiguen su camino, y esperan en tus aguas cristalinas recobrar las fuerzas que han perdido ..
Eres cual el brillante sol de primavera que derrama su luz en la pradera
y ayuda así a fecundar la tierra, y eres en la tormenta de las almas el arco iris que la nube ahuyenta
y nos anuncia el fin de la tormenta.
Y haciendo tanto bien en nuestras almas tú no esperas ninguna recompensa,
mas Dios te premiará en su gloria inmensa.
29 de febrero de 1940
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Al asiguiente, a la vuelta del padre, repitió aquella niña sus ejercicios espirituales y, en esta ocasión, no una sino dos poesías dedicó al sacerdote que le inspiraba "una gran confianza para hablarle de (sus) experiencias y deseos interiores. . . "
"El me iluminó en muchos aspectos y me afirmó en determinaciones fundamentales que influyeron en toda mi vida posterior", recuerda Gloria Riestra a continuación de las copias que de sus extraordinarias poesías me envió ; poesías y conceptos, vale recalcarlo, elaborados por una pequeñita de 11 años.
El testimonio de esta gran mujer es uno de los muchos que podría citar a lo largo de la existencia del hombre que, frente a la adversidad, frente al desprecio de sus propios hermanos en la fe, al igual que en medio de bonanzas en su celebridad, permaneció fiel a su vocación sacerdotal.
La imagen adusta del padre a pocos engañaba ; tras su gesto austero se descubría su innata bondad, su permanente deseo de agradar. Los niños lo querían, los jóvenes sentíanse comprendidos por él, los adultos le respetaban y confiaban en su autenticidad humana, en su dignidad sacerdotal.
"El me iluminó en muchos aspectos y me afirmó en determinaciones fundamentales que influyeron en toda mi vida posterior", recuerda Gloria Riestra a continuación de las copias que de sus extraordinarias poesías me envió ; poesías y conceptos, vale recalcarlo, elaborados por una pequeñita de 11 años.
El testimonio de esta gran mujer es uno de los muchos que podría citar a lo largo de la existencia del hombre que, frente a la adversidad, frente al desprecio de sus propios hermanos en la fe, al igual que en medio de bonanzas en su celebridad, permaneció fiel a su vocación sacerdotal.
La imagen adusta del padre a pocos engañaba ; tras su gesto austero se descubría su innata bondad, su permanente deseo de agradar. Los niños lo querían, los jóvenes sentíanse comprendidos por él, los adultos le respetaban y confiaban en su autenticidad humana, en su dignidad sacerdotal.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Para conmemorar el cuarto centenario de su fundación, la ciudad de Mérida se aprestaba a celebrar el Primer Congreso Eucarístico Arquidiocesano, convocado por Su Excelencia, doctor Martín Tritschler Córdoba, arzobispo de Yucatán, los días 25 al 30 de noviembre de 1942.
Al señor Arzobispo no le alcanzó la vida para ver realizado su piadoso proyecto, pues Dios lo llamó a la eternidad diez días antes de la inauguración del Congreso, que se realizó conforme a los planes por él programados.
Entre los encumbrados monseñores que asistieron se encontraba los padres Joaquín Sáenz y Julio Vértiz.
El director de la Confederación de las Congregaciones Marianas escribió en Sodálitas, número correspondiente a enero de 1943 :
"Una circunstancia especialísima vino a hacer todavía más inolvidable mi estancia en Mérida: la inesperada y sentidísima muerte del Exmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Dr. D. Martín Tritschler y Córdova. Describir aquí aquella imponente, grandiosa y espontánea manifestación de duelo, sería del todo imposible. Yo no he visto cosa semejante en ninguna parte.
Todos los espectáculos públicos se suprimieron el día de la muerte del Señor, el comercio cerró sus puertas, toda las casas ostentaban en sus puertas la señal de duelo, y el pueblo en masa, durante cuatro días, estuvo rindiendo sus tributos de aprecio, de gratitud, de cariño filial y de dolor profundo al Padre y Pastor, que durante cuarenta y dos años gobernó la Arquidiócesis yucateca."
