"SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#221 Message par InHocSignoVinces » dim. 05 avr. 2020 12:50

"También se ha discutido en Lovaina sobre la ¡ntercomunión, o, como prefiere decir Max Thurian de Taizé,
sobre "la hospitalidad eucarística". Ésta, en suma, consiste en tomar la participación común en la comunión
eucarística como un medio para procurar la unidad cristiana y promoverla más allá de los casos en que ya está
autorizada.
En estos casos, de hecho, no se quiere directamente promover la unidad, sino procurar un auxilio
espiritual a quien no lo puede conseguir de otro modo. Un mes antes, en los primeros días de julio, el cardenal
Willebrands, comentando las cartas que se enviaron al papa Paulo VI y al Patriarca Atenágoras, observaba
que aun entre los ortodoxos y católicos, que están de acuerdo sobre la doctrina eucarística, la participación del
mismo cáliz, escribe, será un acto que expresará y sellará la completa reconciliación entre la Iglesia Católica y
la Iglesia ortodoxa: será la señal y la realización de la plena comunión. Este será el gran día".
(L'Osservatore
Romano).
Entre tanto, progrese cada Iglesia hacia la unidad, celebrando la Eucaristía, según la propia tradición.
En cuanto a los impacientes, jóvenes u otros, es de desear que su deseo de la comunicación eucarística
encienda en ellos el deseo de la fe común".



"El Director de la Comisión Fe y Constitución es el Pastor Lukas Vischer, que mantiene, como su predecesor,
el Dr. O. Tomkins, obispo de Bristol, la línea de la búsqueda de la unidad espiritual de los cristianos, y no sólo
de una simple federación. Para promover esta unidad ha propuesto la idea de un Concilio universal, que
habrían de preparar todas las Iglesias (L'Osservatore Romano, 27 de septiembre 1970). No se trata de una Asamblea
ordinaria, como las del Consejo Ecuménico, sino de un verdadero Concilio, esto es, de la reunión de los
representantes de toda la cristiandad, unidos entre sí hasta el punto de constituir una comunión, de deliberar
juntamente y de tomar decisiones aceptables para todos. Para la preparación cuenta con la acción
convergente de grupos interconfesionales, que constituirán entre sí, bajo el influjo del Espíritu Santo,
comuniones locales, que multiplicándose e imponiéndose darán por resultado una comunión universal. Lo
excelente de esta idea consiste en orientar las actividades locales hacia un fin universal, concreto y atrayente.
Pero no faltan las dificultades, que, al menos, los ortodoxos y los católicos no pueden menos de oponer. En
Lovaina las expresó Meyendorff: "Un Concilio genuino supone la unidad de fe ya realizada o, al menos, como
en Florencia, debe ser convocado para completar tal unidad, deseada ya por las dos partes y que se presenta
como un fruto sazonado. ¿Cuándo se dará semejante situación para todas las Iglesias cristianas? Luego los
grupos locales, si se quiere evitar la anarquía y nuevas divisiones, deberán conformarse con la ortodoxia de
sus iglesias y, para esto, recibir su dirección de alguna jerarquía. No pertenece a la base, como se dice, el
gobernar. Cuando se procede de una manera contraria a la institución de Cristo, no es el Espíritu Santo el que
guía".



No puedo yo entender todo este movimiento ecumenista, en el que todas las sectas o las iglesias cismáticas
han manifestado su inequívoco deseo de permanecer firmes en su propio CREDO, dejándose querer por
la
Iglesia Católica, que parece la única dispuesta a modificar, silenciar o eliminar sus dogmas, su moral, su liturgia
y su misma disciplina.
Me temo que por ese camino se cumpla lo que anunciaba el masónico Gran Oriente de Francia:
"No es el patíbulo lo que le espera al Papa, sino una proliferación de iglesias locales, en donde, en vez de la
unidad, encontremos nuevas e insospechadas divisiones".



Y son los jesuitas de la nueva ola los que principalmente están llevando adelante este movimiento ecuménico
de la Iglesia,
que vino a paralizar su labor apostólica y las conversiones que de día en día se multiplicaban
antes de Juan XXIII,
ya que los "separados", viendo la inestabilidad, la inconsistencia, la incredulidad de sus
iglesias, infiltradas por judíos, masones y comunistas,
buscaban la verdad inmutable de la Iglesia Católica,
Apostólica y Romana.
Los jesuitas decididamente, apoyados y conducidos por su General, han dado el paso
primero, para arrastrar en pos de sí a innumerables religiosos y sacerdotes, cuya futura actuación es fácil ya,
desde ahora, de prever. El gran viraje de la Iglesia se debe principalmente al viraje de los jesuitas, de las
fuerzas selectas del catolicismo, como ellos mismos se sentían y decían ser.



