EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#91 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:50

SEGUNDA PARTE - TRATADO PRIMERO QUE CONTIENE LAS ADICIONES AL COMBATE ESPIRITUAL

CAPÍTULO 1 - Qué cosa sea la perfección cristiana

Si quieres no fatigarte vanamente, y sin fruto, oh alma devota, en los ejercicios de la vida espiritual, como ha sucedido a muchos; ni caminar sin saber a dónde se dirige la vereda que sigues; conviene que entiendas y comprendas primeramente bien qué cosa sea la perfección cristiana.

La perfección cristiana no es otra cosa que una perfecta observancia de los preceptos de Dios y de su ley, con el solo fin de obedecerle y agradarle, sin declinar ni a la diestra ni a la siniestra, ni volver atrás (Deut. 32. – Isai. XX, 21). Et hoc est omnis horno (Ecles. XII 13): Y esto es todo el ser del hombre, o en esto consiste todo su ser.

De modo, que el fin de toda la vida del cristiano, que quiere serlo perfectamente, ha de ser engendrar y conservar en sí un hábito, con el cual, acostumbrándose a no hacer en cosa alguna su propia voluntad, todo lo que hiciere lo haga sólo como impulsado de la voluntad de Dios, y con el solo fin de agradarle, obedecerle y honrarlo.

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#92 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:50

CAPÍTULO II - Cómo conviene combatir para alcanzar la perfección cristiana

En pocas palabras se ha dicho todo lo que se pretende; pero reducirlo a la práctica, y ponerlo en ejecución, Hoc opus hic labor est: En esto está la dificultad, o consiste todo el trabajo: porque reinando en nosotros por el pecado de nuestros primeros padres, y por nuestros malos hábitos, una ley contraria a la de Dios; conviene que combatamos contra nosotros mismos, y contra el mundo y el demonio, que excitan y mueven nuestras guerras.

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#93 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:51

CAPÍTULO III - Tres cosas que son necesarias al nuevo soldado de Cristo

Declarada ya la guerra, ha menester para ello el nuevo soldado de Cristo, tres cosas que le son muy esenciales. Ha menester un ánimo grande, resuelto y determinado a pelear, y a no volver atrás: ha menester armas y saber manejarlas.

La resolución de pelear la ha de tomar de la frecuente consideración de que, Militia est vita hominis super terram (Job. VII, 1): La vida del hombre es una continua guerra, y de que esta guerra espiritual tiene por ley que quien no pelea como debe, de cierto perece y muere para siempre.

Conseguirás la grandeza de ánimo y valor que se requiere, si desconfiando de ti misma, pones toda tu confianza en Dios; teniendo por cosa cierta que el mismo Dios está dentro de ti para librarte de cualquier peligro.

Serás acometida y asaltada de los enemigos repetidas veces: mas todas las que lo fueres, alcanzarás, peleando, la victoria, si desconfiada de tus fuerzas y propia industria, te acoges con segura confianza al poder, bondad y sabiduría de Dios.

Las armas para esta guerra son dos, resistencia y violencia.

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#94 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:52

CAPÍTULO IV - De la resistencia y violencia, y del modo de gobernarse con ellas


La resistencia y violencia son verdaderamente armas pesadas y penosas, pero necesarias para, alcanzar la victoria. Estas armas se manejan en la forma siguiente:

Cuando te hallares combatida por tu corrompida voluntad y de tus malos hábitos, que te persuaden y tiran para que no hagas ni cumplas la voluntad de Dios, has de resistirlos diciendo: 'Sí, sí, yo quiero hacer la voluntad de Dios.'

De la misma resistencia te has de revestir cuando de esta misma voluntad corrompida y malos hábitos, fueres llamada y persuadida a hacer algo contra la voluntad de Dios, diciendo luego al punto: 'No, no; la voluntad de Dios es la que quiero yo hacer siempre con su ayuda. Ea, Dios mío, socorredme presto para que esta voluntad, que en mí se halla por vuestra gracia, de hacer siempre la vuestra, no sea, en esta ocasión, vencida de mi voluntad antigua y depravada.'

Y si sintieres flaqueza y mucha pena en resistir, te has de hacer toda suerte de violencia, acordándote que el reino de los cielos lo alcanzan los esforzados (Matth. XI, 12) que luchan contra sí mismos y sus propias pasiones.