Eran tiempos de respeto y veneración hacia los guías espirituales — que no políticos — de nuestro pueblo.
Al señor Arzobispo no le alcanzó la vida para ver realizado su piadoso proyecto, pues Dios lo llamó a la eternidad diez días antes de la inauguración del Congreso, que se realizó conforme a los planes por él programados.
Entre los encumbrados monseñores que asistieron se encontraba los padres Joaquín Sáenz y Julio Vértiz.
El director de la Confederación de las Congregaciones Marianas escribió en Sodálitas, número correspondiente a enero de 1943 :
"Una circunstancia especialísima vino a hacer todavía más inolvidable mi estancia en Mérida: la inesperada y sentidísima muerte del Exmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Dr. D. Martín Tritschler y Córdova. Describir aquí aquella imponente, grandiosa y espontánea manifestación de duelo, sería del todo imposible. Yo no he visto cosa semejante en ninguna parte.
Todos los espectáculos públicos se suprimieron el día de la muerte del Señor, el comercio cerró sus puertas, toda las casas ostentaban en sus puertas la señal de duelo, y el pueblo en masa, durante cuatro días, estuvo rindiendo sus tributos de aprecio, de gratitud, de cariño filial y de dolor profundo al Padre y Pastor, que durante cuarenta y dos años gobernó la Arquidiócesis yucateca."
Eran tiempos de respeto y veneración hacia los guías espirituales — que no políticos — de nuestro pueblo.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Al llegar la cuaresma de 1943, el Padre ocupóse, corno en años anteriores, de impartir Ejercicios Espirituales y visitar las Congregaciones Marianas del interior. Estuvo en Huiramba, Michoacán; y, de regreso a México, pasó por la ciudad de Morelia, donde vivía su tío y homónimo, deán de la Catedral quien, por sus virtudes, monseñor Luis María Martínez, arzobispo de México, había escogido como su confesor.
Joaquín llegó aquella noche a Morelia y visitó a su tío. Monseñor Sáenz Arciga le hizo ver lo inconveniente y dificultoso de partir a las diez de la noche a México, pero el sobrino se empecinó : tenía urgencia de presentarse a primera hora, y en compañía de dos muchachos regiomontanos, alquiló un auto de sitio. A las 11 p.m. emprendieron el viaje difícil y expuesto por lo muy accidentado de la carretera.
Al llegar al paraje conocido como Mil Cumbres, en el que una curva pronunciada desemboca en otra más aguda, el conductor perdió el dominio del auto y cayeron en una hondonada. Milagrosamente salieron ilesos los compañeros del padre y el chofer, no así don Joaquín que sufrió golpes y cortadas, algunas en la cabeza que al sangrar dábanle aspecto impresionante. A las 4 de la madrugada estaban todos de regreso en Morelia.
El padre fue internado en el Hospital General. Su urgencia se le convirtió en retraso para integrarse a una nueva responsabilidad. Su visita a México la hizo, días después, en compañía de un jesuita y una dama apellidada De la Torre, que se prestó voluntariamente a cuidarlo.
Joaquín llegó aquella noche a Morelia y visitó a su tío. Monseñor Sáenz Arciga le hizo ver lo inconveniente y dificultoso de partir a las diez de la noche a México, pero el sobrino se empecinó : tenía urgencia de presentarse a primera hora, y en compañía de dos muchachos regiomontanos, alquiló un auto de sitio. A las 11 p.m. emprendieron el viaje difícil y expuesto por lo muy accidentado de la carretera.
Al llegar al paraje conocido como Mil Cumbres, en el que una curva pronunciada desemboca en otra más aguda, el conductor perdió el dominio del auto y cayeron en una hondonada. Milagrosamente salieron ilesos los compañeros del padre y el chofer, no así don Joaquín que sufrió golpes y cortadas, algunas en la cabeza que al sangrar dábanle aspecto impresionante. A las 4 de la madrugada estaban todos de regreso en Morelia.