CONTINUARÁ...
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Montini y Arrupe, los cómplices que orquestaron el Hiroshima de la Compañía de Jesús, que resultó en el aniquilamiento de los valientes hijos de San Ignacio de Loyola

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#222 Message par InHocSignoVinces » dim. 12 avr. 2020 13:25

"La batalla de Teilhard de Chardín apenas ha empezado", escribía Jacques Madaue, al día siguiente del
célebre "MONITUM" del Santo Oficio. Los tres años, que desde entonces transcurrieron, comprobaron
ampliamente esa predicción. El "MONITUM" decía que las obras de Teilhard de Chardin "plagadas de
ambigüedades y de errores tan graves ofenden la doctrina católica".
Los teilhardianos organizaron luego la
resistencia; sin embargo, siendo, como parecían ser, unos buenos cristianos, no pensaron por entonces atacar
de frente a una decisión tan grave de la Santa Sede; se contentaron, por lo pronto, con hacer ineficaz
el "MONITUM".


Libros, artículos, conferencias, charlas en la radio y en la televisión: nada se ahorró para convencer al público
de la grandeza del pensamiento teilhardiano y de su fundamental ortodoxia; y, al mismo tiempo, todo lo que se
escribía contra Teilhard era cuidadosamente ignorado. El silencio es una de las armas más poderosas, que la
subversión maneja; cuando se trata de impedir la luz de la verdad, se baja la cortina de hierro.
Pero Jacques
Madaule dice otra cosa terrible: para él es ésta una batalla, la tercera gran batalla, que dan los jesuitas contra
Roma. Las primeras dos las perdieron: la de los ritos chinos y la de Paraguay. Veremos cuál es el resultado de
esta su tercera acometida.


Algunos espíritus selectos no parecían inclinarse por esta hipótesis. "¿Es verdad, preguntaba ITINERAIRES en
noviembre de 1962, que esta es una batalla de la Compañía de Jesús, en cuanto tal? ¿Es cierto que la
Compañía de Jesús corporativamente tiene el propósito de teilhardizar la Iglesia, para atacar así a fondo a la
Santa Sede? A nuestro modo de ver esto no puede sostenerse. Hay simplemente algunas apariencias, a
veces muy enfadosas".



Es necesario reconocer que las apariencias de entonces, lejos de disiparse, se han agravado, por lo contrario.
No solamente los jesuitas franceses han tomado una actitud cada vez más combatiente por Teilhard de Chardin,
sino que, con el tiempo, sin ceder un palmo del terreno conquistado, han obtenido lo que quizá nunca
pensaron alcanzar:
la aprobación total, solemne, entusiasta de la más alta autoridad de su Orden, el Prepósito
General Pedro Arrupe, S. J.



El nuevo General de los jesuítas fue elegido el 22 de mayo de 1965. Días después, el 14 de junio, el M.R.P.
PEDRO ARRUPE dio una conferencia de prensa. Interrogado sobre el hecho de que, a pesar
del "MONITUM" del Santo Oficio, los publicistas y autores católicos exaltan a Teilhard, sin hacer las reservas
que se imponen, el Prepósito General recién electo entregó a la prensa una declaración escrita: "Si hay
autores que incondicionalmente alaban al P. Teilhard,
escribió el P. Arrupe, éstos no están entre los jesuitas",
como lo demuestran, según él, las dos obras recientes de los Padres Pierre Smulders y Emile Rideau, los
cuales, "aunque manifiestan toda su simpatía por sus ideas, no dejan de hacer las reservas necesarias sobre
muchos puntos ambiguos o erróneos".
Sigue un elogio de Teilhard, que no puede menos de ser calificado
como tendencioso, tanto que "esas reservas necesarias" apenas si tienen lugar al lado de esas alabanzas: "es,
dice el General, uno de los grandes maestros del pensamiento del mundo moderno",
que ofrece a nuestros
tiempos un mensaje, cuya riqueza no puede ser desconocida y que, de hecho, ejerce una influencia muy
benéfica en los medios científicos, cristianos y no cristianos; además, por su profunda espiritualidad, es un
verdadero hijo de San Ignacio, a pesar de las ambigüedades y errores, que en él se encuentran y
que "ciertamente él nunca hubiera querido, porque él deseaba permanecer siempre absolutamente fiel a las
enseñanzas de la Iglesia". "Sus esfuerzos,
continúa el P. Arrupe, se sitúan exactamente en la linea de
apostolado de la Compañía de Jesús".



