"SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#231 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 juin 2020 20:23

"Lo peor que puede hacer hoy una persona es ir a un país subdesarrollado, o en vías de desarrollo, queriendo
imponer una ideología o una mentalidad. Este hombre ya está perdido. En poco tiempo estará fuera de ese
país, porque no lo aceptan, y con razón, pues cada quien tiene su idiosincrasia y derecho a desarrollar su
propia ideología. Esto repercute en nuestro trabajo apostólico en el sentido de que somos hijos de nuestros
hijos y sin darnos cuenta podemos llevar esta manera de pensar".
Estas palabras del P. Arrupe, son un
programa, detestable programa, que viene a contradecir el mismo programa evangélico.
Jesucristo dijo: "Id y
predicad; id y enseñad".
Y la predicación y la enseñanza, en su misma esencia, tienden necesariamente a
cambiar, a enriquecer la mentalidad y los conocimientos de los discípulos. El misionero necesariamente, por
razón de su misma vocación, está comprometido con Dios, no con los hombres, a difundir la buena nueva, a
cambiar la mentalidad de los neófitos, a deshacer las tinieblas del error y del pecado en las que, por siglos,
han vivido esas gentilidades, cuya identidad es precisamente el impedimento que hay que remover para la
transformación radical y salvadora.



El Prepósito General comprende luego su error y quiere componerlo, hundiéndose más en sus propias
elucubraciones: "Yo no aplicaría jamás —y que quede bien claro— que la Iglesia ha tenido nunca colonialismo.
La Iglesia ha dado a veces esa impresión, por sus métodos educativos, por su modo de ayudar, por sus
estudios, hasta por sus edificios..."
¡Qué contradicción más manifiesta! ¡qué desorientación fundamental en los
principios!
La Iglesia nunca ha tenido colonialismo, aunque la Iglesia ha dado a veces esa impresión, por sus
métodos educativos... El P. Arrupe supone las misiones y niega las misiones, al suponer que es colonialismo o
algo parecido al colonialismo el pretender modificar, aunque sea para cristianizar, la mentalidad de los pueblos
paganos.
"Un misionero que vaya a un país del Tercer Mundo tiene que ir a servir a ese país, supeditado a las
autoridades de ese país, y de acuerdo con la mentalidad de ese país. Si no lo hace así, mejor que no vaya,
porque se convierte en un estorbo".
Con este criterio, las misiones católicas salen no digo ya sobrando, sino
salen estorbando, ya que forzosamente el misionero, en su labor apostólica, tiene que mejorar y aun, en
muchos casos, contradecir los moldes de una vida rudimentaria y aun antagónica a los principios mismos de la
religión católica.



Si así habla el General, ¿cómo hablarán los simples soldados? Después de estos breves comentarios, que
hemos hecho a los conceptos novedosos del P. Arrupe, ¿habrá todavía ingenuos que sigan creyendo en la
apostólica labor de los jesuitas, en estos tiempos de transformación y de aggiornamento? ¡Compañía de
Jesús!
¡Ay, Jesús, que Compañía!


A CONTINUACIÓN... TRES ACTITUDES DISTINTAS FRENTE AL NEO-MODERNISMO

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#232 Message par InHocSignoVinces » ven. 03 juil. 2020 19:03

TRES ACTITUDES DISTINTAS FRENTE AL NEO-MODERNISMO


San Gregorio Magno escribió una frase memorable, que, en las actuales circunstancias de herejía, de
apostasía y de cisma, nos parece de una importancia capital, para esclarecer la conciencia
de tantos timoratos
o engañados, como hoy, consciente o inconscientemente, están colaborando, en la "SATANICA
REVOLUCION", que, desde dentro, llevan a cabo esa "autodemolición" de la Iglesia fundada por Cristo:



"Si, para defender la verdad —escribe el gran Pontífice— se corre el riesgo de que sobrevenga un escándalo,
es preferible que venga el escándalo, antes que dejar de defender la verdad".



Y el melifluo San Bernardo, en frase de idéntico sentido escribe: "El que, por obediencia, se somete al mal,
está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a El".
Citemos unas palabras del divino Maestro,
que confirman las dos frases de esos dos santos: "Porque es forzoso que vengan escándalos (dada la fragilidad y malicia de los hombres); pera, ¡ay de aquél por quien el escándalo viniere! Si tu mano o tu pie te hace tropezar, córtalo
y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la vida manco o cojo, que ser, con tus dos manos o tus dos
pies, echado al fuego eterno".
(Mat. XVIII, 7 y ss.).