Y si la pena o violencia fuere tan grande que te angustie el corazón, vete luego con el pensamiento al huerto de Getsemaní, y acompañando tus congojas y angustias con las de tu divino Redentor, pídele que en virtud de las suyas te dé la victoria de ti misma para que de todo corazón puedas decir a tu Padre celestial: Non sicut ego eolo, sed sicut tu... fiat voluntas tua (Matth. XXVI, 39, 42). No se haga, Señor, lo que yo quiero, sino tu santa voluntad; y procurarás una y otra vez unir y conformar tu voluntad con la de Dios, queriendo lo que Él quiere.

Pondrás todo tu cuidado en hacer cualquier acto con tanta plenitud y pureza de voluntad, como si en eso sólo consistiese toda la perfección y todo el agrado y honra de Dios; y de este modo podrás hacer el segundo acto, el tercero, el cuarto y otros muchos.

Y si te acordares de que has quebrantado algún precepto de Dios, duélete mucho de la trasgresión, y toma mayor vigor y fortaleza de ánimo para obedecer a Dios en aquel mismo precepto, o en otro cualquiera que te ofreciere la ocasión.

Y para que no dejes pasar ocasión alguna, por pequeña que sea, de obedecerle, advierte que si eres obediente a su divina Majestad en las cosas mínimas, te dará nueva gracia para que con facilidad le obedezcas en las mayores.

Además de esto, debes acostumbrarte a que cuando te viniere al pensamiento cualquier precepto divino, lo primero adores a Dios; y luego le ruegues que te socorra para que le obedezcas.

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#95 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:53

CAPÍTULO V - Que conviene velar continuamente sobre nuestra voluntad para reconocer a qué pasión se inclina más

Vela sobre ti con el mayor cuidado que puedas, para espiar y reconocer a qué pasión se inclina más a menudo tu voluntad; pues de ella, más que de todas las demás, suele ser engañada y quedar esclava.

Porque no pudiendo estar sola la voluntad del hombre, sino acompañada siempre de alguna de sus pasiones, es forzoso que, o ame, o aborrezca, o desee, o huya, o esté alegre, o triste, o desespere, o tema, o sea atrevida, o iracunda.

Pero cuando la hallares inclinada, no a la voluntad divina, sino al amor propio, procura con todo cuidado que se aparte de él, y se incline al amor de Dios, y a la observancia de los preceptos de su santa ley.

Procurarás hacer esto, no sólo en las pasiones que inducen y mueven a pecado mortal, sino también en las que pueden ocasionar los veniales; porque aunque éstas mueven ligeramente y obran poco a poco, con todo enervan y debilitan nuestra virtud cuando son voluntarias, y nos ponen en peligro manifiesto de caer muy en breve en los pecados mortales.

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#96 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:53

CAPÍTULO VI - Cómo quitando la primera pasión, que es el amor de las criaturas y de nosotros mismos, y ordenando este amor a Dios, todas las demás pasiones quedan corregidas y ordenadas.


Para que más breve y ordenadamente libres tu voluntad del cautiverio de las pasiones desordenadas, conviene que te apliques continuamente a vencer y ordenar la primera pasión, que es el amor propio; pues ordenada ésta, que es como la cabeza, todas las demás pasiones la seguirán, como miembros suyos, porque nacen de ella, y en ella tienen su raíz y vida, como se reconoce claramente con el discurso, pues lo que más se desea es lo que más se ama; y lo que más se ama es en lo que más se deleita el que ama; y solamente se aborrece, se huye y contrista, lo que impide y ofende al objeto amado; ni otra cosa se espera sino la que se ama. Y al contrario, de ésta misma desesperamos cuando la dificultad de alcanzarla nos parece insuperable; y ninguno teme, abomina o aborrece sino lo que impide y puede ofender a la cosa amada.

El modo de vencer y ordenar esta pasión primera, es considerar la cosa que amas, sus cualidades, y qué es lo que deseas o pretendes con este amor; y en reconociendo que tiene las cualidades de bondad y de belleza y que lo que pretendes es utilidad y deleite, podrás decirte a ti misma muchas veces: ¿Qué mayor belleza y qué mayor bondad que la de Dios, que es la única fuente y manantial de todos los bienes y de toda la perfección?

Y si en lo que amas pretendes utilidad y provecho, ¿qué cosa se puede imaginar que iguale al que consigo trae el amor de Dios? Porque amándole se transforma el hombre en el mismo Dios, deleitándose y gozándose sólo en Él.

