"SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#171 Message par InHocSignoVinces » sam. 10 août 2019 10:54

LA GRAN CONSPIRACIÓN (*Nota de Javier: Este crucial capítulo del libro "SEDE VACANTE. Paulo VI NO es legítimo Papa" es probablemente lo más excelente, profundo y profético que escribió el Rev. P. Sáenz y Arriaga en toda su vida. Recomiendo a los lectores su lectura atenta y meditada, pues realmente no tiene desperdicio. Padre Sáenz y Arriaga, ¡ruegue por nosotros!)



La actividad secreta y abierta de Jules Isaac y los otros judíos con él asociados, aunque había tenido resultados
sorprendentes, durante el gobierno del papa de la transición, Juan el Bueno, no podía obtener el pronto éxito,
que el judaísmo internacional buscaba, en su programa mesiánico de eliminar a la Iglesia Católica, para la fácil
realización de su gobierno mundial y de su religión cripto-satánica de la fraternidad universal.
Si su
antagonismo implacable debía producir resultados de mayor proporción en la mentalidad católica, en el culto y
en la misma moral y disciplina de la Iglesia,
era necesario que encontrasen algo más grande, más decisivo,
más "revolucionario".
La judería, a través de la masonería, había obtenido ya su "NUEVA ERA", la
sociedad de consumo, la inconformidad y las consiguientes guerrillas, actos terroristas, secuestros,
inmoralidad creciente y legalización de los actos más contrarios a la misma naturaleza humana, en el mundo
secular.
¿Cómo podía infiltrarse en la Iglesia, para realizar, desde dentro, la autodemolición de la obra de Cristo?

Las demandas de Jules Isaac habían sido decididamente rechazadas por Pío XII, un Papa vertical, que supo
comprender que el acceder a esas demandas hubiera significado la más negra traición a Cristo y a su Iglesia;
el abandonar el cristianismo para abrazar el judaismo;
pero fueron después simbólicamente aceptadas por
Juan XXIII y el "marrano" de todas sus confianzas, el judío Agustín Bea, S. J., a quien se encomendó los
proyectos para la ejecución del plan a seguir.


El cardenal Bea comprendió bien y supo llevar a cabo su papel de mensajero, de intermediario entre los judíos
ya infiltrados en la Iglesia y los judíos que estaban fuera de la Iglesia.
Quizá no llegó él mismo a comprender
las inmensas oportunidades, que, al fin, habían sido abiertas a los enemigos de la Iglesia. Pero su amigo y
asociado
Juan B. Montini, estudiante del Consejo Mundial de las Iglesias, miembro además de la Curia
Romana, vio y comprendió todo el panorama, que se ofrecía a los eternos enemigos de la Iglesia:
"Un
Concilio, sí, un Concilio Ecuménico, pero un Concilio no dogmático, sino exclusivamente pastoral",
éste era el
camino maravilloso, que, en su candor, el papa bueno, acogió como "una inspiración" del Espíritu, para dar a la
Iglesia una "nueva primavera", un "nuevo Pentecostés", que lograría, al fin, la ansiada finalidad de la unión de
todos los cristianos y, ¿por qué no? , de los musulmanes, de los budistas, de los judíos. Una humanidad unida,
un ecumenismo perfecto, un "aggiornamento" flexible, condescendiente y variante, según la "evolución
inevitable del mundo"
.
Los propósitos de Jules Isaac sirvieron de un catalizador, capaz de transformar la fértil mente
de Montini, quien vio con profética visión los bloques, que habían de servir en la edificación del masónico templo de la
comprensión, inspirado por el judaísmo,
que había de substituir la ya caduca y vencida Cristiandad.