No hay por qué admirarse del grito de triunfo que brotó de todos los teilhardistas con estas declaraciones. Era
natural; el nuevo General de los Jesuítas, el papa negro, había tomado la defensa de su ídolo; se había puesto
a la cabeza de los seguidores de Teilhard;
se había declarado el más importante y destacado exponente del
nuevo movimiento. Una pieza importantísima estaba actuando en el tablero. Sin embargo, no era, ni es tan
simple, como parece, a pesar de una toma de posición tan claramente declarada. Los juegos de ingenio no
son todavía realidades. iEl tiempo lo dirá!


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#223 Message par InHocSignoVinces » dim. 19 avr. 2020 14:38

Teilhard fue siempre un jesuita peligroso y difícil. A su muerte en Nueva York, el día de Pascua de 1955, él era un exiliado, en el sentido literal de la palabra. El año anterior, había obtenido el permiso de pasar el verano en
Francia, a donde llegó a principios de junio. Tuvo entonces la idea de contestar al pequeño ensayo de Jean
Rostand "Ce que je crois" y para hacerlo pidió la autorización de Roma, exponiendo las líneas principales de
su proyecto. Recibió la respuesta el 31 de julio: "Prohibición de publicar y orden de regresar luego a
América".
El 5 de agosto dejó Francia para no regresar nunca a ella.


El P. Teilhard de Chardin no era un jesuita fácil para sus superiores, no porque careciese de sumisión
aparente, sino porque, en materia de religión, tenía lo que Bossuet llamaba "opiniones particulares", que él a
toda costa trataba de difundir.
El alejamiento era el único medio, que podía impedir a este jesuita el hablar y
escribir aquellas elucubraciones no tan apropiadas al buen nombre de la Compañía.
Lo malo estaba en que la
línea de conducta adoptada había tenido resultados exactamente opuestos a los que se pretendían. Después
de una nota sobre "el pecado original", que en 1924 había alarmado a Roma, se había enviado a Teilhard de
nuevo a China, para que sus desviaciones hiciesen menos escándalo. Teilhard quería permanecer en Francia,
porque allí pertenecía él a la sinarquía y a otros grupos esotéricos, y, porque sus relaciones femeninas también
se hallaban allí.
El sinántropo lo puso de nuevo en plena luz. Regresó a París con bastante frecuencia y
aprovechó esas, a veces largas estancias en la Ciudad de la Luz, para poder asegurar allí sus contactos útiles. Es
verdad que, con pocas excepciones no tenía permiso para publicar sino trabajos científicos. Algunos ensayos
de filosofía y religión que, no obstante las prohibiciones escribió, las hizo circular profusamente en copias
mimiografiadas. Sin embargo, la difusión no parecía haberse extendido lo suficiente para llenar las
aspiraciones y el programa del autor. Pero, el secreto mismo ayudaba al prestigio de sus ideas, que se
propagaban de boca en boca, sin que nadie pudiera refutarlas por falta de textos. Así vino a convertirse en un
mártir, doblemente ejemplar, por las audacias dé su pensamiento y por su humildad y aparente sumisión a los
rigores de una nueva Inquisición.


Sus superiores creyeron que su muerte pondría un término a los problemas, que sin cesar, durante treinta
años se habían originado por el caso Teilhard. Estaban equivocados. Persuadido de que debía aparentar
sumisión, para proseguir su labor de proselitismo, Teilhard tuvo cuidado de poner en manos ajenas a la
Compañía, en manos femeninas, sus escritos, para su publicación póstuma.
El problema del teilhardianismo,
que tanto había de dañar a las inteligencias superiores, apenas comenzó el día de su muerte.
Ahora,
apoyando mis puntos de vista en el P. David Núñez, ampliamente conocido en el mundo católico, voy a tratar el
último capítulo de este libro.