El padre fue internado en el Hospital General. Su urgencia se le convirtió en retraso para integrarse a una nueva responsabilidad. Su visita a México la hizo, días después, en compañía de un jesuita y una dama apellidada De la Torre, que se prestó voluntariamente a cuidarlo.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
El domingo 9 de mayo se conmemoró el Día Mundial de las Congregaciones Marianas. En el antiguo templo de San Francisco, que ocupaban los padres ignacianos, se celebró una misa solemne. Sáenz Arriaga, aunque maltrecho y adolorido, reapareció en esta ceremonia para dar la bendición con el Santísimo.
Algún run run andaría ya en los mentideros de la Orden pues don Joaquín recibió ese día un telegrama, suscrito por numerosas corporaciones religiosas de Guadalajara, brindándole su adhesión al "digno cargo" que ocupaba en las Congregaciones Marianas.
Don Joaquín era hombre de ideas firmes, pero a la vez asequible a sujetos de distinto modo de pensar aun en cuestiones de fe, lo cual explica las buenas relaciones que cultivó con personas de alta significación política. Con su paisano Lázaro Cárdenas, situado en las antípodas de su pensamiento, supo hacerse apreciar, en justa reciprocidad al respeto que él mostró a su alta investidura presidencial.
Algún run run andaría ya en los mentideros de la Orden pues don Joaquín recibió ese día un telegrama, suscrito por numerosas corporaciones religiosas de Guadalajara, brindándole su adhesión al "digno cargo" que ocupaba en las Congregaciones Marianas.
Don Joaquín era hombre de ideas firmes, pero a la vez asequible a sujetos de distinto modo de pensar aun en cuestiones de fe, lo cual explica las buenas relaciones que cultivó con personas de alta significación política. Con su paisano Lázaro Cárdenas, situado en las antípodas de su pensamiento, supo hacerse apreciar, en justa reciprocidad al respeto que él mostró a su alta investidura presidencial.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Aunque don Lázaro no gozaba de generales simpatías, es un hecho que entre los michoacanos alcanzó franca y leal estimación, sin que sus coterráneos se sintiesen, por ello, cohibidos para hacerle cuantas reclamaciones y observaciones juzgaban necesarias.
El padre también llevó cordiales relaciones con el general Manuel Avila Camacho, durante el tiempo que ocupó la presidencia de México, y más aún con su discreta y fina esposa, doña Soledad Orozco de Avila Camacho. El siguiente episodio recoge el grado de confianza que gozaba don Joaquín con la familia del Presidente.
A las 10 de la mañana del día 10 de abril de 1944, a los acordes de la Marcha de Honor descendía el general Avila Camacho de su automóvil en el patio del Palacio Nacional. Al acercarse al elevador que lo llevaría a su despacho, el teniente del Ejército, Antonio de la Lama Rojas, se cuadró frente al Primer Magistrado y, acto continuo, sacó su pistola y le disparó un tiro, que rozó la epidermis de don Manuel.
El teniente fue desarmado y hecho prisionero. Lo llevaron al cuartel del 69 Regimiento de Caballería y, dizque al querer huir, uno de sus custodios lo hirió de un balazo. Fue conducido al Hospital Militar y, al cabo de dos días, murió, no sin antes ser asistido espiritualmente por el padre Sáenz Arriaga.
El padre también llevó cordiales relaciones con el general Manuel Avila Camacho, durante el tiempo que ocupó la presidencia de México, y más aún con su discreta y fina esposa, doña Soledad Orozco de Avila Camacho. El siguiente episodio recoge el grado de confianza que gozaba don Joaquín con la familia del Presidente.
A las 10 de la mañana del día 10 de abril de 1944, a los acordes de la Marcha de Honor descendía el general Avila Camacho de su automóvil en el patio del Palacio Nacional. Al acercarse al elevador que lo llevaría a su despacho, el teniente del Ejército, Antonio de la Lama Rojas, se cuadró frente al Primer Magistrado y, acto continuo, sacó su pistola y le disparó un tiro, que rozó la epidermis de don Manuel.