El instrumento eficacísimo, indispensable, era para el substituto de la Secretaría de Estado, un "concilio", pero
un concilio que rompiese los moldes de todos los anteriores concilios, un concilio democrático, en el que la
revolución quedase instalada en las entrañas mismas de la Iglesia. Un concilio dialéctico, de tesis y antítesis,
que diese al pontífice, predestinado para el caso, el poder único de hacer las síntesis transformadoras y
demoledoras de la "vieja" Iglesia Católica.
El Vaticano II fue la culminación de toda la vida y trabajo de Juan B.
Montini.
Hacía tiempo que se hablaba de un Concilio, porque la subversión, enquistada en la Iglesia, buscaba
la manera de destruir los dos últimos Concilios,
el de Trento y el Vaticano I, dos baluartes invencibles, que
definen, protegen y concretan los principales misterios de nuestra fe católica, los fundamentales dogmas de
nuestra religión.
Pero los Sumos Pontífices, que, después de Pío IX, gobernaron la Iglesia, se opusieron
siempre,
en especial Pío XII, a la celebración de ese Concilio, que, dadas las definiciones sobre el Romano
Pontífice, hechas dogmaticamente por el Primer Concilio Vaticano,
resultaba no sólo peligroso, sino inútil. La idea de la "colegialidad episcopal", como se defendía por los inconformes, que consideraban al Primado y el
carisma de la "infalibilidad didáctica" pontificia como una usurpación de la Santa Sede, como una innovación
contraria a la Iglesia Apostólica, solamente con un Concilio podía imponerse. Como indiqué antes, para llevar
adelante este programa destructor
era necesario cambiar y adulterar los mismos dogmas, en un ambiente
democrático, en el que las mayorías conciliares se impusiesen aparentemente al pontífice, que estaba de
acuerdo y que pacientemente había venido preparando, con su influencia, sus sugerencias, sus imposiciones,
los miembros del cuerpo cardenalicio y los obispos de la subversión.



CONTINUARÁ...
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El cardenal Bea comprendió bien y supo llevar a cabo su papel de mensajero, de intermediario entre los judíos
ya infiltrados en la Iglesia y los judíos que estaban fuera de la Iglesia.
Quizá no llegó él mismo a comprender
las inmensas oportunidades, que, al fin, habían sido abiertas a los enemigos de la Iglesia. Pero su amigo y
asociado
Juan B. Montini, estudiante del Consejo Mundial de las Iglesias, miembro además de la Curia
Romana, vio y comprendió todo el panorama, que se ofrecía a los eternos enemigos de la Iglesia:
"Un
Concilio, sí, un Concilio Ecuménico, pero un Concilio no dogmático, sino exclusivamente pastoral",
éste era el
camino maravilloso, que, en su candor, el papa bueno, acogió como "una inspiración" del Espíritu, para dar a la
Iglesia una "nueva primavera", un "nuevo Pentecostés", que lograría, al fin, la ansiada finalidad de la unión de
todos los cristianos y, ¿por qué no? , de los musulmanes, de los budistas, de los judíos. Una humanidad unida,
un ecumenismo perfecto, un "aggiornamento" flexible, condescendiente y variante, según la "evolución
inevitable del mundo"
.
Los propósitos de Jules Isaac sirvieron de un catalizador, capaz de transformar la fértil mente
de Montini, quien vio con profética visión los bloques, que habían de servir en la edificación del masónico templo de la
comprensión, inspirado por el judaísmo,
que había de substituir la ya caduca y vencida Cristiandad.


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"(...) Como indiqué antes, para llevar adelante este programa destructor era necesario cambiar y adulterar los mismos dogmas, en un ambiente democrático, en el que las mayorías conciliares se impusiesen aparentemente al pontífice, que estaba de acuerdo y que pacientemente había venido preparando, con su influencia, sus sugerencias, sus imposiciones, los miembros del cuerpo cardenalicio y los obispos de la subversión".

