Re: ¡APÓSTATA! (1971) por el Rev. P. Joaquín SÁENZ Y ARRIAGA
Publié : mer. 13 oct. 2021 13:24
Ni Pío XII escapa a la crítica mordaz de este impúdico jesuita. "La negación, que Pío XII hizo, del derecho natural de participación obrera en las ganancias, en la gestión y en la propiedad, apela a la naturaleza del contrato salarial y a la naturaleza de la empresa, que no es de derecho público, sino de derecho privado. Pero evidentemente está suponiendo que los proletarios acceden libremente al contrato salarial y que la propiedad privada del capital y medios de producción, en que consiste la empresa, fue adquirida legítimamente". Estas son las pruebas, sin prueba alguna, que el prodigioso Miranda y de la Parra supone para condenar el régimen salariado: Ningún capital de la empresa es legítimo; todos son fruto del robo. Los obreros nunca son libres para celebrar su contrato de trabajo.
Sobre su primera afirmación, además de los argumentos ya antes expuestos, me parece que podríamos también argumentar ad hominem: ¿Cómo tiene la Compañía de Jesús esa Universidad Iberoamericana, tan suntuosa, tan rica; cómo posee esos colegios ostentosos; cómo cobra, contra lo que dicen sus Constituciones, esas elevadas mensualidades a sus alumnos? Porque San Ignacio, si mal no recuerdo, dice: "Todos se acuerden de dar gratis lo que gratis recibieron, no demandando, ni aceptando estipendio alguno...". Pero, los jesuitas de la "nueva ola" son celosísimos, no de la mayor gloria de Dios, sino de las pingües ganancias, que su apostolado negocio les concede. Si un alumno no paga su colegiatura, no tiene derecho a examen; algunas veces es impedido de asistir a sus clases, hasta que liquide lo que debe. Esta es para José Porfirio y para sus camaradas la mayor gloria de Dios y el apostolado de la "justicia social", que les da automóvil personal, renta de apartamentos, dinero para ir al cine y a los centros nocturnos de diversión. José Porfirio, fiel a su vocación religiosa, a su voto de pobreza y a su espíritu ignaciano, tiene buen cuidado de estampar en su libro: "Derechos reservados por el autor".
En cuanto a la segunda prueba o afirmación, que nos da Miranda y de la Parra, para rechazar, como intrínsecamente malo el régimen de salariado, como él lo denomina, también creo que podemos refutarla arguyendo ad hominem: ¿Por ventura no tiene la Santa Compañía, en sus Colegios de paja, innumerables profesores, asalariados y aún gratuitos, que son los que llevan el pondus diei et aestus, el peso del día y del calor? Yo conocí un colegio de primaria, que se decía de jesuitas, en el que todas las profesoras eran gentiles señoritas, vestidas y pintadas a la moda, dirigidas por el P. Rector, que colectaba las colegiaturas y pagaba —las mujeres se contentan con poco— los salarios exiguos, que daban amplia ganancia a los Reverendos, para tener dos camionetas flamantes, pagar a la Provincia sus mensualidades y poder pasar alegres vacaciones en los mejores hoteles de los puertos.
Yo no entiendo a estos apóstoles de la justicia social, que, aunque ahora se disfracen de obreros, saben administrar sus cuantiosos bienes; ahorrar cuanto pueden con sus sirvientes y vivir como grandes señores. José Porfirio escribe: "En el sistema teológico-filosófico de Occidente... el problema social es nuevo". Fue necesario, pienso yo, que el Vaticano II diese amplia libertad de conciencia a los modernos "apóstoles de la justicia social", como los jesuitas de la "nueva ola", para que la Iglesia despertase de su letargo, diese el viraje hacia el comunismo y comprendiese, al fin, sus errores pasados, y que las enseñanzas de la Biblia coinciden con las de Karl Marx, no porque la Biblia haya inspirado a Marx, sino porque Marx vio más allá de las enseñanzas de la Biblia.
CONTINUARÁ...