A CONTINUACIÓN... NUESTRA OBEDIENCIA Y RESPETO RELIGIOSO AL PAPA Y A LOS OBISPOS
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#224 Message par InHocSignoVinces » sam. 25 avr. 2020 19:37

NUESTRA OBEDIENCIA Y RESPETO RELIGIOSO AL PAPA Y A LOS OBISPOS


Son muchos los católicos sinceros, que ante la carencia del ejercicio de su autoridad en las jerarquías
eclesiásticas, incluyendo en ellas al mismo Papa, para reprimir la herejía que cunde, abiertamente o
solapadamente, en la Iglesia, fomentando no solamente la confusión, sino la defección de muchísimas almas,
sacerdotes y fieles, se preguntan con ansiedad si la autoridad ha claudicado y, unida al enemigo, conspira,
consciente o inconscientemente, en la destrucción de la Iglesia.
Y, ante esta tangible crisis de la autoridad,
todos se preguntan
¿hasta dónde estamos obligados los súbditos a obedecer a los que mandan, cuando ellos se abstienen de mandar, cuando imponen reformas que están mudando totalmente las estructuras de la Iglesia, cuando soslayan la difusión de los más graves y evidentes errores, cuando, abusando de su autoridad, impiden la legítima defensa de la verdad, cuando ponen los divinos misterios en las manos profanas, cuando toleran y respaldan esa obra nefanda de corrupción espiritual y moral de los jóvenes seminaristas, los futuros pastores de las almas?


Porque no nos vengan a decir que todo esto sucede a espaldas de la jerarquía; que el Papa y los obispos y los
sacerdotes, que ejercen el cargo de superiores ignoran el mal y son ajenos a su difusión.
No; esto es mentira.
Bien saben ellos lo que está ocurriendo aquí y en todos los países; bien saben que el famoso "CATECISMO
HOLANDES",
a pesar de las gravísimas denuncias que sobre él se han hecho en el Santo Oficio y en todas
partes del mundo, sigue circulando y sigue envenenando a los seminaristas, a los fieles y a muchísimos
sacerdotes. Y, lo más incomprensible es que las ediciones traigan el "imprimatur" de nuestros jerarcas; bien
saben las satánicas profanaciones que, a título de experimento, se están haciendo diariamente en nuestros
templos, en la celebración de los misterios sagrados.
¿Ignora Su Eminencia el Cardenal Primado que en la
iglesia de Loreto, los domingos, después de la "misa de la juventud", llena de novedades, el P. Luis invita a los
jóvenes (drogadictos, pandilleros, etc. etc) a que se diviertan bailando en la casa de Dios?



¿Tiene la sumisión y la obediencia —también al Papa— algunos límites, más allá de los cuales no podemos, no debemos obedecer? La pregunta es clara, es categórica; pero, antes de responder, haremos algunas aclaraciones:


1) La obediencia no es la suprema virtud de la vida cristiana; sobre la obediencia están las virtudes teologales: la fe, la
esperanza y la caridad.
Dice a este propósito Santo Tomás: "Así como el pecado consiste en que el hombre se apegue a los
bienes mutables, con desprecio de Dios; así el mérito de los actos virtuosos consiste en que el hombre, despreciando los
bienes creados, se una a Dios como a su fin. Mas, el fin es mejor que los medios a él conducentes. .. aquellas virtudes, por las cuales nos unimos a Dios, es decir, las teologales son más excelentes que las virtudes morales (como la obediencia), por las cuales se desprecia algo terrestre para unirse a Dios".
(Cuestión CIV a. III).


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#225 Message par InHocSignoVinces » jeu. 30 avr. 2020 20:13

2) La obediencia, en tanto es virtud, en tanto es meritoria, en tanto es laudable, en cuanto se funda y nace de la fe, se nutre en la fe y termina en la caridad. Una obediencia por temor, por conveniencia, por simple rutina, no es virtud, es cobardía, es entreguismo, es falta de visión y de talento.


3) La obediencia solamente se debe al superior LEGITIMO, porque sólo éste tiene las veces de Dios, la autoridad de Dios,
de "quien toda paternidad desciende", como dice San Pablo.
A un superior ilegítimo no se debe obedecer.


4) Sobre la obediencia a los hombres debe estar siempre la obediencia a Dios, porque la autoridad de los hombres se funda
en Dios, representa a Dios, mientras no se aparte, mientras no contradiga la autoridad de Dios.



