EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#11 Message par InHocSignoVinces » ven. 12 oct. 2018 12:27

CAPÍTULO III - De la confianza en Dios

Aunque la desconfianza propia es tan importante y necesaria en este combate, como hemos mostrado, no obstante, si se halla sola esta virtud en nosotros, y no tiene otros socorros, seremos fácilmente desarmados y vencidos por nuestros enemigos. Por esta causa es necesario que a la desconfianza propia añadas una entera confianza en Dios, que es el autor de todo nuestro bien, y de quien solamente debemos esperar la victoria. Por que así como de nosotros, que nada somos, no podemos prometernos sino frecuentes y peligrosas caídas, por lo cual debemos desconfiar siempre de nuestras propias fuerzas; así como con el socorro y asistencia de Dios conseguiremos grandes victorias y ventajas sobre nuestros enemigos, si, convencidos perfectamente de nuestra flaqueza, armamos nuestro corazón de una viva y generosa confianza en su infinita bondad.

Cuatro son los medios con que podrás adquirir esta excelente virtud:

El primero, es pedirla con humildad al Señor.

El segundo, considerar y mirar con los ojos de la fe la omnipotencia y sabiduría infinita de aquel Ser soberano, a quien nada es imposible ni difícil, y que, por su bondad suma, y por el exceso con que nos ama, se halla pronto y dispuesto a darnos a cada hora y cada instante todo lo que nos es necesario para la vida espiritual, y para la entera victoria de nosotros mismos como recurramos a sus brazos con filial confianza ¿Cómo será posible que este dulce y amable Pastor que por espacio de treinta y tres años ha corrido tras la oveja perdida y descaminada (Luc. XV, 7), con tanto sudor sangre y costa suya, para reducirla y traerla de los despeñaderos y veredas peligros a un camino santo y seguro: de la perdición a la salud, del daño al remedio, de la muerte a la vida; cómo será posible que este Pastor divino viendo que su ovejuela lo busca y lo sigue con la obediencia de sus preceptos o a lo menos con un deseo sincero (bien que imperfecto y flaco) de obedecerle, no vuelva a ella sus ojos de vida y de misericordia, no oiga sus gemidos, y no la recoja amorosamente y la ponga sobre sus divinos hombros alegrándose con los Ángeles del cielo de que vuelva a su redil y ganado y deje el pasto venenoso y mortal del mundo por el manjar suave y regalado de la virtud? Si con tanto ardor y diligencia busca la dracma del Evangelio (idem v. 8), que es la figura del pecador, ¿cómo será posible que abandone a quien como ovejuela triste y afligida de no ver a su pastor, lo busca y lo llama?

¿Quién podrá persuadirse de que Dios, que llama continuamente a la puerta de nuestro corazón (Apoc. III, 21) con deseo de entrar en él, y comunicarse a nosotros, y colmarnos de sus dones y gracias, hallando la puerta abierta, y viendo que le pedimos que nos honre con su visita, no se dignará concedernos el favor que deseamos?

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#12 Message par InHocSignoVinces » sam. 13 oct. 2018 11:25

El tercer medio para adquirir esta santa confianza es recorrer con la memoria las verdades y oráculos infalibles de la divina Escritura, que nos aseguran clara y expresamente que los que esperan y confían en Dios no caerán jamás en la confusión (Psalm. II, 17.—Eccli. II).

El cuarto y último medio con que juntamente podremos adquirir la desconfianza de nosotros mismos y la confianza de Dios, es que cuando nos resolviéramos a ejecutar alguna obra buena, o a combatir alguna pasión viciosa, antes de emprender cosa alguna, pongamos por una parte los ojos en nuestra flaqueza, y por otra en el poder, sabiduría y bondad infinita de Dios; y templando el temor que nace de nosotros con la seguridad y confianza que Dios nos inspira, nos determinemos a obrar y combatir generosamente. Con estas armas, unidas a la oración, como diremos en su lugar, serás capaz, hija mía, de obrar cosas grandes, y de conseguir insignes victorias.

Pero si no observas esta regla, aunque te parezca que obras animada de una verdadera confianza en Dios, te hallarás engañada; porque es tan natural en el hombre la presencia de sí mismo, que insensiblemente se mezcla con la confianza que imagina tener en Dios, y con la desconfianza que cree tener de sí mismo.

Para alejarte, pues, hija mía, cuanto te sea posible, de la presunción, y para obrar siempre con las dos virtudes que son opuestas a este vicio, es necesario que la consideración de tu flaqueza vaya delante de la consideración de la omnipotencia de Dios, y que la una y la otra precedan a todas tus obras.

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#13 Message par InHocSignoVinces » dim. 14 oct. 2018 18:40

CAPÍTULO IV - Cómo podremos conocer si obramos con la desconfianza de nosotros mismos y con la confianza en Dios

Muchas veces imagina y cree un alma presuntuosa que ha adquirido la desconfianza de sí misma y la confianza en Dios; pero éste es un engaño que no se conoce bien sino cuando se cae en algún pecado; porque entonces si el alma se inquieta, si se aflige, si se desalienta y pierde la esperanza de hacer algún progreso en la virtud, es señal evidente de que puso su confianza no en Dios, sino en sí misma; y si fuere grande su tristeza y desesperación, es argumento claro de que confiaba mucho en sí y poco en Dios.

