“La religión católica destruirá a la religión protestante, después los católicos se volverán protestantes”. Montesquieu
“Una forma todavía desconocida de religión (…) se halla en vías de germinar en el corazón del Hombre moderno,
en el surco abierto por la idea de Evolución”. Teilhard de Chardin
“La felicidad que hay en decir misa no se comprenderá más que en el cielo” El santo cura de Ars
INTRODUCCIÓN
El 11 de mayo de 1970 el cardenal Gut, prefecto de la Congregación para el culto divino, presentaba a Paulo VI el nuevo Missale Romanum.
Un mes antes, el 10 de abril, el "Soberano Pontífice" recibió a los cardenales, obispos, expertos y observadores no católicos que habían participado en la última reunión del "Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la liturgia". Los felicitó por haber llevado a buen término su tarea, sobre todo en lo referente a la misa. Documentation catholique del 3 de mayo reprodujo el texto de la alocución pontificia y,como para ilustrar el sentido de la reforma realizada, publicaba en la tapa la fotografía de los seis observadores no católicos en compañía del "Papa". A la derecha de éste, el Hno. Max Thurian, de la comunidad de Taizé, se destacaba por su largo hábito monacal cuya blancura rivalizaba con la del sucesor de Pedro.
Al frente del Missale Romanum figura un decreto fechado el 26 de marzo de 1970 y firmado por Benno card. Gut y A. Bugnini, prefecto y secretario, respectivamente, de la Congregación para el culto divino.
El decreto es breve: apenas dos párrafos. El primero promulga el Misal: —“hanc editionem Missalis Romani ad normam decretorum Concilii Vaticani II confectam promulgat...” El segundo fija las fechas para que entre en vigor. En lo que se refiere a la misa en latín, se tiene el derecho (no la obligación) de utilizarla a partir de la publicación del volumen: “Ad usum autem novi Missalis Romani quod attinet, permittitur ut editio latina, statim ac in lucem edita fuerit, in usum assumi possit...”. Con respecto a la misa en “lengua vernácula”, las Conferencias Episcopales decidirán, después de la aprobación de las ediciones por la Santa Sede: “curae autem Conferentiarum Episcopalium committitur editiones linguavernacula apparare, atque diem statuere, quo eaedem editiones, ab Apostolica Sede rite con firmatae, vigere incipiant”.
Todo está perfectamente claro.
De aquí en adelante hay:
1) La misa tradicional, llamada misa de San Pío V, que es la misa normal, en latín;
2) La nueva misa, que está permitido rezar en latín, de ahora en adelante;
3) La nueva misa que podrá ser rezada en francés (para nuestro país) una vez que la Conferencia Episcopal haya fijado la fecha de su entrada en vigor, después que su edición (es decir, su traducción y su presentación) haya sido autorizada debidamente por la Santa Sede.
El católico de buena voluntad que lea estas líneas abrirá grandes los ojos: "¡Pero si es todo lo contrario de lo que sucede!". Ah, sí. No hago más que darles a conocer el decreto más reciente y el más oficial, el mismo que está incorporado al Missale Romanum y que declara in fine: “Contrariis quibuslibet minime obstantibus”.
"Sin embargo, ¿la nueva misa en francés debe tener autorización?". Sí, por cierto, y no sólo debe ser autorizada sino también fomentada, recomendada, impuesta, porque a ese respecto el "sentido (muy reciente) de la Historia (litúrgica)" no deja lugar a dudas y va acompañado por una oleada de textos oficiales y oficiosos.
Pues bien, ¿a dónde vamos a parar?
Ese interrogante es el que esta pequeña obra pretende esclarecer 2, sin aspirar a una respuesta, a menos que se considere respuesta la Nota bene que Présence et Dialogue, el boletín de la arquidiócesis de París, publicaba a continuación de la presentación de los "nuevos libros litúrgicos" (por el momento) en su número de septiembre de 1969: "Ya no es posible, en un momento en que la evolución del mundo es tan rápida, considerar los ritos como definitivamente fijados. Están llamados a ser revisados regularmente bajo la autoridad del Papa y de los obispos, y con el concurso del pueblo cristiano — clérigos y seglares — para dar mejor a entender a un pueblo, en una época, la realidad inmutable del don divino". De lo cual Monde del 9-10 de noviembre de 1969 se hacía eco, crudamente: "En realidad, el nuevo ritual de la misa no puede ser considerado como un punto final. Se trata más bien de una pausa. La liturgia, largo tiempo inmutable, recobra hoy su dinamismo. Eso es tal vez lo esencial de la reforma".
El conflicto entre lo evolutivo y lo inmutable: he ahí todo el problema del aggiornamento.
En el centro del conflicto, en el corazón del problema: la MISA.
2 El meollo de este libro apareció en artículos en la revista Itinéraires y en el semanario Carrefour.
SIGUE...