5) La autoridad de un superior humano, cualquiera que ésta sea, no es nunca absoluta, ni independiente, ni ilimitada. A este
propósito dice Santo Tomás: "el hombre está sometido a Dios en absoluto, en cuanto a todas las cosas, ya interiores, ya
exteriores, y, por lo tanto, en todas está obligado a obedecerle; mas los súbditos no están sometidos a sus superiores en
todas las cosas, sino determinativamente, acerca de algunas, respecto de las cuales los superiores son intermediarios entre
Dios y los súbditos; mas, respecto de las otras cosas, están sometidos inmediatamente a Dios, por quien son instruidos
mediante la ley natural o la ley positiva, (la conciencia).



6) Al dar Dios la autoridad al hombre que lo representa, (eclesiásticos o civiles) no los libra, por eso, de su condición
humana de ignorantes y pecadores; de donde se sigue que,
de buena o de mala fe, los superiores puedan mandar lo que es en sí malo, o porque contradice la ley de Dios, o porque contradice los legítimos derechos que Dios ha dado al hombre y
que son inalienables, o porque son esas disposiciones contrarias al bien común, que todo superior debe buscar en su
gobierno.
De aquí se sigue que la obediencia que debemos a Dios es siempre absoluta, porque El nunca puede mandar el error o el mal; pero la obediencia a los hombres es siempre condicionada al mandato que se da y a la legitimidad de la
autoridad humana que la da.



7) La autoridad eclesiástica, que manda, en un caso algo contrario a la voluntad de Dios, a los derechos inalienables que
Dios nos ha dado o al bien común, aunque, en ese específico mandato, no tenga autoridad para mandar, no por eso
podemos decir que ha perdido toda su autoridad y para siempre. Sería un mal superior, pero no por eso dejaría de ser
superior.



8) Es distinto el caso, cuando el superior eclesiásticosiempre en la hipótesis de que haya sido legítimamente elegido
incurre en la herejía o se aparta manifiestamente de la voluntad de Dios, ya que entonces perdería totalmente su autoridad y
para siempre, aunque no fuera sino una sola verdad de la fe la que en su mandato ha negado, porque el que niega una
verdad de fe, niega toda la fe.
La fe es una (Efes. IV, 5), ya que todas nuestras creencias (todas y cada una) se fundan en la misma autoridad de Dios revelante. La fe es, ya lo dijimos, el principio, la raíz, el fundamento, en que se basa toda
autoridad, y así como quitando el fundamento cae por tierra el edificio, así sucede con la autoridad religiosa, cuando ella
misma ha removido, por su negación a una verdad de fe, el mismo fundamento en que se apoyaba y sostenía su autoridad.

El que, con palabras o con hechos niega la fe, es hereje y, por lo tanto, queda fuera de la Iglesia y, por tanto, no puede ser cabeza o autoridad en la Iglesia el que está fuera de Ella.


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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#226 Message par InHocSignoVinces » mer. 06 mai 2020 19:06

9) Así como la ley, la autoridad humana está o debe estar siempre ordenada al bien común, de la sociedad a la que rige. El bien común de la Iglesia, por su universalidad y por sus consecuencias, es, a no dudarlo, la fe y todo lo que a ella conduce, favorece, conserva y alimenta. La fe es el bien supremo, ya que de ella depende esencialmente y como condición "sine que non" la salvación de todas las almas, que forman la comunión de la Iglesia: "EL QUE CREYERE, SE SALVARA; EL QUE NO CREYERE, SE CONDENARA". (Marc. XVI, 16). Hay otros bienes en la Iglesia que no corresponden propiamente a la fe, pero están conexos con ella y deben guardarse en la debida proporción, porque son como los puntales que la sostienen y conservan en toda su pureza e integridad.


10) La primera, pues, la más grave obligación de la jerarquía y especialmente del Papa es la de enseñar esa verdadera y
única fe y vigilar para que nadie la corrompa.
Descuidar este deber o no poner los medios necesarios para cumplirlo es no sólo perder su autoridad, sino faltar gravemente contra la fe, ya que la autoridad que tienen, instituida por Jesucristo N. S.,
está ordenada a la conservación y difusión de la Iglesia, que, sin la verdadera fe, no puede darse. En vez de cumplir esas
jerarquías su deber, lo contradicen. Ante el error contra la fe, una actitud pasiva de la jerarquía es gravemente pecaminosa y
este pecado es contra la virtud de la religión.
La autoridad de la Iglesia, como de cualquier otra autoridad, está en función
de servicio, el cual consiste no en destruir, sino en administrar el tesoro de la sociedad que les ha sido confiada, en el caso:

la fe de la Iglesia.