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#172 Message par InHocSignoVinces » lun. 12 août 2019 18:54

Para conocer a fondo a este hombre funesto, que eficazmente ha llevado adelante la demolición de la Iglesia,
es necesario conocer sus antecedentes familiares personales, antes de subir al trono de San Pedro. Judío, por
ambos lados, por el padre y la madre,
Juan B. Montini, falso cristiano, perteneció, desde muy joven, a los
antros más oscuros de los "Iluminados" judeo-masones, miembros de la satánica Kábala, iniciados
secretamente en el mismo Vaticano, durante el reinado de León XIII, por el cardenal criptojudío,
Rampolla, "el
prelado del ojo del mal".
Una de las pruebas más fuertes de la práctica del ocultismo de Montini puede
recogerse en un libro del P. T. F. O'Boyle, S. J., un traductor del Secretariado Vaticano por la unidad cristiana,
cuando éste estaba bajo la dirección de Agustín Bea. El P. O'Boyle implica en sus palabras un tremendo cargo
contra Paulo VI:


"Cuando nosotros hablamos de la "mística" de Paulo VI, no queremos significar un misticismo espiritual, como el de Santa Teresa
de Ávila o San Juan de la Cruz, tampoco nos referimos a su estilo literario o su terminología, aunque es inclinado a usar frases de
un italiano no vulgar,
como 'inmenso y misterioso designio', 'arcano concilio', 'excelsos fines', 'el misterio de un tiempo nuevo',
'consejo inescrutable'..."



Frases son éstas que parecen tomadas del lenguaje simbólico y ocultista de la masonería y del judaísmo. Es
indudable que,
como dice Antonio Brambila, después de diez años que han transcurrido desde la iniciación del
Vaticano II, estamos ya en posesión de datos suficientes y manifiestos
para poder calificar esa reunión
desastrosa y ese pontífice, que ha mantenido en permanente cambio todas las estructuras, todos los dogmas,
toda la liturgia, toda la moral, toda la disciplina de la Iglesia, con una habilidad indiscutible, pero no la
suficiente, para evitar que todos los verdaderos católicos se den cuenta de la
trampa mortal que les han puesto. Ya sabemos por sus acciones, por sus discursos, sus encíclicas y por los pésimos frutos del Vaticano II
lo que significa precisamente el "misticismo" de Paulo VI.
Es él, el que, por encima de todos, debe ser
considerado como el autor, inspirador y ejecutor infatigable de esa "autodemolición", que significa y es el
Vaticano II. Es él, quien ha llevado a la práctica los ocultos planes de la Sinagoga de Satanás y de las logias
masónicas.



Por eso, el interés que demuestra por la juventud, aún por los hippies, en cuyas inexpertas manos quiere
poner los destinos de la Iglesia, para llevar adelante y asegurar así su actual victoria.
Desde los primeros años
de su sacerdocio Juan B. Montini ocupó puestos importantes en los negocios de la Iglesia, que le dieron la
oportunidad para trabajar secretamente por los intereses del judaísmo,
su verdadera nacionalidad y religión.


Muy conocidas son en Italia las ocultas relaciones de Mons. Montini y del Arzobispo Montini con los dirigentes
del comunismo y de la masonería de Italia;
y los archivos vaticanos seguramente tendrán anotadas las
cordiales recepciones que Paulo VI ha dado en su palacio a los jefes del comunismo internacional, de las
logias más secretas y peligrosas y a los dirigentes del sionismo mundial.



Es Juan B. Montini el hombre que debe ser considerado como el dirigente intelectual y el ejecutor habilidísimo
que pudo llevar, en unas cuantas y tumultuosas sesiones del Concilio Vaticano II,
la confusión más espantosa
al seno mismo de la Iglesia,
reservándose la acción del postconcilio, para hacer él mismo, con sus Motus
Proprios, sus Sínodos democráticos y su actividad dirigente,
la fusión progresiva de la Iglesia con sus
mortales enemigos.
Hay en el Sacro Colegio, en la actualidad (* en 1972, año en que el Rev. Padre Sáenz y Arriaga escribió esta magna obra), 13 cardenales de origen judío, entre los cuales están los que cuentan con el mayor apoyo y confianza de Paulo VI, los posibles papables. El Motu Proprio por el que eliminó del futuro Cónclave a los ancianos cardenales, que, a pesar de sus méritos, de su ciencia, de su virtud y de la claridad de su mente, han sido eliminados por la previsora y siniestra mano del papa Montini, apartó definitivamente los posibles obstáculos para proseguir su funesta acción destructora.


