La NUEVA MISA, por Louis Salleron

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¿Las consecuencias? Las vemos en Holanda y en Francia, y estamos gustando sus primeros frutos.

Cuando aparecen simultáneamente un nuevo ritual de misa, las lenguas nacionales, cantos inéditos y una nueva manera de distribuir la comunión, de ello resulta necesariamente una "nueva misa" para aquellos a los que todavía se los llama "fieles".

Dado que el común denominador y la común justificación de todas esas reformas es el "retorno a las fuentes", está claro que una lógica inmanente lleva a los novadores hasta el extremo mismo de ese retorno.

Así, pues, a la comunión en la mano debe agregársele la comunión bajo las dos especies. La misa vuelve a convertirse exclusivamente en una comida. Como no resulta cómodo hacer una comida en la iglesia, se la hará a domicilio, como en la Iglesia primitiva. El presidente de la asamblea será el sacerdote y se impondrá por su "profetismo".

Una vez más, es lo que se comprueba en Holanda, ya ahora sumida en la herejía.

Los "fieles" han seguido a sus curas "por obediencia", y los obispos no han querido romper la unidad del pueblo de Dios. La regla de oro es estar "juntos". Por lo tanto, juntos se abandona la Iglesia, y jactándose de ser la Iglesia.

¿La Iglesia ha ratificado la práctica, ahora general, de la comunión en la mano?

Tan poco la ha ratificado que, en el Misal Romano definitivo, se han agregado dos precisiones a los artículos 80 y 117 de la Institutio generalis.

El artículo 80 enumera, entre los objetos que deben prepararse para la celebración de la misa, el platillo de comunión, patina pro communione fidelium.

El artículo 117 describe la manera en que debe efectuarse la comunión. El sacerdote presenta la hostia al fiel diciendo: "El cuerpo de Cristo", Corpus Christi. El fiel responde: “Amen” y, sosteniendo el platillo debajo de su cara, recibe el sacramento, “et tenens patinam sub ore Sacramentum accipit”.

Todo está perfectamente claro, y es la ley litúrgica promulgada el 26 de marzo de 1970.

Subrayemos que estas disposiciones no figuraban en las primeras versiones de la editio typica del ordo missae. Por otra parte, no eran necesarias. Pero el hecho de que hayan sido introducidas en la última edición del Missale Romanum demuestra a las claras la voluntad formal de la Congregación para el culto divino de que la ley de la Iglesia sea respetada.

Todo eso se lo lleva el viento...

La única evolución que se puede comprobar es una substitución progresiva del self service en la comunión en la mano. Cada uno se sirve del copón sostenido por un sacerdote o por un seglar, hombre, mujer o niño.


A CONTINUACIÓN... LA INTERCOMUNIÓN
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InHocSignoVinces
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LA INTERCOMUNIÓN


La intercomunión es la comunión en común de católicos y protestantes, ya sea en la misa católica o en la cena protestante.

En Francia la intercomunión es rara, por la sencilla razón de que hay pocos protestantes. Se la halla sólo en pequeñas "comunidades proféticas", cuando se da la oportunidad, como sucedió en Pentecostés de 1968.

En cambio, en Holanda es muy frecuente. Pero no está admitida evidentemente por el Magisterio. Por lo tanto, se la reclama.

Al respecto se presentó una propuesta en el "Concilio pastoral" de la primavera de 1970. Para no comprometer a los obispos fueron seglares los que presentaron el pedido. Así relata Le Monde (del 10 de abril) ese momento del "Concilio":
"Con el fin de no poner a los obispos en situación embarazosa invitándolos a votar un texto sobre la intercomunión, la asamblea prefirió expresarse en forma de un pedido que les había sido presentado. Por 94 «sí», 1 «no» y 2 abstenciones la asamblea se declaró en favor de que católicos y protestantes puedan participar en sus eucaristías recíprocas cuando la unidad en Cristo demuestre ser el fundamento y el motivo de su comunidad. A partir de ese fundamento se puede reconocer mutuamente a los ministros y considerarlos como llamados por el Señor en la Iglesia unida. Existe unidad de fe suficiente, cuando se considera la eucaristía y la cena como el mismo acontecimiento de salvación, o sea, la conmemoración de la muerte y la resurrección de Cristo. Esas condiciones pueden darse, por ejemplo, en ocasión de los matrimonios mixtos, de los grupos de trabajo, en ciertas comunidades locales, etc.

Por otra parte, los obispos holandeses, en el fondo, se hallan en perfecto acuerdo con sus ovejas.