Ante la subversión actual en la Iglesia —guerra satánica, total, a muerte contra la religión— sólo son posibles tres actitudes: la de la claudicación, la de la sumisión y la de la resistencia. La primera actitud es la de aquellos que ya perdieron la fe. Al asumir esta actitud los católicos (sean simples fieles, sean sacerdotes, sean
obispos, o cardenales o sea el papa) no sólo se han pervertido, no sólo han abandonado la fe tradicional, sino que
se han convertido en "activistas" incansables, en difundidores y defensores de las herejías modernistas.
Conscientemente quieren la "autodemolición" de la Iglesia y a ella consagran todos sus recursos y las torcidas
interpretaciones que su soberbia ha dado a la Palabra Revelada.


Los "sumisos", que, por desgracia abundan, por incapacidad mental, por conveniencia o por cobardía, insisten en defender que,
en el bien o en el mal, en la verdad o en el error, debemos estar con el Papa y con los obispos, de tal manera que es preferible ir al
infierno por obediencia que ir al cielo por esa que ellos llaman desobediencia. A muchos de éstos o les falta
cabeza o les falta ciencia o les faltan "pantalones", para decidirse a obrar, según su conciencia y el don
sobrenatural de la fe que en el Santo Bautismo recibimos.



La tercera actitud, la única verdaderamente católica, coherente, provechosa y necesaria para la vida eterna, es la que, ante los evidentes derrumbes en la Iglesia de Dios, ante la "autodemolición", que estamos presenciando y de la cual el mismo Paulo VI ha dado
testimonio; ante el hecho innegable de que ahora hay ya dos religiones, dos "economías" del Evangelio, dos
distintas "mentalidades", ellos con plena conciencia de su responsabilidad ante Dios y ante los hombres,
solemnemente declaran: que entre la religión de veinte siglos, de todos los Papas y de todos los Concilios, y la
religión del "aggiornamento", del "ecumenismo", la de Juan XXIII, Paulo VI y su Concilio Pastoral, están o
estamos dispuestos, incluso a costa de la vida, de todas las difamaciones, calumnias y afrentas, a conservar la
fe de siempre, la fe de nuestro bautismo, la de nuestra eterna salvación.



La primera actitud es, humanamente hablando, muy jugosa: protección y aprecio de los obispos, de los
párrocos, de los que están en el poder; buenas entradas de dinero, libertad para hacer y decir lo que se quiera,
perspectivas halagüeñas de futuras promociones, de dignidades y puestos de mando. Están haciendo su
carrera para llegar a Monseñores, a cancilleres, obispos y cardenales; sobre todo ahora, cuando, para
alcanzar esos puestos honoríficos, no se necesita la ortodoxia, la limpieza de costumbres, ni la ciencia
suficiente en los promovidos, sino basta tan sólo una fidelidad ejemplarizada a la nueva religión.
Este grupo lo
forman los traidores; los apóstatas, herejes o cismáticos; los que no creen en nada, porque han perdido el
don sobrenatural de la fe.
Y los pecados contra la fe son pecados contra el Espíritu Santo, que difícilmente
se perdonan, porque la fe, cuando se pierde no se recupera fácilmente.



La segunda actitud es lastimosa, digna de compasión. Están engañados; sospechan, sin embargo, que la cosa
no va bien, pero les falta la decisión para investigar, en la verdad y sinceridad de su corazón, dónde está la
VERDAD REVELADA, si en el Vaticano II, Juan XXIII y Paulo VI o en los Concilios todos anteriores y en los
Papas legítimos de la Iglesia, predecesores de los dos últimos Papas.
Porque hay contradicción evidente; hay
dos religiones opuestas; hay la Iglesia de las catacumbas
y la iglesia triunfalista de Juan B. Montini, que no es la de Cristo. La indecisión, la cobardía no excusan de pecado; ni la ignorancia, a no ser que ésta sea
invencible; pero recordemos que, en los bautizados, no puede darse esa ignorancia invencible en las verdades
elementales para la salvación, a no ser que se haya perdido voluntariamente el don sobrenatural de la fe, por
un pecado contra la fe.
Esto es lo que está pasando, trágicamente, la fe se está perdiendo sin que la gente se
dé cuenta;
la nueva religión se ha aceptado con una increíble docilidad, y, al aceptar la nueva religión,
necesariamente se pierde de modo progresivo, insensible y rápido, la fe.