11) CORRELACIÓN DE DERECHOS ENTRE LOS SUPERIORES Y LOS SÚBDITOS. Téngase en cuenta que los
derechos y obligaciones, tanto en el superior como en el súbdito, son correlativos, de suyo, graves.
Lo primero implica que
con la misma fuerza que puede el superior "EXIGIR" al súbdito obediencia, cuando le enseña la verdadera fe; puede
también el súbdito "EXIGIR" al superior, pues tiene derecho a que le dé esa fe junto con todo lo que la favorezca; y le
prevenga o corrija contra todo lo que la empañe, la manche o extinga.
Y, cuando, como ahora, el superior conoce casos
clarísimos de alguno o de algunos de sus súbditos, que públicamente niegan alguna verdad de fe o la deforman, y no se
esfuerza por corregir al delincuente, sobre todo si es sacerdote, como, por desgracia, también estamos viendo ahora, el
superior comete un gravísimo pecado de injusticia para con los demás súbditos suyos, porque falta a la más grande
obligación que para ello tiene; y peca también contra la caridad para con el mismo delincuente, porque no le procura el
bien que debe procurarle.
Y si esta tolerancia al error y al pecado es permanente, es habitual en el superior, éste pierde su autoridad, porque su proceder, que es complicidad, es negativo y nocivo a la sociedad que preside. El no ejercer la debida autoridad de una manera sistemática es suprimirla, es abdicar de ella; y una sociedad sin autoridad va inevitablemente a la ruina.


12) Aplicando esta sana doctrina a las circunstancias actuales, nos encontramos con muchos obispos, cardenales y el
mismo Papa como está aconteciendo ahora en todo el mundo, (porque el mal viene de la cabeza), por una parte
reprenden, censuran y aún prohíben que se predique íntegramente la fe antigua, la fe de siempre, la fe recibida por
tradición o por el mismo Evangelio de los Apóstoles y de Jesucristo; y, por otra parte, permiten que se multipliquen y se
propaguen por escrito o de palabra los errores contra la fe más absurdos, aún en los mismos Seminarios; autorizan las
supresiones de imágenes y devociones del pueblo cristiano, (santas y benéficas devociones, aprobadas, recomendadas y
aun mandadas por la Iglesia); favorecen la disolución callando, quizá manifiesta u ocultamente alentando o, tal vez,
positivamente aprobando a los que la propagan; bendicen a los innovadores y sus novedades, aun cuando la experiencia
muestre que son perniciosas para la fe del pueblo; tal vez trafican con la fe, y la falsean o permiten que se falsee tanto la fe,
como la Palabra de Dios, la teología y la filosofía católicas, las verdades de derecho natural, etc. etc., en ese caso, ante la
evidencia de estas condescendencias y aprobaciones de los errores y de las herejías, cabe preguntarnos:
¿está el pueblo
católico obligado a reconocer en esas personas la autoridad legítima de la Iglesia? ¿está obligado a obedecerlos? o, por el
contrario ¿no sólo puede desobedecerles, sino resistirles?



13) En toda sociedad hay un tácito cuasi contrato de rigurosa justicia entre el que manda y los que obedecen, en virtud del
cual cada uno se obliga respecto del otro a cumplir su propia obligación: el súbdito a obedecer los justos mandatos del
superior, respetando y guardando con eso, prácticamente, su derecho a mandar; pero también el superior se obliga a tutelar
sobre todo los derechos esenciales del súbdito, aunque sea arriesgando el propio interés y bienestar, y, si el caso lo pidiere,
la misma vida. Y ¿qué bien y qué derecho más esencial en la Iglesia puede darse entre súbditos y superiores que la fe, para
que cada uno cumpla con su deber?



14) Pero, aun prescindiendo de esta consideración y de todas las otras razones dadas y por dar, mirando el asunto desde el
punto de vista meramente canónico,
es también de suma gravedad, por las penas canónicas en que incurrirían los jerarcas
de la Iglesia por abandonar la defensa de la fe.
Veámoslo, aunque no sea sino de paso.