En efecto, en su carta colectiva de Cuaresma, con fecha 15 de febrero de 1970 (Doc. cath, del 5 de abril) declaran: "Creemos en la resurrección del Señor debido al testimonio que nos ha llegado a partir de los apóstoles. Pero en la oración, en la celebración de la eucaristía, allí donde dos o tres se reúnen en su nombre, podemos, como creyentes, descubrir a veces la presencia viva del Señor”.
Esta declaración de perfecto modernismo autoriza, evidentemente, todas las intercomuniones. Además, aclara el famoso artículo 7 de la Institutio generalis tal como fue redactado antes de ser corregido en la edición definitiva del Missale Romanum.

Pero el caso de Holanda exigiría un libro entero.

En el nº 122 de La pensée catholique el R. P. Van den Ploeg, profesor en la Universidad católica de Nimega y maestro de teología, escribe:
"...Ese cura que antes pasaba la tarde del sábado preparando su sermón del domingo, ahora la pasa componiendo el texto de la «celebración eucarística» del día siguiente. Al cambiar los textos venerables de la liturgia o reemplazarlos por otros de su propia invención, no se detiene ante la parte más sagrada del ritual: el canon. Los nuevos cánones abundan, y hay iglesias y capillas que tienen sus cánones propios.

"... (El 28 de junio de 1969, en la consagración de Mons. Möller, obispo de Groninga, por el cardenal Alfrink), las hostias fueron consagradas en cestos colocados sobre el altar, y fueron distribuidas indistintamente a todos, católicos y no católicos. Las palabras del canon 2, «...y con la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María» se convirtieron en «con María, la madre de Cristo».

"... (Por el hecho del abandono de la doctrina de la transubstanciación, se presencia) el nacimiento de una práctica que algunos llaman «ecuménica», la cual consiste en que se deja «concelebrar» el «servicio eucarístico» por un pastor protestante no ordenado, que pronuncia, por ejemplo, las palabras consagratorias sobre el vino, mientras el sacerdote católico lo hace sobre el pan; o bien, como se hizo en Utrecht en la parroquia estudiantil, se deja que un pastor protestante presida y celebre toda la ceremonia eucarística.


"El número de las ordenaciones sacerdotales ya se acerca a cero; en cinco años ha habido una baja de más del 75 %, que en algunas diócesis casi llega al 90 %. Cada vez hay más sacerdotes que se casan.

"...Los grandes seminarios eran florecientes. Después del Concilio todos se han cerrado.

"...La actitud y la táctica de la jerarquía a ese respecto parece ser la de mantener juntos a los católicos en la organización visible de la Iglesia de los Países Bajos...

"...La homosexualidad entre los homosexuales, designada con el neologismo de «homofilia», es aprobada, incluso recomendada, no sólo en las revistas de teología y en un boletín del Pink, sino también en boletines parroquiales.

"Se celebran matrimonios de homosexuales en la iglesia."

CONTINUARÁ...
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En la Revue de la présse internationale, M. A. Laforge cita decenas de ejemplos de la anarquía litúrgica reinante en los Países Bajos. Citemos al azar:
"El 23 de febrero de 1969, en San José, de Groninga, el obispo de Breda, Mons. Ernst, que ni siquiera se había revestido con la casulla, celebró la «misa». Se consagraron varios cestos de hostias que jóvenes y señoritas hicieron circular entre los asistentes. En Vaals, un grupo de jovencitas bailaron alrededor del altar; en el momento de la Elevación, prorrumpieron en sonoros «¡Hip, hip, hip, hurra!»