Aquí también señalamos la inconmensurable gravedad de los pecados contra la fe de los obispos y de los
sacerdotes, aunque sean monseñores o sean cardenales, por cuya culpa —aunque sea ésta tan sólo de omisión—
las almas inmortales se están yendo al infierno, aunque ellos digan que no hay infierno.



No queda, pues, sino la última postura racional, libre, resulta, inconmovible: la de la resistencia. Lucharemos, sí, lucharemos, con la gracia de Dios; lucharemos hasta la muerte; lucharemos, aunque en su furia Su Eminencia o personas arriba de su eminencia quieran echar sobre nosotros otra "excomunión". Si esto es para
el P. Antonio Brambila el querer yo excomulgarme; para mi conciencia sacerdotal y católica esto significa
querer salvarme, querer morir en la fe de mis antepasados.
Que él y los que le siguen busquen realizar el
imposible de unir el no ser con el ser.



FIN

R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga, SJ.



A CONTINUACIÓN... APÉNDICE de RENÉ CAPISTRÁN GARZA

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#233 Message par InHocSignoVinces » mar. 14 juil. 2020 19:18

APÉNDICE
Por RENÉ CAPISTRÁN GARZA


En publicación desplegada —única forma en que la libertad doméstica de expresión me permite expresarme
con libertad— impugné el Decreto de Excomunión que el señor Cardenal Arzobispo don Miguel Darío Miranda
y Gómez, Primado de México, dictó contra el señor Pbro. el doctor don Joaquín Sáenz Arriaga, por una serie
de hechos aparentemente gravísimos que enumera, sin probarlos, el propio Decreto Cardenalicio. El
desplegado en cuestión se tituló: "La Excomunión del Padre Sáenz es Antijurídica y Anticanónica"; apareció en
EL UNIVERSAL, el día 17, y en "El Heraldo de México" el día 18. Llamo libertad doméstica de expresión, no a
la libertad consagrada por las leyes y respetada escrupulosamente por el Poder Público, sino a la libertad
condicionada y limitativa que priva intramuros de algunos periódicos oscilantes.


En dicho desplegado demostré, en forma contundente —no desmentida, ni aclarada, ni rectificada hasta ahora,
ni por la Sagrada Mitra, ni por ningún comentarista de los muchos que disintieron con todo derecho de mi
parecer, y transcurridas ya más de dos semanas de su aparición— dos cosas básicas: que el famoso Decreto
de Excomunión, posteriormente negado, dándole la vuelta de que el propio Sáenz Arriaga se había
autoexcomulgado y que en el Decreto sólo se daba al interesado noticia oficial del susodicho acontecimiento, y
que el dignatario excomulgador excomulgó fundándose en un Canon derogado por el Derecho Canónico
Postconciliar —aunque no hubiera sido derogado dicho Canon, como lo fue— tampoco hubiera podido
excomulgar el excomulgador ni el P. Sáenz ni a nadie,
porque a su vez el excomulgador sí había caído en el
delito de herejía al conceder el Imprimatur al libro blasfemo
"Marx y la Biblia", del P. Porfirio Miranda y de la Parra, S. J., siendo como es doctrina vigente de la Iglesia (Decretal citada de Graciano) que el excomulgado pierde, por el hecho de serlo, la potestad de excomulgar.


Estas dos incuestionables cuestiones fueron el objetivo concreto —y concretamente contenido— del desplegado
que publiqué libremente, gracias a la libertad de expresión imperante en el periódico donde tuve el inseguro y
transitorio honor de escribir durante siete años. Como era total e indefectiblemente imposible probar la no
derogación del Canon que establecía anteriormente la pena de excomunión por publicar un católico obras calificadas
de contrarias a la fe, de opuestas a la Iglesia y de impugnadoras de la conducta del Pontífice, como en el caso atribuyó
por sí y ante sí el señor Cardenal a "La Nueva Iglesia Montiniana", del P. Sáenz, y como esa derogación clara
y patente la apoyé en textos precisos, incontrovertibles e irrecusables del Código Vigente, no ha quedado a los defensores de la actuación
cardenalicia otro camino que el inaudito y casi inconcebible de negar, en una o en otra forma, lo antijurídico y
anticanónico de la postura del eminente prelado para eludir lo arbitrario e ilegal de la excomunión, aunque sin
presentar un solo texto de la ley que la justifique, ni exculparlo a él de la intervención SUYA en el Imprimatur
SUYO a "Marx y la Biblia".