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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#227 Message par InHocSignoVinces » mer. 13 mai 2020 18:51

El Canon 336 dice: "Procurarán también los obispos que se conserve la pureza de la fe y de las costumbres en
el clero y en el pueblo".
Obligación gravísima, puesto que atañe nada menos que al fin ESENCIAL de la
Iglesia, la salvación de las almas.



Y el Canon 1325 añade: "Los fieles cristianos (y a fortiori los obispos) estas obligados a confesar públicamente la
fe SIEMPRE QUE SU SILENCIO, tergiversación o MANERA DE OBRAR llevare consigo negación
simplemente de la fe, DESPRECIO DE LA RELIGIÓN, OFENSA DE DIOS O ESCÁNDALO DEL PUEBLO".



Finalmente, el Canon 2316 dice: "Es sospechoso de herejía el que espontáneamente y a sabiendas ayuda DE
CUALQUIER MODO A LA PROPAGACIÓN DE LA HEREJÍA".



Veamos ahora la aplicación de estos cánones a las circunstancias actuales. ¿Cuántas de esas delincuencias
lleva consigo el silencio de las Jerarquías?
Porque los obispos tienen obligación gravísima de hablar cuando
se ataca pública y descaradamente la religión, o sea la fe, la moral, la liturgia (can. 336); están obligados a
confesar públicamente la fe siempre que SU SILENCIO O MANERA DE OBRAR ceda en desprecio de la
religión, ofensa de Dios o escándalo del prójimo (Can. 1325, 1); son sospechosos de herejía si
espontáneamente y a sabiendas AYUDAN DE CUALQUIER MODO A LA PROPAGACIÓN DE LA
HEREJIA (Can. 2316).


Y ahora preguntamos: En casos, como el presente, el silencio de las autoridades religiosas y la manera de
obrar de las mismas
¿no lleva consigo DESPRECIO DE LA RELIGIÓN, OFENSA DE DIOS Y ESCÁNDALO
DEL PUEBLO?
¡Evidentísimo! Y, si así es ¿no es un MODO, y bien eficaz, por cierto, de PROPAGAR LA HEREJÍA O DEJAR QUE SE PROPAGUE, a causa del SILENCIO que guardan? ¿No cede ese modo de proceder en DESPRECIO DE LA RELIGIÓN Y ESCÁNDALO DEL PUEBLO? Por los frutos que ese escandaloso silencio está produciendo lo podemos juzgar.


Por eso audazmente nos atrevemos a decir que el principal culpable (a nuestro parecer; no sabemos a los ojos de
Dios),
el principal culpable de toda esta marejada existente en la Iglesia es su Cabeza visible, es JUAN B.
MONTINI.
Porque, con frecuencia habla maravillosamente, sí; pero, a pesar de haber sido más de una vez,
extremosa e increíblemente audaz en otras muchas cosas, si no atañentes formalmente a la fe propiamente
dicha (de lo cual tenemos razones para dudar), sí al filo con ella, para modificarlas en sentido peroyativo.
En el caso
de la Misa, yo no veo que haya manera de exonerar a Paulo VI de una claudicación en la fe, para complacer a
los herejes y establecer su soñado "ecumenismo".



Abusando increíblemente de su autoridadque no ejerce como debe y todo el sano pueblo católico reclama a
gritos
él deja correr las cosas a la chita callando, como si lo hiciera expresamente para que los herejes se
envalentonen cada vez más, las verdades de la fe, incluso las más fundamentales, como la existencia de Dios,
la divinidad de Jesucristo, la autenticidad y divina inspiración de las Sagradas Escrituras etc. etc., se nieguen o
se pongan públicamente en duda, con gravísimo escándalo de todo el pueblo verdaderamente católico, que se
halla confundido, desorientado, perplejo y derrotado y asqueado de tanta lenidad o cobardía o traición o lo que
sea, que Dios lo sabe, sin que a esos herejes se les arroje de la Iglesia, fulminando sobre ellos la excomunión,
el anatema, sobre todo, sabiendo, como se sabe, por confesión propia, como en el caso de Teilhard, que se
quedan dentro de la Iglesia, para demolerla.
¿Quién es, pues, el principal demoledor de la Iglesia, sino el que,
pudiendo y DEBIENDO, con obligación suprema, cumplir los cánones 336, 1325 y 2316, deja que las cosas
sigan corriendo, desmoronándose y perdiéndose la fe, juntamente con las almas?