CONTINUARÁ...

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¡Bravo, Rev. P. Sáenz y Arriaga! Usted fue el único que profundizó y descubrió la siniestra "verdad" de este abominable hijo de Satanás que fue Montini. Mientras los demás callaban cobardemente y confundían a los pobres fieles desorientados, como el desgraciado Mons. Lefebvre, usted y sólo usted tuvo el coraje de desenmascarar a este pérfido y miserable personaje que ejecutó con aterradora precisión la autodemolición de la Iglesia. ¡Padre Sáenz, ruegue por nosotros!

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#173 Message par InHocSignoVinces » mer. 14 août 2019 19:03

"Todo lo que viene sucediendo en la Iglesia, escribe en la revista española "¿QUÉ PASA?" Aurelio Roca, es
una consecuencia lógica de las tácticas del "acercamiento al mundo" y de la "renovación de las
estructuras" con adaptación a los "SIGNOS DE LOS TIEMPOS".
Ha bastado se ponga en circulación una
deformada interpretación del "pacifismo" —fundamentándola en las innovaciones del último Concilio— y se
ejerciesen unas presiones bien orquestadas dentro de ciertos sectores vaticanos, que gozan de todas las
inmunidades, para que Paulo VI se decidiese a disolver, sin nostalgia, la Guardia Noble, la Guardia Palatina y
la Gendarmería pontificia, salvándose de esta disolución un contingente de la Guardia Suiza muy mermado en
sus efectivos, ejerciendo funciones estrictamente ceremoniales. Las disueltas Guardias Palatina y Guardia
Pontificia tenían a su cargo el mantenimiento del orden público en todo el territorio y, sobre todo, la cuidadosa
vigilancia del incalculable tesoro artístico, religioso y documental, que en el Vaticano se ha ido acumulando en
calidad de patrimonio de la Iglesia Universal, lo que equivale a decir, de todos los católicos. Los últimos
informes —publicados en los últimos años del glorioso pontificado de Pío XII— que hacían referencia a un
período no muy extenso, señalaban que la hoy disuelta Gendarmería Pontificia había evitado 527 robos y
frustró 211 intentos de atentados perpetrados por anarquistas, locos o revolucionarios de todo pelaje y
plumaje, poseídos de una acusada vocación iconoclasta, los cuales, mediante múltiples procedimientos,
habían intentado dañar, destruir o robar, obras escultóricas, pictóricas, documentales o murales de la Basílica
de San Pedro, de la Capilla Sixtina, de la Biblioteca Vaticana u otras dependencias de la sede pontificia. El
salvaje atentado, perpetrado por el húngaro Laszlo Toth contra la célebre escultura de Miguel Ángel "La
Piedad",
no es sino la lógica consecuencia de haber enviado a Nueva York esa preciosa escultura, para
diversión del turismo y la lenta, pero segura autodemolición que lleva a cabo el pontífice infiltrado Juan B.
MONTINI.


He citado este incidente, porque es revelador, porque es simbólico: para mí el atentado a la "Piedad" de Miguel
Ángel no es sino una representación tangible de lo que el Vaticano II y los dos últimos pontífices han hecho y
están haciendo en la Iglesia. Porque nadie puede sospechar siquiera la significación, la utilidad y el terrible
peligro de un Concilio, influenciado y controlado por los judíos. Su significado, su conveniencia, su grave
amenaza estaban en el asalto masivo contra la Iglesia, por un concilio desconcertante y democrático, que
revivió de un modo o de otro todas las antiguas herejías, a título de "aggiornamento", de "ecumenismo",
de "diálogo", de progreso, para destruir así insensiblemente nuestros dogmas, nuestra moral, nuestra liturgia y
la disciplina de la Iglesia tradicional y apostólica.
La debilidad y poco éxito con que los antiguos infiltrados en
la Iglesia (la infiltración judaizante ha sido un mal, desde los tiempos apostólicos, para destruir la obra de Cristo) habían
tratado de realizar sus perversos designios, fracasaron, porque sus ataques se habían concentrado en un
dogma, en una religión; habían sido inspirados por pequeñas ambiciones, de estrecha proyección. Pretendían
tan sólo sembrar la duda o la herejía en contra de una verdad de nuestra fe, principalmente contra la divinidad
de Cristo y la Virginidad de María Santísima. El plan montiniano fue grandioso, a no dudarlo, ya que estaba
masivamente dirigido contra todas las verdades de la fe, en escala mundial, apoyado por un concilio y por un
Papa,
encaminado, sobre todo, a la tangible destrucción de las cuatro notas características de la verdadera y
única Iglesia de Jesucristo.