"En 1969 el cardenal Alfrink —felicitémoslo, aunque sea una vez— infligió una suspensión a tres capellanes de los estudiantes católicos de Utrecht que, durante la Cuaresma, habían dejado presidir, en calidad de celebrante, la función eucarística por un pastor protestante. Como se le preguntara si dicha suspensión sería temporaria o definitiva, el cardenal Alfrink, según su costumbre, respondió con evasivas. ¡Está en juego la Eucaristía! El diario de Nimega, De Gelderlander, del 20 de marzo de 1969, señalaba que en el curso de una reunión del día anterior, el cura de la parroquia estudiantil rebelde de Utrecht había recordado que desde 1960 existen servicios ecuménicos del culto en la capilla reformada San Juan en la cual se celebra por turnos la Cena protestante y la Eucaristía, Desde hace años hay matrimonios mixtos bendecidos en común por el sacerdote y el pastor que pronuncian alternativamente las palabras consagratorias sobre el pan y el vino. El cura Kemphuis, doctor en derecho canónico, agregó que esos ritos se desarrollaban en Amsterdam, Leiden y Eindhoven, y desmintió formalmente que el epispocado holandés pudiese alegar ahora no hallarse al corriente, tanto más cuanto que varios obispos habían dado su conformidad tácita. La prensa ha publicado largos artículos para reclamar la prosecución de esas «experiencias». Es absolutamente cierto que concelebraciones con pastores protestantes, sacrílegas y a menudo inválidas, en las que el pastor pronuncia sólo una parte de las palabras de la consagración, abundan en Holanda. El P. Ooestvogel, por otra parte, declaró el 11 de marzo por televisión que no se sometería en definitiva y que, durante la consagración, no se consideraba como una especie de prestidigitador (Fred Kaps) que hace «un poco más que el pastor protestante». Conviene agregar que los pastores protestantes se sirven de textos «eucarísticos» fabricados por el ex jesuita Oosterhuis, ¡quien habría anunciado sus esponsales si la novia no se hubiera excusado a último momento!"

Asimismo, hoy en día (1972 !!!) ya nadie sabe qué es la misa holandesa.

En Notitiae, órgano de la Congregación del culto divino, leemos la siguiente pregunta, formulada por fieles de los Países Bajos:
“Pregunta: En el periódico Analecta voer net bisdom Haarlem, año 1969, p. 217-228, se encuentra una versión holandesa del nuevo ordo missae preparado, se dice en la pág. 199, por la Comisión neerlandesa de liturgia.

"Se pregunta:
"1. Esa versión, tal cual se presenta, ¿cuenta con la aprobación de la Congregación para el culto divino?
"2. ¿Puede usarse esa versión para la celebración de la misa?

“Respuestas:
"3. Ninguna versión neerlandesa del nuevo ordo missae ha sido aprobada hasta el momento por la Congregación para el culto divino.
"4. No está permitido usar para la celebración de la misa una versión no aprobada por la Sede Apostólica."
Otras dos preguntas relativas a ordines autorizados actualmente por los obispos obtienen iguales respuestas negativas. Las misas autorizadas por los obispos pero que no cuentan con la aprobación oficial de Roma, no son misas católicas.

He ahí el resultado de todas las "iniciativas" de los laicos, del clero y del episcopado de Holanda. Allá un católico no puede tener seguridad de que asiste a misa
a no ser que el sacerdote se atenga al ritual tradicional, el de San Pío V.

A eso se ha llegado por grados sucesivos. A cada paso adelante que se daba, se demostraba que todo era perfectamente normal, regular, legal, "en unión con Roma", negándose a separarse de ella. Ahora el cisma es interno, pero total. Ese ejemplo debe resultar aleccionador para los católicos del mundo entero y ante todo para los de Francia.


Volviendo a la intercomunión, ¿es necesario decir que está prohibida por la Iglesia?

El 13 de noviembre de 1968 Paulo VI, al recibir a los miembros del Secretariado para la unidad de los cristianos, les dirigió una alocución sobre el ecumenismo. Al hablar del "Directorio ecuménico", dijo:

"...En contra de las normas dictadas en la parte ya publicada de ese Directorio, por desgracia se han adoptado, en estos últimos meses, en diversas partes del mundo, iniciativas intempestivas. Queremos hablar de ciertos casos de admisión de cristianos no católicos a la comunión eucarística en la Iglesia católica; o, a la inversa, de participación de católicos en la eucaristía celebrada por no católicos; o también de «intercelebraciones» entre ministros de diversas comuniones cristianas.

"Nos lo decimos con tristeza, pero la lealtad nos lo obliga como deber: lejos de hacer progresar el ecumenismo, esas iniciativas precipitadas retardan su marcha (...)"
(Doc. cath., 1º de dic. de 1968).

Paulo VI volvió sobre este tema en su discurso de la audiencia general del 21 de enero de 1970. Al recordar que el problema de la unidad de los cristianos no puede resolverse sin "esa autoridad y ese carisma de la unidad que consideramos es divina prerrogativa de Pedro", aclaró:

"No es por el hecho consumado de la intercomunión, como se dice hoy, como se puede lograr la unidad. ¿Cómo sería posible sin una misma fe, sin un sacerdocio idéntico y válido? Por eso, estos últimos días el Secretariado para la unidad de los cristianos ha publicado una declaración clara y que es autoridad para recordar que la intercomunión no está permitida (salvo en casos especiales y determinados) y para disuadir a los católicos de que recurran a ella. No se trata del buen camino, sino de una desviación" (Doc. cath,, 15 de febrero de 1970) 16.


