Cuando llevado el santo cuerpo a la iglesia le estaban cantando
el oficio de sepultura, llegó al convento el Prior del monasterio
de Santa Catalina de Bolonia, gran amigo del Santo, que al
saber su muerte venía con gran sentimiento y pena, como hombre
que le amaba mucho y sentía qué cosa era faltar de la tierra
un santo, porque él también lo era, y llamábase Fr. Alberto.
Adelantándose hacia el difunto, con mucha devoción y lágrimas
se echó de pechos sobre las andas, hincadas las rodillas en el
suelo, y comenzó a besar muchas veces las manos y los pies a su
santo amigo; y estando así, oyó una voz que le dijo clara y distintamente:
«Este año nos veremos juntos: vendrás tras mí a gozar
de Cristo». De lo cual quedó tan regalado y contento, que se
fue con los brazos abiertos al Prior diciendo: «Buenas nuevas,
P. Prior; que el Maestro Fr. Domingo me ha abrazado y me ha
dicho que moriré este año y me tengo de ver con él». Y así fue.
Hubieran querido los Religiosos darle al Santo sepultura en
silencio, por evitar (dicen) que el pueblo se lo arrebatase para
honrarlo cuanto su devoción les inspiraba; pero quiso el Señor
que su gran Siervo, que durante su vida se había sacrificado
porque sólo Dios, fuese glorificado, recibiera después, de muerto
los honores que tenía tan merecidos. Al efecto ordenó su santa
Providencia que a la hora de la muerte del Santo llegase a Bolonia
el cardenal Ugolino, Legado del Papa, gran amigo del difunto
Padre, que venía de Venecia, y con él el patriarca de Aquileya
y algunos más prelados, arzobispos, obispos, abades y mucha
gente eclesiástica que los acompañaba. El cual Cardenal, sabida
su muerte, no consintió que le enterrasen sin hallarse presentes
al oficio él y todos aquellos prelados. Celebró el mismo Cardenal
la misa cantada y por sus propias manos le puso en la sepultura
que abrieron los Religiosos en el suelo de la iglesia, como el
Santo lo había querido. Concurrió toda la ciudad a las exequias,
las cuales se celebraron con grandísima devoción y ternura.
Cubrieron la sepultura de tierra, haciendo primero por dentro, a
manera de bóveda, una fortificación de piedra y cal, y cerráronla
con una buena losa; recatándose el procurador Fr. Rodulfo y otros
Religiosos no les hurtasen de noche el cuerpo de tan buen Padre
los muchos devotos que tenía en la ciudad.
Dios, que no quería que aquel tesoro estuviese encubierto,
movió los corazones de los fieles a visitar el sepulcro e invocar al
tan venerado y amado Santo, premiándoles esta devoción con
divinos favores. Al principio del invierno se sintió en la iglesia
un olor tan sumamente suave y extraordinario, que no podía dudarse
fuera del cielo, comunicado a aquel sagrado cuerpo. Como
a diario se oían contar curaciones de ciegos, paralíticos, endemoniados,
que visitaban o prometían visitar su sepulcro. Llevaban
paños de oro y seda para cubrirlo, velas, exvotos, ya en súplica,
ya en acción de gracias por favores recibidos. Resistíanse a esto
los Religiosos, porque no se creyera que buscaban ganancia en
tales ofrendas, y mostrábase el Señor cada día más perseverante
en obrar prodigios con que creciera la devoción y concurrencia
de los fieles. Así por el tiempo de casi doce años estuvieron en
pugna por una parte los frailes y por otra Dios y los devotos de
Bolonia, los primeros en ocultar y los otros en publicar las gracias
de santidad y de protección del Santo, hasta que el nombrado
Ugolino, elegido papa con el nombre de Gregorio IX, sabedor
de la timidez de los Religiosos, considerada como ingratitud, irreverencia
y hasta desacato, después de reprenderlos, dispuso que
aquellos sagrados restos fuesen trasladados del sitio donde eran
a diario pisados, a un sepulcro más conforme a la grandeza del
eximio apóstol y preclarísimo fundador. Era su deseo asistir en
persona, como había asistido a su entierro, a esta traslación y
con sus propias manos extraer aquellos venerandos restos de la
pobrísima caja para colocarlos en lugar no tan indigno de su santísimo
amigo; pero no pudiendo ir en persona, escribió al arzobispo
de Ravena que con sus obispos sufragáneos se hallase
presente en el desenterramiento.
CONTINUARÁ...