Todo favoreció la realización de este plan diabólico: la facilidad de comunicaciones, la rapidez para escribir y
para imprimir la ingente literatura preconciliar y conciliar, en la que el veneno se difundió por todo el mundo, las
múltiples infiltraciones que, en todos los niveles, eclesiales y laicales, se dedicaron a la satánica tarea de
desorientar, a título de obediencia, de veneración a nuestros jerarcas y al papa, a los católicos, que firmes
en la fe, sabían descubrir y denunciar esas falsas derechas, más nocivas, más desorientadoras, que los
mismos descarados enemigos.
La infiltración trabajó y trabaja a gran escala, bien financiada, bien aconsejada
y bien disfrazada de sumisión filial, de "ecumenismo", de "Muro" de las lamentaciones, de "GUIA", con su
ambición continental. ¡Ay, los Abascal, los Salmerón, los Plata, los Octavios, los Aviles, los Alvarez Icaza, los
Quiroga y tantos otros, como hoy vemos, que, por defender a Paulo VI, han traicionado a Cristo y a su Iglesia!


CONTINUARÁ...
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"El plan montiniano fue grandioso, a no dudarlo, ya que estaba
masivamente dirigido contra todas las verdades de la fe, en escala mundial, apoyado por un concilio y por un
Papa,
encaminado, sobre todo, a la tangible destrucción de las cuatro notas características de la verdadera y
única Iglesia de Jesucristo".


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"¡Ay, los Lefebvre y compañía..., que, por defender a Paulo VI, han traicionado a Cristo y a su Iglesia!"

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#174 Message par InHocSignoVinces » lun. 19 août 2019 17:42

¿Dónde está la UNIDAD de la Iglesia? No existe en la doctrina; no se da en los Sacramentos, en la liturgia; no
en la moral de circunstancias, en la moral subjetiva; no existe siquiera en la disciplina. Los obispos, con su
colegialidad y su corresponsabilidad, minaron la autoridad papal;
el mismo Montini con el falaz engaño de la
Iglesia de los pobres, de la vuelta a la pureza de las fuentes,
buscaba en realidad el proceso de
desintegración,
planeado en los antros del judaismo, de la masonería, del comunismo. Hay división en todas partes, hasta en el hogar cristiano, que había sido la fortaleza de nuestras santas tradiciones.


¿Dónde está la SANTIDAD de la Iglesia? Hoy nada es pecado; en los pulpitos gritan esos curas traidores que
el único pecado es el pecado comunitario. En lo demás, todo es permitido, todo es lícito, con tal de que se
haga con amor. Las comunidades religiosas, salvas pocas y honrosas excepciones, están en plena
decadencia, en un estado agónico, en franca descomposición ideológica y moral, como lo vimos en la
tremenda condenación del caso del Seminario de Montezuma; como lo denuncia la opinión pública, que, con
razón, se escandaliza al ver a los religiosos en los sitios vedados, no digo ya a los religiosos, sino a cualquier
católico de moral y decencia.
Ahora el santo es juzgado como anormal y como loco, como un enfermo mental,
que debe ser internado en una clínica psiquiatra.