CONTINUARÁ...


16 Ver nota del capítulo III: "La adhesión de Taizé".
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EL MISAL - AGENDA


A misa evolutiva, misal evolutivo. Se propone a los fieles un "nuevo misal de los domingos".

Texto de la propaganda: "Se han tirado 600.000 ejemplares y probablemente no basten para satisfacer la demanda. De formato libro de bolsillo, al módico precio de 7 francos, el nuevo misal presenta la novedad de que puede servir sólo por un año, como una agenda. Dado que la liturgia evoluciona de buen grado y todos los años usa nuevos textos sagrados, la tradición del misal que se ofrecía para toda la vida, en la época de la primera comunión, de ahora en adelante queda perimida. Comienza la época del misal-agenda".

Debajo de ese texto, en tipo más pequeño y entre paréntesis, se lee: "(Express nº 969)". No sabemos si se refiere al semanario de ese nombre o si se trata de un código tipográfico cuyo sentido se nos escapa. En todo caso, es como un sello de calidad para la presentación de ese "nuevo misal".

En realidad, allí está todo.

Primero que nada, se trata de un "nuevo" misal. Lo que no es "nuevo" en la Iglesia hoy en día corre el peligro de resultar sospechoso. Se puede comprarlo con confianza. Es nuevo, por lo tanto es bueno.

¿Cuál es la novedad de ese nuevo misal? ¡La de "no poder servir más que por un año"!

¡Maravilla de maravillas! Antes el niño recibía, para su primera comunión, un misal que podía servirle "toda la vida". Era la "tradición". Como era tradición, era algo malo. Tradicionalmente, la Iglesia estaba por la tradición. La nueva Iglesia está por la novedad. Hay que ser lógicos. Instruido por el "nuevo" catecismo, el niño podrá seguir el "nuevo" orden de la misa con un "nuevo" misal, cuya "novedad" será "no poder servir más que por un año" y, por supuesto, en Francia, ya que en el extranjero su misal en francés no le servirá de nada.

En síntesis, es una "agenda", un "misal-agenda", o una "agenda-misal". ¿Habrá que suponer, según el texto publicitario, que "comienza la tradición" del misal-agenda? Eso parece una ofensa a la novedad. Digamos, más bien, que este año tenemos una agenda-misal. El año próximo saldrá otra cosa, puesto que la liturgia evoluciona "de buen grado" (!!)

"Diez editoriales" se han unido para encargarse de la "fabricación" y la "distribución" de esa obra maestra, que actualmente (se lee al pie de la página) está en su 6809 millar.

Eso significa que muchos lo usan, y que un número infinitamente mayor no lo usa.

Dentro de tres años, de dos años, ¿cuántos fieles tendrán el valor de comprar la novedad del momento, que tendrá la originalidad de "no servir más que por un año"?, a no ser que en ese momento la novedad consista en servir nada más que por seis meses, o por ocho días, o para una sola vez, como las servilletas de papel o los platos de cartón.



CONTINUARÁ...
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RASGOS PRINCIPALES DE LA EVOLUCIÓN


De todo lo dicho, por no hablar de todo lo que no hemos dicho, podemos recordar, como características de la evolución litúrgica en curso, los rasgos siguientes:

1. Se ha dejado el latín en beneficio de las lenguas vivas. Ese cambio, por ser el más sensible, en general se considera el menos importante. Nosotros ya hemos dicho, por el contrario, que es de extrema importancia. La pérdida del latín es la pérdida de la unidad. La diversidad abre la puerta a todas las libertades.

2. Las traducciones son insatisfactorias. Algunas constituyen traiciones puras y simples a la palabra de Dios. Otras son a menudo inexactas o vulgares.

3. De ahora en adelante a Dios se lo tutea. ¿Estilo noble? Más bien rezuma camaradería.

4. Con el latín ha desaparecido el canto gregoriano. El órgano es reemplazado por la guitarra. La música sagrada cede paso al jazz.

5. Las iglesias han sido entregadas al furor iconoclasta. Se ven custodias en las ferias de ropavejeros. Los ornamentos y los paneles de madera se venden en las casas de antigüedades.

6. El altar ha sido reemplazado por una mesa. El sacerdote ya no celebra la misa vuelto hacia el oriente sino de cara al pueblo. El simbolismo de la adoración en común ha desaparecido. De ahora en adelante Dios está en medio del pueblo y tiende a confundirse con él. La antropología se cuela en la teología. La asamblea y su presidente se dedican, en éxtasis colectivo, a volver a encontrar al Dios inmanente que está en cada uno, sin preocuparse más por el Dios trascendente que se ofrece a ellos en su encarnación.