Porque si el que desconfía mucho de sí mismo y confía mucho en Dios comete alguna falta, no se maravilla, ni se turba o entristece, conociendo que su caída es efecto natural de su flaqueza, y del poco cuidado que ha tenido de establecer su confianza en Dios; antes bien con esta experiencia aprende a desconfiar más de sus propias fuerzas, y a confiar con mayor humildad en Dios, detestando sobre todas las cosas su falta, y las pasiones desordenadas que la ocasionaron; y con un dolor quieto y pacífico de la ofensa de Dios, vuelve a sus ejercicios, y persigue a sus enemigos con mayor ánimo y resolución que antes.

Esto sería bien que considerasen algunas personas espirituales, que apenas caen en alguna falta se afligen y se turban con exceso, y muchas veces, más por librarse de la inquietud y pena que les causa su amor propio que por algún otro motivo, buscan con impaciencia a su director o padre espiritual, al cual deberían recurrir principalmente para lavarse de sus pecados por el sacramento de la Penitencia, y fortalecerse contra sus recaídas por el de la Eucaristía.

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#14 Message par InHocSignoVinces » mar. 16 oct. 2018 19:26

CAPÍTULO V - Del error de algunas personas que tienen a la pusilanimidad por virtud

Es también una ilusión muy común el atribuir a virtud la pusilanimidad y la inquietud que se siente después del pecado; porque, aunque la inquietud que nace del pecado vaya acompañada de algún dolor, no obstante, siempre procede de una secreta presunción y soberbia, nacida de la confianza que se tiene de las propias fuerzas. Ordinariamente las almas presuntuosas, que, por juzgarse bien fundadas en la virtud, menosprecian los peligros y tentaciones, si vienen a caer en alguna falta, y a conocer por experiencia su fragilidad y miseria, se maravillan y turban de su caída como cosa nueva; y viendo derribado el apoyo en que vanamente habían confiado, pierden el ánimo, y como pusilánimes y flacas, se dejan dominar de la tristeza y de la desesperación.

Esta desgracia, hija mía, no sucede jamás a las almas humildes que no presumen de sí mismas, y se apoyan únicamente en Dios; porque cuando caen en alguna falta, aunque sientan grande dolor de haberla cometido, no se maravillan ni se inquietan, porque conocen con la luz de la verdad que las ilumina, que su caída es un efecto natural de su inconstancia y flaqueza.

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Re: EL COMBATE ESPIRITUAL (P. Lorenzo Scúpoli)

#15 Message par InHocSignoVinces » mer. 17 oct. 2018 13:11

CAPÍTULO VI - De otros avisos importantes para adquirir la desconfianza de sí mismo y la confianza en Dios

Como toda la fuerza de que necesitamos para vencer a nuestros enemigos depende de la confianza en Dios, me ha parecido darte algunos nuevos avisos, que son muy útiles y necesarios para obtener estas virtudes.

Primeramente, hija mía, has de tener por verdad indubitable, que ni con todos los talentos o dones, ya sean naturales, ya adquiridos, ni con todas las gracias gratuitas, ni con la inteligencia de toda la sagrada Escritura, ni con haber servido a Dios por largo espacio de tiempo, y estar acostumbrada a servirle, te hallarás capaz de cumplir la voluntad divina y de satisfacer a tus obligaciones, o de hacer alguna obra buena, o vencer alguna tentación, o salir de algún peligro, o sufrir alguna cruz, si la mano poderosa de Dios con protección especial no te fortifica en cualquier ocasión que se presentare.

Es necesario, pues, que imprimas profundamente en tu corazón esta importante verdad, y que no pase día alguno sin que la medites y consideres; y por este medio te alejarás y preservarás del vicio de la presunción, y no te atreverás a confiar temerariamente en tus propias fuerzas. En lo que toca a la confianza en Dios, has de creer constantemente que es muy fácil a su poder vencer a todos tus enemigos, sean pocos o muchos (1 Reg. XVI, 6), sean fuertes y aguerridos, o flacos y sin experiencia.

De este principio fundamental inferirás, como consecuencia precisa, que aunque un alma se encuentre llena de todos los pecados, imperfecciones y vicios imaginables, y después de haber hecho grandes esfuerzos para reformar sus costumbres, en lugar de hacer algún progreso en la virtud, sienta y reconozca en sí mayor inclinación y facilidad al mal; no obstante, no por eso debe perder el ánimo y la confianza en Dios, ni abandonar las armas y los ejercicios espirituales, sino más bien combatir siempre generosamente. Por que has de saber, hija mía, que en esta pelea espiritual no puede ser vencido quien no deja de combatir y de confiar en Dios, cuya asistencia y socorro no falta jamás a sus soldados, bien que algunas veces permite que sean heridos. Combatamos, pues, constantes hasta el fin, que en esto consiste la victoria; porque los que combaten por el servicio de Dios y en Él solo ponen su confianza, hallan siempre para las heridas que reciben un remedio pronto y eficaz, y cuando menos piensan ven al enemigo a sus pies.

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