La CATOLICIDAD de la Iglesia fue sustituida por "ese ecumenismo", invención satánica, que ha paralizado las
verdaderas conversiones, que ha multiplicado las apostasías, que está haciendo tremendos e irreparables
estragos en la fe de muchísimos buenos católicos.
El mandanto del Divino Maestro "Id y predicad", "id y
evangelizad",
fue cambiado por el mandato montiniano: "Id y dialogad"; y el diálogo nefando nos ha llevado a equiparar la Iglesia con las sectas, con las religiones paganas, hasta llevar a Paulo VI a sentarse en el
CONSEJO MUNDIAL DE LAS IGLESIAS, al lado de los herejes, apóstatas y carentes de toda verdadera
religión, para pronunciar un discurso lamentable, absurdo, injurioso para la VERDAD REVELADA, vergonzoso
para la Iglesia fundada por el Hijo de Dios.



¿Y la APOSTOLICIDAD? Se rompió el hilo permanente de la tradición apostólica; ya nadie acepta ni toma en
cuenta los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia; ya la voz del Magisterio de los Papas y Concilios
anteriores perdió para esos innovadores el carisma de la infalibilidad, de la inmutabilidad, de la universalidad.

La Iglesia Católica empezó, para esos falsos hermanos, con Juan XXIII, con Paulo VI y con el Vaticano II. Lo
que hace unos veinte años condenó Pío XII es lo que ahora Montini acepta, difunde, defiende, aunque en sus
discursos, de vez en cuando, se lamente, repruebe o parezca reprobar, y aun finja un llanto de dolor, ante la
subversión triunfante en la Iglesia.
El y solamente él es el culpable.


No ha habido oposición ninguna; las voces que en el Concilio se levantaron valerosas para protestar y luchar
contra el asalto de la fortaleza, fueron pronto calladas: a unos, con el pretexto absurdo y diabólico de la edad,
se les arrojó de sus Sedes; a otros se les convenció dolosamente con promociones indebidas al cardenalato; y
los que siguieron dando la batalla se encontraron bloqueados por la incomprensión, por las calumnias, por la
difamación, por la pobreza (ésta sí verdadera, no de nombre, como la de los progresistas, los de auto, de diversiones y de
mujer).
La prensa católica cayó en sus manos, por no mencionar a la prensa comercial y profana, como
la "cadena De García Valseca" en nuestra patria, a la que la voz melosa y traicionera de un jesuita, el P.
Escalada, obligó al coronel, so pena de la "excomunión" y de la condenación eterna, a despedir o silenciar a
los defensores de la ortodoxia. Es verdaderamente descarada esa entrega de la mayoría de periódicos y
revistas, que en manos de la judería o de sus satélites, han cerrado sus puertas al defensor de la verdad, para
abrirlas al de las "Sumas y Restas", el doblemente traidor, de España y de México, a los GENARITOS, a los
Ochoa Mancera, a los Moya García, a los Mugenburg.


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"(...) Lo que hace unos veinte años condenó Pío XII es lo que ahora Montini acepta, difunde, defiende, aunque en sus
discursos, de vez en cuando, se lamente, repruebe o parezca reprobar, y aun finja un llanto de dolor, ante la
subversión triunfante en la Iglesia.
El y solamente él es el culpable.

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#175 Message par InHocSignoVinces » mer. 21 août 2019 19:55

Este mundial y masivo asalto; ese éxito incuestionable de la subversión ha sorprendido a los mismos
enemigos,
que nunca habían soñado en un triunfo tan completo, tan rápido y tan universal. Y son los obispos,
son los cardenales los grandes culpables.
Porque, aunque ya la infiltración era muy grande y Juan XXIII supo
seleccionar a los que la "mafia" había escogido para ocupar los puestos cardenalicios vacantes, así como los
episcopados y puestos de mando; sin embargo, no podemos negar que muchos de los Padres conciliares
fueron al Concilio con buena y sana doctrina, con la preparación necesaria para darse cuenta del verdadero
objetivo del Concilio Pastoral. La acción arrolladora de los "expertos", el lavado cerebral que se hizo a los
grupos episcopales y, sobre todo, las directivas del Concilio (recordemos la frase de Rahner) hicieron que con
apariencias de una absurda e inadmisible democracia, Montini y su equipo llevasen adelante con rapidez
asombrosa el plan hábilmente preconcebido no tanto por el judaísmo, sino por su aliado el
satanismo mismo.


