VIDA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN (Fray Enrique Domingo Lacordaire OP)

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InHocSignoVinces
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Re: VIDA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN (Fray Enrique Domingo Lacordaire OP)

#111 Message par InHocSignoVinces » lun. 29 avr. 2019 12:34

El día de la fiesta de santo Domingo estaba ocupado por la fiesta de san Sixto, Papa y mártir. El día procedente, 5 de agosto, fue consagrado a la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves por el Papa Clemente XIII, y santo Domingo quedó señalado para el 4 de agosto, que es el lugar que ocupa actualmente en el calendario.

Exceptuando san Jacinto, Gregorio IX fue el último superviviente de los grandes hombres que amaron a santo Domingo y concurrieron al cumplimiento de sus deseos. Murió el 21 de agosto de 1241, a la edad de noventa y siete años, después de treinta de cardenal y catorce de pontificado, sin que la majestad de la edad ni la brillantez de las dignidades pudiesen superar en él esplendor de su mérito personal. Jurisconsulto, literato, negociador, unía a todos los dones del cuerpo y de la inteligencia la posesión de un espíritu magnánimo, en el cual cabían cómodamente santo Domingo y san Francisco, ambos canonizados por él,. Probablemente nunca se volverá a ver alrededor de un solo hombre figuras como Azevedo, Montfort, Foulques, Reginaldo, Jordán de Sajonia, san Jacinto, Inocencio III, Honorio III, Gregorio IX, ni tantas virtudes, ni tantas naciones ni acontecimientos concurrirán a tan gran fin en tiempo tan breve.

El culto de santo Domingo no tardó en extenderse por Europa con la bula que le canonizaba; le levantaron altares en gran número de lugares, pero Bolonia se distinguió siempre en su celo por el gran tesoro que la muerte le había proporcionado. En 1267 transportó su cuerpo desde la tumba sin mausoleo en donde reposaba, a un sepulcro más rico y adornado. Este segundo traslado lo efectuó con sus manos el arzobispo de Rávena, en presencia de muchos otros obispos, del Capítulo General de la Orden, del podestá y de los decanos de Bolonia. Abrieron el féretro, y la cabeza del santo, después de haber recibido el beso de los obispos y religiosos, fue presentada a todo el pueblo desde lo alto de un púlpito levantado fuera de la iglesia de San Nicolás. En 1373 el féretro fue descubierto por tercera vez, colocándose la cabeza en una urna de plata para que los fieles pudiesen gozar más fácilmente de la dicha de venerar aquel precioso depósito. Por fin, el 16 de julio de 1473, se levantaron de nuevo los mármoles del monumento y se reemplazaron por esculturas más acabadas, siguiendo el estilo del siglo XV. Fueron hechas por Nicolás de Bari y representan diversos rasgos de la vida del santo. No las describiré. Las he contemplado dos veces, y dos veces, al considerarlas de rodillas, he sentido, ante la suavidad de aquella tumba, que una mano divina condujo la del artista, forzando a la piedra a expresar sensiblemente la incomparable bondad del corazón cuyas cenizas cubre. Desde entonces no se ha tocado ya aquel glorioso sepulcro, y han pasado tres siglos sin que ojo alguno se haya posado sobre los sagrados huesos que contiene, ni aún sobre las tablas del féretro que los contiene. El mundo no ha sido ya digno de semejante aparición. Domingo descansaba, como se puede descansar cuando se ha guardado durante trescientos años el campo de batalla. Es que tenía que compartir con todos los hombres y todas las obras de la Edad Media la ingratitud de una posteridad seducida y esperar pacientemente en su sepulcro, sellado y mudo, esa justicia de revisión que no pueden rehusar siempre los hombres a quienes los han servido. Muchos de sus contemporáneos vieron cómo la Historia volvía a poner en pie sus estatuas derrocadas. No tengo la pretensión de haber logrado semejante éxito. Pero el tiempo, después de mi muerte, tomará la pluma; y a él dejo, sin temores ni recelos, el cuidado de terminar mi empresa.


FIN
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Fray Enrique Domingo Lacordaire, OP

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