El teniente fue desarmado y hecho prisionero. Lo llevaron al cuartel del 69 Regimiento de Caballería y, dizque al querer huir, uno de sus custodios lo hirió de un balazo. Fue conducido al Hospital Militar y, al cabo de dos días, murió, no sin antes ser asistido espiritualmente por el padre Sáenz Arriaga.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
Para ayudar a las muchachas estudiantes, además de la JCFM se creó la Unión Femenina de Estudiantes Católicas, a iniciativa del padre José Mier y Terán, S. J., quien asumió la total responsabilidad de esta naciente asociación.
Inauguró los trabajos el día 12 de octubre de 1935. En la asamblea constitutiva resultó electa primera presidenta la joven María de los Ángeles Cosío. Sucediéronla en el cargo, posteriormente, María Angelina Servín de la Mora, Delfina Esmeralda López Sarralangue, Emma Verduzco Ve-larde y, la última, Carmen Aguayo.
Para un buen observador no pasará inadvertida la preocupación de la Compañía por dirigir a la juventud que habría de ser fermento de la sociedad futura. La aparente repetición de instituciones afines se explica por la divergencia de los medios sociales y económicos de sus miembros.
Mier y Terán murió el 30 de diciembre de 1942. Su obra había alcanzado sólido crecimiento y, para sucederle en tan delicada dirección espiritual y material, la Sociedad de Jesús designó al R. P. Joaquín Sáenz Arriaga quien atendía a la vez, como hemos visto, el Secretariado Nacional de las Congregaciones Marianas.
El padre estaba en permanente comunicación con todos los grupos de esta sociedad, almácigo de vocaciones y excelente escuela de vida religiosa para laicos creada por la Compañía de Jesús. Su prolongada permanencia en este cargo da la medida de su capacidad y su dedicación, virtudes que fueron aprovechadas para extender su fecunda actividad, durante cinco años, es decir, desde la muerte del padre Mier y Terán, al frente de la UFEC.
Inauguró los trabajos el día 12 de octubre de 1935. En la asamblea constitutiva resultó electa primera presidenta la joven María de los Ángeles Cosío. Sucediéronla en el cargo, posteriormente, María Angelina Servín de la Mora, Delfina Esmeralda López Sarralangue, Emma Verduzco Ve-larde y, la última, Carmen Aguayo.
Para un buen observador no pasará inadvertida la preocupación de la Compañía por dirigir a la juventud que habría de ser fermento de la sociedad futura. La aparente repetición de instituciones afines se explica por la divergencia de los medios sociales y económicos de sus miembros.
Mier y Terán murió el 30 de diciembre de 1942. Su obra había alcanzado sólido crecimiento y, para sucederle en tan delicada dirección espiritual y material, la Sociedad de Jesús designó al R. P. Joaquín Sáenz Arriaga quien atendía a la vez, como hemos visto, el Secretariado Nacional de las Congregaciones Marianas.
El padre estaba en permanente comunicación con todos los grupos de esta sociedad, almácigo de vocaciones y excelente escuela de vida religiosa para laicos creada por la Compañía de Jesús. Su prolongada permanencia en este cargo da la medida de su capacidad y su dedicación, virtudes que fueron aprovechadas para extender su fecunda actividad, durante cinco años, es decir, desde la muerte del padre Mier y Terán, al frente de la UFEC.
Re: Vida del Padre Joaquin Saenz y Arriaga
En 1947 fue relevado por el padre David Mayagoitia, S. J., cuyo pensamiento social discrepaba sustancialmente del suyo.
Nunca dejó ociosa su pluma y, en aquel tiempo dio a las prensas su obra intitulada Donde está Pedro, está la Iglesia,21 que demuestra su fidelidad al Papado, piedra clave de la Iglesia romana. Este libro resulta un mentís anticipado a las calumnias de aquellos a quienes interesaba confundir la institución con la persona para acusarlo de herejía.