Pero más que escurrir el cuerpo a lo improcedente de la excomunión, que de suyo es cosa de máxima
gravedad, resulta penosamente notorio el denodado empeño de sus puntales en la curia para negar —
pasando sobre toda lógica, sobre el sentido común, sobre el Derecho y sobre la verdad— que del Imprimatur
del señor Cardenal a "Marx y la Biblia" no tiene la menor culpa ni la menor responsabilidad el señor Cardenal.
Evidentemente que si del Imprimatur del señor Cardenal a "Marx y la Biblia" no es responsable ni de lejos el
señor Cardenal, el señor Cardenal no ha incurrido en herejía alguna y conserva incólume la potestad —que
usa tan a gusto— de excomulgar a malvados heresiarcas como el marginado Sáenz Arriaga.


De entre todo el fárrago de anhelosas y acezantes defensas que se han publicado en los periódicos de ambas
cosas ilícitas —aplicar una ley inexistente para excomulgar a Sáenz Arriaga, y negar un imprimatur existente
que aparece impreso y firmado en cada ejemplar de "Marx y la Biblia", para exculpar y rehabilitar al señor
Cardenal devolviéndole la potestad excomulgadora,
sobresalen dos documentos de excepcional importancia
por la inconsistencia, vacuidad y raquitismo de su argumentación y por la calidad también excepcional que por
su vasta cultura y personal categoría debe suponerse en sus ilustrados autores: "Sobre una Excomunión", por
el P. Antonio Brambila, publicado en "El Sol de México" del 22 de enero, y la Declaración del Provincial de la
Compañía de Jesús, sobre el libro "Marx y la Biblia", que apareció en varios diarios del día 26 del propio mes.


CONTINUARÁ...

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#234 Message par InHocSignoVinces » sam. 25 juil. 2020 18:23

El P. Brambila empieza por darnos una conmocionante sorpresa. En tanto que muchedumbre de comentaristas
—entre ellos el inefable Moyita, de EL UNIVERSAL— han venido sosteniendo a marchamartillo y a rajatabla,
que es inexacto, falso y mentiroso, que el señor Cardenal Arzobispo haya excomulgado al P. Sáenz Arriaga —
sino que fue el propio P. Sáenz Arriaga quien al escribir su nefando libro se autoexcomulgó, colocándose, claro,
por sí mismo y voluntariamente, fuera de la Iglesia, tanto por el contenido de la obra cuanto por haberla
publicado sin el debido Imprimatur — el estimable y reconocidamente veraz P. Brambila empieza su artículo
diciendo: "La excomunión del P. Joaquín Sáenz Arriaga, publicada en un Decreto del señor Arzobispo de
México fechada el 18 del pasado diciembre, ha provocado, como era de prever, un cierto revuelo..."



¡Ah! ¿Pero entonces hubo acaso un Decreto de excomunión, excomunión que nadie había declarado, contra el
P. Sáenz Arriaga, publicado y firmado el 18 de diciembre por el señor Arzobispo de México?
Contra el
desautorizado parecer de todos los que lo niegan, está el autorizado parecer del P. Brambila que lo afirma.
Hubo una excomunión. Nadie la declaró. Esa excomunión se publicó en un Decreto —no en un informe— del
señor Arzobispo. Cualquiera de los muchos necios que en el mundo somos, sabe que la excomunión de un
sacerdote o de un seglar, sólo puede dictarla el Ordinario —el Ordinario, no se interprete mal— es el Obispo
con jurisdicción sobre el excomulgado; no por este o por aquél Obispo cualquiera, por Ordinario que fuere, sino
por el Obispo correspondiente.
Se exceptúa en estos casos comunes, el caso extraordinario de una
excomunión dictada por la Santa Sede. Claro que lo que puede el Obispo lo puede con mucha mayor suma de
razón, el Papa.