Ningún Concilio, planeado en secreto, con el propósito de destruir la Iglesia, puede ser un Concilio verdadero,
en el que el Espíritu Santo enseñe a los hombres la verdad.
Debemos escoger: o el Concilio de Trento, el
Vaticano I y todos los otros Concilios que les precedieron fueron verdaderos Concilios, dirigidos por el Espíritu
Santo,
y en ese caso no podemos estar de acuerdo con el Vaticano II, el Pastoral Concilio de Montini; o este
Concilio no es la obra de Dios, sino la obra de los enemigos de Dios.
Porque, ni el "aggiornamento", ni
el "ecumenismo", ni el "pueblo de Dios", ni "la colegialidad", ni el "diálogo", ni "libertad religiosa", ni
la "exoneración de los judíos" es la voz de la Iglesia de veinte siglos.



Pero, hay una prueba más decisiva: "el pluralismo religioso", la nueva trampa, excogitada por Maritain y por
Montini, como la solución práctica para el establecimiento de esa unidad en la desigualdad de creencias, de
ritos, de moral, de disciplina, de religiones.
Mientras los católicos continuaban haciendo conversiones, un
equipo de sacerdotes, como el P. John Hardin, S. J., recorrían los países y daban conferencias a sacerdotes, a
seminaristas y a laicos, para convencer a todos de que, ante el peligro nuclear, la paz estaba sobre todo; que
para alcanzar esta imperiosa paz, era necesario interrumpir el trabajo de hacer proselitismo católico, para dejar
el campo abierto al
"pluralismo", en el que todas las religiones podían convivir pacíficamente en la más
estupenda hermandad.
Era el secreto pacto que los católicos habían hecho con sus mortales enemigos: los
protestantes, judíos y hasta con los mismos masones y comunistas.



CONTINUARÁ...
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"(...) La acción arrolladora de los "expertos", el lavado cerebral que se hizo a los
grupos episcopales y, sobre todo, las directivas del Concilio (recordemos la frase de Rahner) hicieron que con
apariencias de una absurda e inadmisible democracia, Montini y su equipo llevasen adelante con rapidez
asombrosa el plan hábilmente preconcebido no tanto por el judaísmo, sino por su aliado el
satanismo mismo.

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#176 Message par InHocSignoVinces » sam. 24 août 2019 11:27

No más apostolado de conversiones; debía cesar el proselitismo de los católicos; no el de sus enemigos. Un
nuevo lenguaje vino a sustituir el lenguaje de la tradición católica. Se empezaron a oÍr frases blasfemas como
si fueran la última expresión de la verdad católica.
"Somos una sociedad pluralista", con autoridad casi dogmática,
declaró el P. John Courtney Murray, S. J. Con la interpretación del judío que dominaba en Roma, la paz para
Roma significó la paz con los judíos.
No es la paz de Dios la que ha buscado nunca Juan B. Montini, sino la
paz del hombre, en la esclavitud del socialismo. Lo que ahora debemos admitir los católicos es que Satanás y
Cristo pueden ir del brazo, y entrar y salir juntos en el Vaticano.
El P. Courtney ya murió, como han muerto
muchos de esos activistas del Concilio, que hicieron en la Iglesia esa labor satánica. ¡Ya han sido juzgados por
Dios! Pero no ha muerto su escuela, ni su secta. El Cardenal John Wright, Secretario de la Congregación del
clero, en la primavera de 1971, en una entrevista que concedió a un P. Dominico, editor de Priest Magazine,
dijo: "Difícilmente puede ya sorprender a ninguno de los que me siguen el concebir al "pluralismo
religioso"
como parte de la tradición católica".



Viene aquí muy oportunamente una crítica publicada en España contra uno de esos falsos profetas,
anunciados de antemano por la Sagrada Escritura, que, por desgracia, es un miembro de la Jerarquía, de los
que lentamente están siendo seleccionados para llevar adelante el plan destructivo de la Iglesia:
"¿LA HEREJÍA DE LA TRADICIÓN? - Ha hablado un dignatario de la Iglesia. El que hable una persona así nos obliga a escuchar con la mayor atención, porgue ya los católicos que nos preciamos de serlo vamos formando mentalmente una especie de fichero
teológico-moral, para saber de quién podemos fiarnos, para recibir la verdadera doctrina y quién puede ahora repartirnos el pan
de la verdad en la fe y en la moral.