7. La celebración eucarística se vuelve concelebración. Ya no es el sacerdote quien oficia sino la comunidad. Poco a poco los laicos concelebran con el sacerdote. El sacerdocio real del pueblo de Dios sustituye al sacerdocio ministerial.

8. La liturgia de la Palabra sumerge a la liturgia eucarística; y la palabra del sacerdote, o la de los laicos, expulsa a la palabra de Dios. El profetismo invade el rito.

9. La eucaristía se troca en comida. Comunión en la mano o auto-servicio. Comunión bajo las dos especies.

10. La misa por grupos pequeños se prefiere a la misa parroquial. En efecto, el pequeño grupo favorece el sentimiento comunitario. Ya no se encuentra a Dios en la fe sino en una especie de fervor hipnótico.


¿En qué momento se sale del culto católico para entrar en el vudú? Sólo Dios lo sabe. Pero lo cierto es que en el límite se está más cerca de la magia que de la misa.

Aun así, protestarán algunos, todavía no hemos llegado a eso. No: en conjunto todavía no hemos llegado. Cuando la misa es rezada en la iglesia, el domingo, por el cura de la parroquia, sigue siendo misa, aun cuando vaya marcada por fantasías y extravagancias. Pero ya se rechazan las paredes de la iglesia, como si se adivinara que constituyen los bastiones de la liturgia. Se prefieren las casas, el salón, el comedor, la cocina.

La evolución está en marcha.


CONTINUARÁ...
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CONCLUSIÓN


A principios de 1970, o sea, unos meses después de su carta a Paulo VI 17, el cardenal Ottaviani escribió a un religioso francés: "Me ha regocijado profundamente la lectura del discurso del Santo Padre sobre las cuestiones del nuevo Ordo Missae, y sobre todo por sus puntualizaciones doctrinales contenidas en los discursos en las audiencias públicas del 19 al 26 de noviembre 18; después de lo cual creo que nadie puede escandalizarse públicamente. Por lo demás, habría que realizar una tarea prudente e inteligente de catequesis con el fin de eliminar algunas perplejidades legítimas que el texto pueda suscitar".


El "viejo carabinero", como se calificaba a sí mismo —por alusión al tesoro de la fe de que es custodio— aceptaba, pues, la nueva misa. Pero no por eso se desdecía con respecto a su carta al papa. Para él, el peligro reside en que el nuevo ordo missae "se aleja de manera impresionante, tanto en el conjunto como en el detalle, de la teología católica de la santa misa, tal como fue formulada en la XXa. sesión del Concilio de Trento, el cual, al fijar definitivamente los cánones del rito, opone una barrera infranqueable a toda herejía que pudiera afectar la integridad del misterio".


Al suprimir la "barrera", ¿triunfará la herejía? La "tarea prudente e inteligente de catequesis", realizada en la línea de los discursos del papa del 19 al 26 de noviembre de 1969, ¿bastará para eliminar las "perplejidades legítimas que el texto puede suscitar", y para mantener "la integridad del misterio"?


El futuro nos lo dirá.


Es dable pensar que las extravagancias y las desviaciones que hemos señalado serán absorbidas poco a poco por la disciplina del rito oficial y éste se proseguirá de acuerdo con la fe tradicional recordada por el papa y por las correcciones introducidas en la edición definitiva de la Institutio generalis 19. Eso es lo que, efectivamente, piensan los optimistas. La Iglesia es sólida. Las oscilaciones producidas por el choque que recibió de la guerra a través del Concilio irán atenuándose y la misa continuará, inmutable en su substancia, con ligeras modificaciones en su liturgia.


Eso es posible, pero no es seguro. Hasta se podría incluso decir que desde el punto de vista humano es poco probable, por las razones siguientes:

1. Cuando una idea inspira un texto elaborado cuidadosamente, termina siempre por imponerse. La intención del autor asegura la coherencia interna del texto y desemboca, al final, en el resultado que se busca. Ahora bien, la intención de los redactores de la nueva misa es algo que conocemos. Ellos mismos la expresaron en la Institutio generalis que, no olvidemos, es la presentación, la "exposición de los motivos" del ordo missae. Si hubo que rectificar profundamente la Institutio por medio de correcciones de peso en los artículos más importantes, ello se debió a que su doctrina era, cuando menos, equívoca. Querían hacer una misa "ecuménica", aceptable a los protestantes, y daban una definición de la misa que correspondía más bien a la cena luterana.