Nos duele en el alma tener que decir estas cosas; pero las hemos tenido tanto tiempo calladas, nada más por
el respeto religioso que se debe al legítimo Vicario de Cristo, que ya no podemos silenciar más nuestra
conciencia.
PARA MÍ JUAN B. MONTINI NO ES UN LEGÍTIMO PAPA y esta afirmación quizás signifique la salvación de la Iglesia y de la fe de muchas almas.


CONTINUARÁ...

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InHocSignoVinces
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Re: "SEDE VACANTE" del R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga

#228 Message par InHocSignoVinces » mer. 20 mai 2020 20:19

CAPITULO XIV - EL M.R. PEDRO ARRUPE, PREPÓSITO GENERAL DE LA COMPAÑÍA VISITA MÉXICO PARA
INTENSIFICAR LA REVOLUCIÓN LATINOAMERICANA



Estábamos escribiendo estas páginas, cuando tuvimos por la prensa la sensacional noticia de que una vez
más había venido a México el M.R. Pedro Arrupe, S. J., con la aureola, esta vez, de la suprema autoridad del
Instituto Ignaciano, y acompañado por su equipo mayor del P. Asistente, de los PP. Provinciales, de los
escritores y demás incondicionales, que activamente secundan a Su Paternidad, que apostólica y
pastoralmente trata de remediar entuertos y errores cometidos, a partir de su fundador y de su fundación, por
los ínclitos soldados de Ignacio de Loyola.


Esta visita, para cualquiera que conozca a los jesuitas o que se ponga, al menos, a reflexionar sobre un viaje tan
poco usual y sobre los anuncios que le precedieron, la ostentosa publicidad que se le ha dado, las
declaraciones oficiales que, en el aeropuerto primero y en una aula del Centro de Investigación y Acción
Social, fueron después hechas a los representantes de la prensa, tiene forzosamente que originar numerosas
y trascendentales preguntas, cuya respuesta práctica necesariamente ha de afectar no sólo al porvenir y la paz
social del país, sino las estructuras todas de nuestros pueblos latinoamericanos.


¿A qué vino a México el Prepósito General de los Jesuitas? ¿Se trata, por ventura, de atender a la reforma
urgente que la Compañía está exigiendo, no para arreglar los asuntos internos y externos de nuestra patria,
que no le corresponde ni a él, ni a los suyos, ni a los obispos, ni a los clérigos? Supuestas las experiencias de
su viaje y reunión en Río de Janeiro y en Bogotá, ¿qué repercusiones tendrá esta venida no sólo en nuestro país,
sino en toda la América Latina? ¿Hay sinceridad en sus declaraciones, cuando nos habla de las
equivocaciones deplorables, que, en el pasado, cometieron los RR.PP. de la Compañía de Jesús?


El periódico "EXCELSIOR" compendia, en llamativo encabezado, la Conferencia de Prensa, dada por el P.
General, en el Centro de Investigación y Acción Social, que los jesuitas tienen en esta ciudad, al expresar
literalmente la médula de las extensas confidencias que el P. Arrupe tuvo con los periodistas que le rodeaban,
hechos todos oídos, y grababan en cintas magnetofónicas sus palabras: "Si por revolución se entiende un
cambio radical, eso queremos".



Palabras semejantes, en otros tiempos, hubieran levantado ampollas y hubieran justificado la convocación de
una extraordinaria Congregación General de los profesos de la Orden,
para pedir con energía la deposición
inmediata del Prepósito General,
que no tan sólo atentaba contra las cosas substanciales de la Compañía,
sino contra la misma ortodoxia de la Iglesia.
Pero, ahora el P. Arrupe es invulnerable, protegido y respaldado,
como está, por el mismo Papa, ya que no está haciendo otra cosa que cumplir las consignas medulares de
Paulo VI.
Por eso han sido inútiles las protestas que, en todas partes, han hecho sus hijos, los mejores de sus
hijos, los pobres viejos marginados, ignorados, menospreciados, cuya misión actual, como él dijo en Colombia,
es la de tender los rieles, para que corran sobre ellos, las impetuosas juventudes, hechas transformación,
hechas atentado, actos terroristas; hechas negación y ataque descarado contra la misma doctrina inmutable
del Magisterio de la Iglesia.



CONTINUARÁ...

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