Además de esto, el corazón del hombre pertenece a Dios, porque lo ha creado y redimido, y cada día con nuevos beneficios amorosamente nos lo pide diciendo: Proebe, fui mi, cor tuum mihi: Dame, hijo mío, tu corazón (Prov. XXIII, 26).

Perteneciendo, pues, a Dios el corazón humano, y siendo tan pequeño para satisfacer las obligaciones que debemos a su infinita Bondad, te hallas obligada a ser celosísima de no amar sino solamente a Dios y las cosas que le agradan, y esto con la moderación, orden y modo que Dios quiere.

Este mismo celo y cuidado debes tener también (porque estas dos cosas son el fundamento de la fábrica de la perfección) acerca de la pasión del odio, para no aborrecer sino solamente el pecado, y lo que puede inducir a pecado.

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#97 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:54

CAPÍTULO VII - Que conviene socorrer y ayudar la voluntad humana

Mas porque nuestra voluntad, estando apasionada, es muy débil y flaca para resistir y vencer sus pasiones, y ordenarlas a Dios y a su obediencia como lo muestra la experiencia (pues aunque ella quiera y proponga mortificarse en todo, no obstante, cuando llega la ocasión de practicarlo, oprimida de sus pasiones, se olvida de sus buenos propósitos, y miserablemente se rinde a ellas); conviene socorrerla y ayudarla, no sólo en las ocasiones que se ofrecen, sino cada hora y cada momento, para que cobrando fuerzas contra sí misma, se venza y se libre de la dura servidumbre de sus pasiones, y se entregue toda a Dios y a su beneplácito.

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#98 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:55

CAPÍTULO VIII - Cómo venciendo al mundo viene a quedar en gran manera socorrida la voluntad del hombre


Moviéndose comúnmente nuestras pasiones por las cosas del mundo, y cobrando fuerzas con sus falsas grandezas o engañosos deleites, se sigue que vencido y despreciado el mundo con todas sus cosas, viene la voluntad del hombre a respirar con libertad, y a volverse a otro objeto, ya que no puede estar sin amar y sin tener en qué deleitarse.

El modo de vencer al mundo es considerar profundamente qué son en realidad sus cosas, y cuáles sus promesas.

Esta consideración, si no estamos ciegos con alguna de nuestras pasiones, nos hará comprender con claridad lo mismo que conoció el sapientísimo Salomón, a quien reveló Dios todo el misterio de las ilusiones y vanidades del mundo; el cual, después de haber hecho experiencia de todo lo que hay en él, reconociendo el engaño de los placeres, y la inutilidad de las grandezas humanas, y sintiendo en sí mismo la nada de su propia gloria, dijo: Vanitas vanitatum, et omnia vanitas et afflictio spiritus (Eccles I): Vanidad de vanidades, todo es vanidad y aflicción de espíritu.

Esta verdad se experimenta cada día; porque deseando el corazón del hombre saciarse, aunque haya alcanzado todo lo que desea, no por eso queda satisfecho, sino antes con más hambre: y sucédele esto, no por otra causa sino porque sustentándose de las cosas del mundo (aunque las tenga todas), viene a sustentarse de sombras, sueños, vanidades y mentiras, cosas que no pueden darle nutrimento alguno.

Las promesas del mundo son todas falsas y llenas de engaños; promete felicidad, y da inquietud; promete y no da la más veces; y si da lo que promete, luego lo quita; y si no lo quita luego, aflige y atormenta más a sus apasionados; porque tienen puestos sus deseos, sin hallar en ellos el descanso, en los bienes aparentes. A estos hombres se puede decir justamente: Filii hominum, usquequo gravi corde? Ut quid diligitis vanitatem, et quaeritis men dacium? (Psalm. IV, 3), Hijos de Adán, ¿hasta cuando seréis duros de corazón? ¿Por qué amáis la vanidad y buscáis la mentira?

Pero concedamos a estos engañados que estos bienes aparentes del mundo son verdaderos: ¿qué diremos de la rapidez y presteza con que pasa la vida del hombre para gozarlos? ¿Dónde están las riquezas, las prosperidades, la soberbia de tantos príncipes, reyes y emperadores? Pereció en un momento toda su falsa gloria.