La "presentación" fue modificada, pero el "texto" de la misa quedó como estaba. Lo cual quiere decir que si bien puede admitir un sentido católico, también puede admitir un sentido protestante.


Eso fue lo que advirtió el cardenal Ottaviani, el cual —hagámoslo notar— en su carta no incriminó a la Institutio generalis sino al mismo ordo missae.


Si, por lo tanto, resulta posible que la fe católica integre la nueva misa, es lógico que suceda a la inversa, es decir, que el ecumenismo predominio luterano que inspira a la nueva misa absorba a la fe católica.


CONTINUARÁ...


17 Ver Capítulo I, IV: "La carta de los Cardenales Ottaviani y Bacci".
18 Ver Capítulo I, V: "Las dos alocuciones de Pablo VI en Noviembre de 1969".
19 Ver Capítulo II: "El artículo 7 de la Institutio Generalis".
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2. Esta consecuencia lógica es tanto más plausible cuanto la reforma litúrgica no se presenta como un desarrollo sino como una ruptura y un nuevo punto de partida. Salvo en las alocuciones pontificias y en algunos documentos romanos, no se insiste sobre la continuidad sino sobre el cambio. Así, pues, sacerdotes y fieles se ven llevados a considerar la nueva misa como una misa que rechaza el contenido dogmático de la tradición.


La voluntad expresa del "retorno a las fuentes" se suma en este aspecto a la voluntad de "ecumenismo". Si bien era laudable valorizar las nociones de palabra, asamblea y participación, que son nociones tradicionales que el tiempo no había hecho más que desdibujar levemente y que Dom Guéranguer, Pío X y Pío XII ya habían reivindicado honrosamente, la inflación que han sufrido y el clima subjetivista de que se las ha rodeado las deforman completamente.


El cura de Ars decía: "Nuestro Señor, que es la verdad misma, no hace menos caso de su Palabra que de su Cuerpo. No sé si es peor tener distracciones durante la misa que durante la instrucción; no veo la diferencia. Durante la misa se dejan perder los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor, y durante la instrucción se deja perder su palabra que es El mismo". Se advierte que en pleno siglo XIX la tradición se conservaba perfectamente y se encuadraba dentro de la misa tradicional. La Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo iban juntos. El rito modificado corre peligro de afectar a la una y al otro, por el solo hecho de que se recibe como una novedad destinada a conciliarse con el protestantismo.


Si la intención de los novadores fuese solamente volver a poner de relieve elementos tradicionales, no vemos por qué tendrían que dar a su reforma la traza aun golpe de fuerza.


En el Concilio de Trento se debatió largo tiempo sobre la misa. No tuvo nada sorpresivo en lo que se resolvió y se votó. Esta vez, en cambio, todo se hizo en el secreto de las oficinas.


En el sínodo de 1967, se presentó a los obispos el esbozo de la nueva misa bajo el nombre de "misa normativa". Tuvo una acogida más bien fría. Hubo 78 placet contra 62 placet juxta modum (sí, bajo reserva) y 49 non placet. No por eso se dejaron de proseguir los trabajos en favor de aquélla. ¿Quién puede creer que la nueva misa habría sido aceptada si hubiera sido sometida a la aprobación de los obispos del mundo entero? Pero había más preocupación por la aprobación de los expertos protestantes, admitidos en el Consilium de liturgia.


En cuanto a la Congregación para la doctrina de la fe (ex Santo Oficio), jamás fue consultada, sin lo cual no tendría explicación la carta del cardenal Ottaviani.


Todo eso, se dirá, no impide que la nueva misa haya sido adoptada en todas partes y que los fieles se adapten muy bien a ella. Es verdad —si exceptuamos un malestar general que va in crescendo—, pero nuestra observación no se refiere a la aceptación o al rechazo de la nueva misa, sino que tiene que ver con el hecho de que es aceptada como novedad y de que, por consiguiente, es a una fe nueva y no a la fe tradicional a lo que tiende a alimentar.


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Re: La NUEVA MISA, por Louis Salleron

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3. Sin embargo, lo que hace sumamente frágil la esperanza de ver fijado en definitiva —o fijado por un largo período— el nuevo rito de la misa, es que, según la opinión unánime, la liturgia se ha hecho evolutiva.

Pero ¿ya no lo era? No, no lo era: obedecía a la ley del desarrollo, pero no a la de la evolución. No se trata de un matiz entre dos nociones próximas: se trata de una diferencia total. El niño que se vuelve hombre obedece a la ley del desarrollo. Un mono que se vuelve hombre (si eso puede darse) obedece a la ley de la evolución.

