La doctrina de este artículo prepara el camino para los dos siguientes, que son clarísimos y llenos también de consecuencias prácticas, lo van a ver ustedes ahora mismo.
Segundo artículo: Si Dios ama todas las cosas por igual.
Santo Tomás dice que sí y también dice que no. Ya verán en qué forma sí y en que forma no. Qué profundo también, qué sencillo y qué práctico. Escuchen, hijas mías, he aquí la respuesta de Santo Tomás tan clara y evidente que no necesita explicación ni comentario alguno. Yo me limito a copiar las palabras del Doctor Angélico, después hago un pequeño comentario pero tan claro está lo que dice el santo que ya no tengo que añadir nada más. Escuchen:
"Como amar es querer el bien para alguien, que una cosa se ame más o menos puede suceder de dos maneras: una, por parte del acto de la voluntad que ama, que puede ser más o menos intenso, y en este modo, Dios no ama más unas cosas que otras, porque lo ama todo con un simple acto de voluntad que no varía jamás y es infinito. Dios no puede amar más que infinitamente porque Él es infinito. -Dios no puede amar finitamente, no puede; decimos que Dios es omnipotente, y ciertamente lo es, pero para ciertas cosas, para otras no, porque Dios, por ejemplo, no puede pecar, ni tampoco puede hacer un acto finito, no puede; o hace un acto infinito o no puede actuar, porque es que no tiene otra manera de ser, tiene que hacer las cosas a la manera infinita como Él es, para que vean ustedes cómo son las cosas, todo Dios es infinito y no puede hacer un acto infinito-. Por consiguiente, por parte de la voluntad de Dios, todo lo que ama lo ama infinitamente, por parte de la voluntad, pero atención, que no solamente hay que tener en cuenta por parte de la voluntad, sino también por parte de la cosa querida, y por parte de la cosa querida, por parte del bien que se quiere para el amado, y en este sentido, amamos más a aquél para quien queremos mayor bien, aunque la intensidad del querer sea la misma. Así pues, es necesario decir que de este modo, Dios ama unas cosas más que otras, porque como su amor es causa de la bondad de los seres, no habría unos mejores que otros si Dios no quisiese a unos más que a otros porque serían todos iguales."
¡Está clarísimo! Si hay unos que son mejores que otros, es porque Dios les ama más, porque les ha dado más, si no no serían mejores, seríamos todos iguales. De manera que por parte del acto de la voluntad tal como sale de Dios, es infinitamente para todos, no puede serlo de otra manera, pero por parte del bien que Dios desea a éste y al de más allá, desea cosas distintas y diferentes, a unos más y a otros menos. ¿Por qué? Pues miren ustedes, porque le da la gana. No hay una razón para esto. A uno Dios le dio cinco talentos, al otro dos y al otro le dio uno porque Él quiso. Ya está. Pero que Dios le dio a unos cinco, a otros dos y otros uno, esto es ciertamente evidente. Amando infinitamente a todos, porque Dios no puede amar de otra manera, pero dándoles cosas distintas, porque lo quiere Dios así. Sus razones infinitas tendrá, claro, pero no las sabemos. Fíjense si esto repercute en la predestinación. ¿Por qué Pedro sí y Judas no? Santo Tomás resuelve el problema con una serenidad tremenda: "Esto depende sencillamente de la Voluntad de Dios." Se acabó. No sabemos nada más. Pero Dios quiere distintas cosas y a unos más y a otros menos, sin duda alguna. Ya verán las consecuencias que vamos a sacar de todo esto.
Este artículo, simple corolario del anterior, es de importancia decisiva para las cuestiones de la gracia y la predestinación. Lleva de la mano, inevitablemente, a la eficacia intrínseca de la gracia y no por el consentimiento de la criatura, la cual no puede por sí misma producir el bien, independientemente de la divina moción, y a la predestinación enteramente gratuita, antes de la previsión de los méritos del predestinado. Son tesis capitales de la escuela tomista. La predestinación es gratuita. Dios predestina al que quiere. Pero cuidado, ¿significa esto que Dios predestina a alguno para que vaya al infierno? ¡Jamás! Eso es una herejía condenada por la Iglesia. Dios no predestina a nadie para el infierno. Pero a unos los predestina infaliblemente para el Cielo y esos no fallarán. A los que eligió, los justificó. Eso no fallará. Lo otro fallará por culpa de los pecadores, no por culpa de Dios, porque la predestinación para el infierno no existe, eso es una herejía condenada por la iglesia. Pero de hecho, se condenarán muchos por su propia cuenta y razón, y Dios lo permitirá, por un decreto insondable que nosotros no podemos sospechar. "Esto depende sencillamente de la Voluntad de Dios."
Pero ustedes, hijas mías, duerman a pierna suelta, porque tienen seis razones de la esperanza segurísima. ¡Están predestinadas! Si no estuviesen predestinadas, no se salvarían, por culpa de ustedes se condenarían. Pero están predestinadas, tranquilas. Tienen seis argumentos aplastantes. Si aquello no les convenció, ya no les convencerá nada. Aplastante. Qué maravilla es la providencia de Dios, qué maravilla...
CONTINUARÁ... (56:20)