El modo pues, de que venzas de tal suerte el mundo, que le vuelvas las espaldas, y lo obligues a que él te las vuelva a ti, esto es, que estés crucificada al mundo (Galat. VI), y el mundo esté crucificado a ti, es, que antes que tu voluntad se aficione y se pegue al mundo, le salgas al encuentro, primeramente con una profunda consideración de sus vanidades y mentiras, y después con el desprecio de la voluntad; porque así, no estando ni la voluntad ni el entendimiento apasionados por él, con facilidad lo despreciarás; y a cualquiera criatura que te proponga podrás decir: ''¿Eres criatura? No pondré en ti la afición, porque yo voy buscando en la criatura sólo a mi Creador, y lo espiritual, no lo corporal; no eres tú a quien yo quiero y deseo amar, sino al que a ti te da la operación y la virtud.''

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#99 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:55

CAPÍTULO IX - Del segundo socorro con que ha de ayudarse la voluntad humana


Este segundo socorro de la voluntad humana consiste en echar fuera al príncipe de las tinieblas, como autor de todos los desordenados movimientos de nuestras pasiones.

A este enemigo de nuestra salud lo venceremos y echaremos fuera, todas las veces que venzamos nuestra concupiscencias y deseos desordenados.

Y así, si quieres que el demonio huya de ti, resiste tú a tus pasiones; que esta resistencia es la que, como Santiago dice (Epist. cath. IV), lo ahuyenta. Y debes advertir, que este enemigo a veces nos asalta de tal suerte, encendiendo la concupiscencia de la carne y todas las pasiones, que parece se halla ya el hombre forzado a rendirse; pero no te aflijas ni te acobardes, resístele con valor, y ten por cierto que Dios estará contigo para que no se te haga alguna injuria o engaño. Resístele, te digo, que si resistes y perseveras, te aseguro que vencerás.

He dicho si perseveras, porque no basta resistir una, dos y tres veces, sino todas las que intentare rendirte, porque es costumbre de este astuto enemigo intentar mañana lo que hoy no ha podido conseguir, y la semana siguiente lo que en la presente no ha podido lograr; y de este modo va continuando con tesón sus asaltos, variándolos de tiempo en tiempo, ya con furia, ya con destreza, hasta salir con su intento.

Por lo cual conviene estar constantemente con las armas en la mano, sin fiarse ni descuidarse, por muchas que hayan sido las victorias conseguidas; porque la vida del hombre es una continua guerra, y no se puede obtener la victoria hasta llegar al fin de la carrera.

Y si tú en esto sientes pena, sabe que mayor es la que el demonio siente cuando con valor lo resistes, y así para tu consuelo y su afrenta le puedes decir: "Vete a penar, espíritu infernal; mas porque tú penas por tu impiedad, y yo peno por no ofender a mi Señor y mi Dios, tus penas serán eternas; y las mías, por la gracia de Dios, se mudarán en eternos goces."

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#100 Message par InHocSignoVinces » ven. 19 avr. 2019 11:56

CAPÍTULO X - De la tentación de la soberbia espiritual


En el capítulo pasado te he advertido de las tentaciones con que el demonio nos suele acometer, valiéndose del mundo, de sus riquezas y deleites; ahora he de tratar de la soberbia espiritual, complacencia y vanagloria de que se vale para derribarte, tanto más peligrosa y digna de temerse, cuanto es menos conocida, y más desagradable a Dios.

¡Oh, cuántos generosos soldados, y grandes siervos de Dios, después de las victorias insignes de muchos años, han perecido en este escollo, y de hijos de Dios se han hecho esclavos de Lucifer!

El modo de librarnos de este tremendo golpe, y oculto lazo de Satanás, es temblar siempre, y ejercitar las virtudes y buenas obras con temor y temblor, para que no se engendre en ellas el gusano oculto del amor propio y la soberbia, que tan odiosa es a Dios; y por eso, humillándonos en ellas, debemos procurar cada día hacerlas mejores, como si nada bueno hubiéramos obrado bien hasta el presente; y cuando nos pareciere (que jamás debemos pensarlo) que hemos obrado alguna cosa bien, y con perfección, debemos de todo corazón decir a Dios: Servi inutiles sumus: Somos siervos inútiles y de ningún provecho (Luc. XVII, 10).

Sobre todo debemos recurrir a menudo a Cristo nuestro Salvador y Maestro, pidiéndole que librándonos de toda especie de soberbia, nos enseñe y ayude a ser humildes de corazón. Asimismo debemos recurrir a su Santísima Madre, para que nos alcance la verdadera humildad, que es el fundamento de todas las virtudes, y la que siempre las acompaña, las conserva, las asegura y las aumenta.

He tratado largamente de la humildad en la primera parte de este Combate, y así nada se me ofrece que añadir en este lugar, de semejante materia.

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