La misa, desde los orígenes hasta nuestros días, se ha "desarrollado", aunque en verdad ya estaba casi fija desde el siglo V. Los cambios que ha sufrido son presentados por Paulo VI como manifestaciones de desarrollo, pero los novadores proclaman que son un fenómeno de evolución, anunciador de nuevos cambios.

Dicho de otro modo, lo que ha nacido no es para los novadores la misma misa, expresión de una misma fe; es una misa nueva, expresión de una nueva fe, prolongación de la antigua, sin duda, pero en una trasposición dialéctica que no permite prejuzgar el futuro.

En momentos en que, en el mundo de la ciencia, la noción de evolución ya no se conserva más que como marco de trabajo y de razonamiento, sin que ningún sabio se aventure a definir su contenido y ni siquiera su significado, esa noción se difunde en los ambientes religiosos como el único dogma en el que se resumen las verdades de la fe.

En el origen de este trastrocamiento está Teilhard de Chardin. Aunque haya pasado de moda, no por eso ha dejado de legarnos sus creencias.

¿Qué decía Teilhard?
"Esencialmente, considero (...) que la Iglesia (como toda realidad viviente, al cabo de cierto tiempo) llega a un período de «muda» o de «reforma necesaria». Al cabo de dos mil años, ello resulta inevitable. La humanidad está en vías de una muda. ¿Cómo no lo estaría también el cristianismo? Más precisamente, considero que la Reforma en cuestión (mucho más profunda que la del siglo XVI) ya no es una sencilla cuestión de institución y de costumbres sino de Fe (...)

"Una forma todavía desconocida de religión (...) se halla en vías de germinar en el corazón del Hombre moderno, en el surco abierto por la idea de la Evolución."
Pero, entonces, ¿por qué adherir al cristianismo? ¿Por qué interesarse por la misa?

Porque, decía, "...en el tronco romano, considerado en su totalidad, no veo otra cosa que el sostén biológico suficientemente vasto y diferenciado para operar y soportar la transformación esperada (...)"

"Nuestro cristianismo es el eje sobre el cual se desarrolla la Religión del porvenir."

Estas ideas sostenidas más o menos confusamente por los mass media obsesionan el espíritu de clérigos y laicos.


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Re: La NUEVA MISA, por Louis Salleron

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Se plantea, pues, el interrogante: si el Ecumenismo, la Evolución, el Progreso, han eliminado a la misa de San Pío V, ¿cómo pensar que la misa de Paulo VI podrá resistirlos?

El clero de las parroquias durante largo tiempo constituyó un bastión contra la anarquía. Pero las parroquias están en trance de desaparecer, para dar paso a "unidades pastorales", animadas por "equipos" en los que se ha abolido la jerarquía. Naturalmente, los revolucionarios son quienes dirigen el juego.

Puesto que las vocaciones se agotan y los seminarios que subsisten son núcleos de desorden y de subversión, todas las estructuras de las Iglesias se tambalean.

De ahí la multiplicación de esos pequeños grupos en los que los laicos "concelebran" con el sacerdote, a la espera de concelebrar solos, bajo la presidencia de un elegido.

¿Dónde está la misa, en eso? No es un nuevo ordo missae que reemplaza al antiguo. Es una "misa" perpetuamente nueva, diversificada hasta el infinito, que reemplaza a la misa, en un devenir sin límite.

Por eso decimos que es poco probable que una catequesis "prudente e inteligente" pueda atajar ese proceso de desintegración. ¿Y también, no son acaso los mismos catequistas los que aceleran el movimiento? ¿Y quién, entonces, catequizará a los catequistas? Cuando leemos las circulares de la Comisión nacional francesa de liturgia podemos juzgar sin ilusiones cuál es su religión. Y el "Nuevo Catequismo" se halla en perfecta armonía con la "Nueva Misa".

Por eso pensamos que es una suerte que cierto número de sacerdotes sigan rezando la misa de San Pío V. Al dar este testimonio de su adhesión al rito protector de las verdades de la Fe proclamadas por el Concilio de Trento, Vaticano II y Paulo VI, preservan la ocasión de una rectificación que, aunque no suceda mañana, igual se producirá un día u otro.