Pero el P. don Antonio Brambila, además de ser veraz, no es tonto; no es ignorante. Muy por el contrario, es
inteligente y es ilustrado. Y para no caer en sus propias redes afirma que el señor Arzobispo NO
EXCOMULGO a Sáenz Arriaga, sino que "simplemente lo declaró excomulgado". ¿Por qué?
Es muy diferente
que un Obispo excomulgue a alguien, a que un Obispo "declare excomulgado" a alguien a quien no se sabe
quién excomulgó.
De ahí la brillante tesis de que Sáenz Arriaga no fue excomulgado, ni mucho menos, por el
señor Arzobispo, sino que torpemente se autoexcomulgó a sí mismo y por sí mismo, debido a sus nefandos
errores, entre ellos el principal, señalar al Papa como responsable de que varios obispos y cardenales
esparcidos por todo el Orbe y aún él mismo, acaudillen la desviación de la doctrina, tanto en lo religioso
consintiendo confusiones dogmáticas, como en lo político, social y cívico, dirigiendo la proa de la Barca de San
Pedro hacia el "casi" victorioso marxismo-leninismo.



El señor Arzobispo no excomulgó a Sáenz Arriaga; el señor Arzobispo solamente declaró que Sáenz Arriaga
había incurrido en excomunión y él, el Prelado, se limita simplemente a hacerlo constar. Como lo haría un notario con Mitra.
Es, dice el P. Brambila para que lo entiendan mejor sus lectores, una pena "a iure" —establecida por el Derecho mismo—
y no una pena "Ab homine", que no la impone el Derecho, sino el hombre, es decir, el Obispo. El no sabe nada; él acaba de llegar.
Allá Sáenz Arriaga que "a iure" incurrió en su propia excomunión. Pero, ¿quién califica que Sáenz Arriaga
incurrió "a iure" en su propia excomunión de la que el Arzobispo sólo dio fe para que la gente buena se
enterase y no osara ponerlo en duda?
Pues califica el mismo señor Arzobispo —que dio el Imprimatur
a "Marx y la Biblia" sin leer la obra blasfema y herética del P. Porfirio Miranda, S. J.
Esta atrocidad de autorizar
sin leer, no la afirmo yo. La afirma el R. P. Provincial de la Compañía de Jesús, Enrique Gutiérrez, S. J., que
textualmente dice ("Novedades", 26 de enero, pág. 12): "Con toda sinceridad sentimos que la censura eclesiástica
dada por Buena Prensa al libro del P. Porfirio Miranda, haya provocado desorientación entre algunos lectores,
e indignos ataques al Excelentísimo Cardenal Miguel Darío Miranda, QUIEN CIERTAMENTE NO LEYÓ
DICHO LIBRO ANTES DE SU APARICIÓN AL PÚBLICO, COMO NI TAMPOCO LOS CENSORES
ORDINARIOS DE LA SAGRADA MITRA".
Esto, nada menos que esto, lo dice el Padre Provincial de la
Compañía de Jesús. ¿Qué había pasado, pues? ¿Por qué un libro que no había leído el señor Cardenal
aparece con el Imprimatur del señor Cardenal? Nos lo va a explicar, afortunadamente, el solícito señor
presbítero Brambila que está, como el señor Provincial de la Compañía, tan indignado por los indignos ataques
de que está siendo objeto Su Eminencia.



CONTINUARÁ...

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#235 Message par InHocSignoVinces » lun. 03 août 2020 12:51

El libro del P. Porfirio Miranda, S. J. "Marx y la Biblia" circula con el Imprimatur del señor Cardenal Arzobispo,
desde hace más de medio año. ¡Hace más de medio año, pues, que el Imprimatur cardenalicio a un libro
herético y blasfemo, sirve de pasaporte, causando escándalo en los fieles, en el supuesto remoto de que
todavía (1973) los fieles sean capaces de escandalizarse por algo!