Es preciso subrayar cómo, a partir de 1944 hasta 1952, van siendo sustituidos los antiguos jesuitas, de formación teológica sólida, preparados y competentes directores de la juventud, por nuevos elementos precursores del desastre progresista en el que caería este instituto religioso que tanto bien hizo a las almas y que ahora parece empeñado, no sólo en negar su brillante pretérito, sino en destruir lo que sus inmediatos predecesores hicieron en bien de la religión y de la patria.
Acababa de terminar la guerra mundial y, en 1946, se realizó en España un congreso de las Congregaciones Marianas, al que asistió el carismático jesuita que estaba al frente de dicha institución en México. Algunos congresistas hicieron una excursión al Escorial y luego al Valle de los Caídos. Las obras de la basílica estaban en sus inicios, más avanzadas las de la Hospedería y Centro de Estudios. El proyecto general del monumento evidenciaba su grandiosidad.
No faltó algún compatriota impregnado del espíritu utilitario y laico de las generaciones educadas en "el concepto racional y exacta del Universo", que externase esta opinión :
— Parece mentira que se haya gastado tanto dinero para hacer este monumento, que estaría bien en otros tiempos, pero no después de una guerra.
El padre Sáenz se volvió al que hacía tal comentario y le replicó :
— Para entender esta paradoja se necesita ser católico y español.
Esta grandiosa basílica, coronada con una cruz colosal, no sería la tumba del soldado desconocido, sino justo tributo a la memoria de quienes, en defensa de Dios y de la patria, hicieron desinteresada entrega del mayor y más
rico patrimonio del hombre : la vida.
El activo jesuita dirigió el Secretariado y la Confederación Nacional de las Congregaciones Marianas desde el año 1939 al de 1947.
Nunca dejó ociosa su pluma y, en aquel tiempo dio a las prensas su obra intitulada Donde está Pedro, está la Iglesia,21 que demuestra su fidelidad al Papado, piedra clave de la Iglesia romana. Este libro resulta un mentís anticipado a las calumnias de aquellos a quienes interesaba confundir la institución con la persona para acusarlo de herejía.
Es preciso subrayar cómo, a partir de 1944 hasta 1952, van siendo sustituidos los antiguos jesuitas, de formación teológica sólida, preparados y competentes directores de la juventud, por nuevos elementos precursores del desastre progresista en el que caería este instituto religioso que tanto bien hizo a las almas y que ahora parece empeñado, no sólo en negar su brillante pretérito, sino en destruir lo que sus inmediatos predecesores hicieron en bien de la religión y de la patria.
Acababa de terminar la guerra mundial y, en 1946, se realizó en España un congreso de las Congregaciones Marianas, al que asistió el carismático jesuita que estaba al frente de dicha institución en México. Algunos congresistas hicieron una excursión al Escorial y luego al Valle de los Caídos. Las obras de la basílica estaban en sus inicios, más avanzadas las de la Hospedería y Centro de Estudios. El proyecto general del monumento evidenciaba su grandiosidad.
No faltó algún compatriota impregnado del espíritu utilitario y laico de las generaciones educadas en "el concepto racional y exacta del Universo", que externase esta opinión :
— Parece mentira que se haya gastado tanto dinero para hacer este monumento, que estaría bien en otros tiempos, pero no después de una guerra.
El padre Sáenz se volvió al que hacía tal comentario y le replicó :
— Para entender esta paradoja se necesita ser católico y español.
Esta grandiosa basílica, coronada con una cruz colosal, no sería la tumba del soldado desconocido, sino justo tributo a la memoria de quienes, en defensa de Dios y de la patria, hicieron desinteresada entrega del mayor y más
rico patrimonio del hombre : la vida.
El activo jesuita dirigió el Secretariado y la Confederación Nacional de las Congregaciones Marianas desde el año 1939 al de 1947.
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