Bien; ha hablado una Jerarquía. ¡Santo Dios, lo que ha dicho! Que Él le perdone los disparates, más o menos proféticos, pero
tremendos, que ha vertido. Suponemos que al haber recibido, con la consagración episcopal, la plenitud del sacerdocio y los
SIETE, sí, SIETE Dones del Espíritu Santo, ha de haber ascendido a las alturas místicas propias de especiales gracias celestiales
y, sin embargo, o mejor dicho, por eso nos ha dejado perplejos. Nosotros, los refractarios a la droga de la "adultez
postconciliar",
conservamos el sentido común y unas migajillas de teología, que nos ayudan y sostienen en esta lucha contra el
poder de las tinieblas; apoyándonos en ambas cosas, vamos ahora a exponer los motivos de nuestro asombro y perplejidad.
Es el
caso que, en esta Babel de herejías consentidas (¿Por quién, sino por Paulo VI?), de ataques a los dogmas sagrados de la religión católica, de "Nihil obstat", "Imprimí potest" e "IMPRIMATUR" inexplicables en publicaciones de manifiesto error herético, de pastores consentidores de propaganda abiertamente ofensiva a la moral y a la fe católica, y en plena publicación, tristemente
famosa del famoso documento de los 33, una dignidad de la Iglesia se ha dirigido a nosotros, los fieles A LA TRADICIÓN DE LA
FE Y DE LOS DOGMAS, tachándonos nada menos que de herejes y de Iglesia paralela (no; no se refiere al IDOC ni a las
comunidades de base, ni a los subterráneos de la Iglesia; es a nosotros, señores, es a nosotros. . .1 ). Y lo ha hecho precisamente
con ocasión de hablar de los dos dogmas atacados en el documento citado: LA ENCARNACIÓN DE CRISTO Y LA SANTÍSIMA
TRINIDAD. ¡Quién lo hubiera dicho! En vez de dirigirse a los verdaderos herejes, a los que los obispos de todo el mundo,
encabezados por graves advertencias y admoniciones de Roma, han señalado, desautorizándolos y condenando sus doctrinas, se
ha vuelto airado contra nosotros y, como digo, nos ha tachado de HEREJES y lo ha hecho con estas increíbles palabras: "Es casi
como para hablar de la herejía de la Tradición". El disparate es monumental, porque es imposible que exista una herejía de la
Tradición,
como es imposible que se dé una herejía de la verdad. Todos sabemos que, para que haya herejía, se necesitan estas
dos cosas: 1a) La negación o el ataque a un dogma de la fe católica y 2a) La pertinacia en sostener el error, después de ser
advertido.
Ahora bien, ¿cómo se puede sostener que los defensores de la SANTA E INTANGIBLE TRADICIÓN, por la cual la
Iglesia Católica ha ¡do trasmitiendo la fe y los dogmas, durante veinte siglos, hayamos incurrido en herejía precisamente por
defender -y estar dispuestos para hacerlo, hasta llegar a la entrega de nuestra propia vida TODOS LOS DOGMAS, que hemos
recibido de nuestra Madre la Iglesia Católica...?



"¿En qué se funda el Sr. Obispo al decir esto? . . . Pero sepa él y todos que no vamos a ceder, porque ES PRECISO OBEDECER A
DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES,
y cuando una jerarquía no habla en unión de todos los obispos y en COMUNIÓN CON EL
LEGITIMO PAPA, aunque nos diga que está hablando en esta forma, no tenemos obligación de obedecerle y, es más, en
ocasiones, faltaríamos incluso obedeciéndole.

A CONTINUACIÓN... CAPITULO XI - ¿PUEDE HABER UN PAPA ILEGITIMO?

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