Si se mira el fondo del problema, no hay debate entre la antigua misa y la misa nueva. Sólo hay el problema de la misa misma. Siempre queda en pie lo de lex orandi, lex credendi. La ley de la oración forma un todo con la ley de la fe. A tal fe, tal misa. Cuando se debilita la creencia en la transubstanciación, en el sacerdocio ministerial, en el sacrificio eucarístico, la misa se tambalea. Y asimismo, cuando la misa se vuelve comida fraternal, exaltación comunitaria e improvisación profética, las verdades de la fe que ella encarna se desvanecen.


Post scriptum 1975. La carta del cardenal Ottaviani que mencionamos en la pág. 177 fue analizada por Jean Madiran, quien mostró hasta qué punto es dudosa su autenticidad (Itinéraires, nº 242, abril 1970).


CONTINUARÁ...
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InHocSignoVinces
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Re: La NUEVA MISA, por Louis Salleron

Message par InHocSignoVinces »

EN QUÉ SE EQUIVOCA LA NUEVA MISA

Itinéraires. Abril 1975.


A principios de 1975 el cardenal Marty invitó a Mons. Ducaud-Bourget a firmar junto con él la siguiente declaración:
"4. Afirmamos que la reforma litúrgica (reforma del misal romano, oraciones eucarísticas, nuevo ritual, etc.) presidida y promulgada por el Papa Paulo VI, es fiel a la fe de la Iglesia católica romana. Reconocemos al Papa el derecho de legislar en materia litúrgica. Todos los textos escritos y publicados bajo la autoridad del Santo Padre no son en absoluto «equívocos o cercanos a la herejía»."

¿A qué se debe esta actitud del cardenal Marty? A que Mons. Ducaud-Bourget dice la misa tradicional (de San Pío V).

La declaración es una amalgama de proposiciones diversas, de las cuales aquí sólo interesa la última:

“Todos los textos escritos y publicados bajo la autoridad del Santo Padre no son en absoluto «equívocos o cercanos a la herejía».”

¿Quién —Mons. Ducaud-Bourget u otro— podría firmar semejante declaración? 20

Ante todo, puesto que se trataba de la misa, hubiera sido más sencillo y más franco invitar a Mons. Ducaud-Bourget a firmar una declaración que dijera, por ejemplo: "El nuevo Ordo Missae no es en absoluto equívoco y cercano a la herejía". Porque declarar que "todos los textos" escritos o publicados bajo la autoridad de un papa no son en absoluto equívocos o cercanos a la herejía, sería absurdo. Nadie ha leído "todos los textos" escritos y publicados bajo la autoridad de un papa. Por tanto, nadie podría jurar que ningún texto escrito o publicado bajo la autoridad de un papa no es en absoluto equívoco o cercano a la herejía. Asimismo, habría que distinguir entre la intención del papa y la redacción del texto. Puede admitirse que un texto escrito o publicado bajo la autoridad de un papa no sea, por su intención, equívoco o cercano a la herejía, y que lo sea objetivamente. A este respecto podrían citarse mil ejemplos, pero daré uno que todos aquellos que siguieron los trabajos del Vaticano II tienen presente en la memoria: el de la Constitución conciliar sobre la Iglesia, Lumen gentium. El capítulo III de esa Constitución, consagrado a la jerarquía de la Iglesia y al episcopado, habla del colegio episcopal y de su jefe en términos aparentemente muy claros. Paulo VI no lo consideró equívoco y estaba decidido a publicarlo, a pesar de ciertas oposiciones. Sin embargo, hubo teólogos que pusieron ante su vista un documento que le revelaba el uso que ciertos "colegialistas" se proponían darle a partir de una interpretación sutil. Se dice que el papa lloró e hizo agregar a la Constitución una Nota explicativa destinada a impedir la maniobra. Equívoco objetivo e intención equívoca son, pues, cosas bien diferentes.

Se concibe que Mons. Ducaud-Bourget se haya negado a suscribir la declaración tan general que le fuera presentada. Pero si esa declaración hubiera sido precisa y hubiera contemplado expresamente la Nueva Misa, habría tenido aún más fundamento para negarse a firmarlo, porque la Nueva Misa es a la vez objetivamente equívoca y equívoca en la intención de sus autores, como lo revela inobjetablemente el examen de la cuestión. Todo el mundo bien lo sabe, pero no hemos considerado inútil reagrupar aquí los documentos que no siempre se tienen a mano juntos.


CONTINUARÁ...


20 Es innecesario destacar el extraño estilo de la frase en cuestión. Tres redacciones serían posibles:
“Los textos escritos y publicados”, etc.
―"Todos los textos escritos y publicados... son claros y ortodoxos".
―Ninguno de los textos escritos y publicados... es en absoluto equívoco o cercano a la herejía."
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