¡Ah! ¿Pero ustedes creen que el Imprimatur del señor Cardenal lo puso el señor Cardenal? Pues están sus
mercedes completa y totalmente equivocados. El, ciertamente, no había leído el libro, según nos lo informa el
Padre Provincial; pero "otros" pusieron el Imprimatur. ¿Y quiénes fueron los temerarios? ¿Quiénes fueron esos
otros que pusieron el Imprimatur? Ni tampoco lo pusieron, agrega amablemente el P. Brambila, "ninguna de las
autoridades secundarias que en ausencia del Prelado tienen capacidad de darlo".
El Vicario General de la
Arquidiócesis "se enteró con algún retraso de la salida del libro; de que ostentaba el Imprimatur y de que
estaba lleno de graves errores. Y acaso por el retardo y porque el señor Cardenal estaba ausente, no se
apresuró a hacer una rectificación".
Acaso habrá sido por eso. Era preferible el escándalo inevitable. Pero —
agrega Brambila— "regresado el Cardenal, seguramente por el cúmulo de atenciones diversas y por haber
pasado un poco la actualidad del asunto, tampoco le pareció prudente volverlo a suscitar".
Entretanto, el libro
seguía circulando con el airoso Imprimatur. Era preferible que con el Imprimatur del señor Cardenal circularan
la blasfemia y la herejía de que el marxismo es la auténtica expresión del cristianismo, a que el señor Cardenal
se recargara demasiado de trabajo y "actualizara" errores que ya hacía como medio año circulaban con su
aval.
Tenemos, pues, que el tiempo, en primer lugar, y las ocupaciones, en segundo, hacen lícito dejar correr la barbaridad de que la herejía se halla dentro del dogma católico, que es a lo que equivale el Imprimatur en una
obra.



¿Pero si ni el señor Cardenal, ni las autoridades secundarias que en ausencia suya podían haberlo hecho,
pusieron el Imprimatur, quién fue, entonces, el fantasma que lo puso? Porque el P. Brambila declara
enfáticamente en el artículo citado: "Me consta que el señor Arzobispo NO concedió dicho Imprimatur". Menos
mal que después nos aclara que le consta también que sí lo concedió. Dice Brambila: "Lo que pasó con ese
Imprimatur se llama en castellano franco, simplemente abuso".
Y aquí la sensacional revelación: "los padres
jesuitas que trabajan en la Editorial Buena Prensa, han gozado de tiempo atrás de una autorización para
censurar ellos mismos la publicaciones que editan... es asunto de confianza, y hasta aquí los jesuitas se la
habían merecido justamente... pero
—agrega Brambila— la aprobación del Arzobispo de México no fue ni
pedida, ni dada. Y NO FUE LA EDITORIAL BUENA PRENSA la que editó el libro... simplemente se cometió el
abuso de poner el Imprimatur diciéndole al impresor que lo pusiera. Lo cierto es que el Arzobispo de México no
aprueba de manera alguna el pernicioso libro del marxista Miranda".
Hasta aquí el P. Brambila. ¿Pero no es
lícito, natural y casi obligatorio preguntar por qué, después de medio año de circular "el pernicioso libro", y de
que muchos comentamos con asombro el pequeño abuso del Imprimatur cardenalicio cometido por los
jesuitas, el señor Cardenal guardó absoluto silencio dejando correr la herejía, como doctrina conforme en todo
a la ortodoxia cristiana, para no "actualizar" una cuestión que ya, en seis meses, se caía de puro vieja?



Resulta, por tanto, de lo dicho, redicho, afirmado, reafirmado y confirmado por el P. Brambila —"El Sol de
México",
22 de enero, pág. 4— que la aprobación del Arzobispo de México para "Marx y la Biblia", no fue
pedida ni fue dada; que fue un abuso de los reverendos padres jesuitas poner el Imprimatur al pernicioso libro
y que "no fue la EDITORIAL BUENA PRENSA la que lo editó".


Debo ilustrar al lector acerca del hecho de que la Editorial Buena Prensa es propiedad de los reverendos
padres jesuitas, que según el P. Brambila cometieron el abuso de poner, sin permiso, el Imprimatur del
Cardenal al pernicioso libro. Y al P. Brambila le "parece injusto y dañoso que se acuse al Prelado de
complacencia con un hereje de izquierda, mientras declara excomulgado a otro hereje que es de derecha".
Al
mismo nivel el hereje Miranda y el "hereje" Sáenz. Pero para el uno el Decreto declarando que estaba
excomulgado y para el otro el Imprimatur, pequeño abuso no rectificado por falta de tiempo y elegante desdén
a la "actualización" de un hecho con medio año de antigüedad.


CONTINUARÁ...

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